Laura Paola Cammarano Ruiz Díaz tiene 47 años. Es hija de Ariel y de Norma. Su papá era albañil y su mamá cocinera en un Jardín. Con orgullo dice: “Mamá fue bombera voluntaria en Sarandí del Yí. No ingresó como efectiva porque en aquel momento era muy difícil que una mujer fuera bombero”. Ambos fallecieron muy jóvenes, con 58 y 59 años.
Por Anabela Prieto Zarza
Es la mamá de Maximiliano Piñeiro, de 19 años, el motor de su existencia desde siempre y por quien se siente muy orgullosa, tanto por los logros que va alcanzando como por el divino ser humano que es.
Nace en Montevideo un 6 de julio de 1979, en el Pereira Rossell, un viernes muy frío, y ya comienzan a acontecer cosas importantes en su vida. A su mamá le roban el bolso con toda la ropa de bebé que había llevado. Por lo tanto, a Paola no tenían con qué vestirla. Pero desde Sarandí del Yí, en taxi, llega su salvadora: la abuela Amanda, con toda la ropa de crochet que le había tejido.
De niña concurre a la Escuela Nº 3 Fernán Silva Valdés, donde fue elegida mejor compañera en sexto año y abanderada de la Bandera de Artigas. Luego hace secundaria, orientación Medicina, en el Liceo Francisco Ríos.
Siempre tuvo la idea de ser militar o policía. Y, en ese contexto, hacer Obstetricia porque le fascinaba el área de la medicina. “De hecho, hoy tengo alrededor de 12 o 13 diplomas en el área de salud mental.”
Se va a Montevideo con una beca que consigue a través de Jorge Hunter, que era director del Banco de Seguros, junto a otros chicos que hoy son reconocidos profesionales de la ciudad de Durazno.
“Jorge termina su mandato en el Banco, yo había ingresado a Facultad de Ciencias Sociales para ser licenciada en Trabajo Social, pero no pude terminar porque esa beca era imprescindible para mí. Mis padres me habían pagado un curso de archivos médicos, participo de un llamado del Ministerio del Interior para el Hospital Policial. La entrevista psicológica daba que mi perfil era para atención al público. Un 26 de diciembre se me notifica que había sido seleccionada para formar parte de las filas de la Dirección Nacional de Migración en Montevideo”.
El 15 de enero de 2003 inicia su carrera policial. Un año después ya pone de manifiesto su compromiso con la institución y recibe un diploma de mérito por la iniciativa de decorar la guardería que se inauguraba, destinada a hijos de funcionarios.
Al año siguiente le ofrecen venir como encargada a Durazno. Ya se comenzaban a expedir permisos de menor, residencias y toda la documentación vinculada a trámites de extranjeros. Comienza a funcionar lo que hoy se llama la Inspectoría de Durazno de Migración. Se radica en Durazno, en la casa de un tío, y trabaja tanto para Migración como para Jefatura de Policía.
En el trabajo conoce a quien sería el papá de su hijo. A los seis meses se casaron y pronto llega a sus vidas Maxi. También llega rápido el divorcio, por lo cual, para tener contención familiar para criar a su hijo, vuelve a Sarandí del Yí.
Comienza a trabajar como mano derecha del encargado del Cuerpo de Bomberos. “Fui la primera mujer sarandiyense presupuestada dentro del Departamento de Bomberos.”
Comienza la lucha por los derechos de los trabajadores cuando inicia una demanda por sus propios derechos. “Gané una demanda a Bomberos por acoso laboral, lo cual tuvo repercusiones a nivel nacional. Entonces paso a cumplir funciones en Identificación Civil, en Sarandí del Yí.”
Su actividad gremial es relevante. Integra el SUPU (Sindicato Único Policial del Uruuguay), donde es electa representante departamental. Como la masa social comenzó a crecer de forma muy importante, en su mayoría perteneciente a Durazno, decidió que tenía que estar cerca de la mayor cantidad de socios para atender sus necesidades. Para ello vuelve a Durazno y se instala dentro de la propia Jefatura de Policía.
“Desde ese momento me dediqué a full a la gestión sindical. Fueron 11 años de muchísimo trabajo, movilizaciones, defensa de los policías, búsqueda de apoyo para los policías durante el COVID.”
Recuerda especialmente la gestión que permitió el ingreso, para Durazno, de 20 jóvenes que habían dado las pruebas de ingreso, pero cuyos cupos estaban previstos para el Este. “Como representante sindical, y con la participación de los asesores legales del SUPU, se hicieron las peticiones legales e ingresaron en Durazno en 2017.”
Trabajó en la Policía Comunitaria, como segunda a cargo, coordinando internaciones de chicos con adicciones. Los diplomas que tiene en salud mental le permitieron trabajar con otra perspectiva en esta área.
“Se hacía a través de la Junta Nacional de Drogas. Participaba de capacitaciones de la Junta, integraba la Junta Departamental de Drogas. De alguna manera incidíamos en las políticas públicas. Trabajábamos estrechamente con Ciudadela. Recuerdo muy especialmente a Mauricio Hernández, que fue un pilar fundamental en ese tema.”
Maxi crece y llega el momento de pensar en su futuro y en sus estudios. Pero otra vez la vida la enfrenta a situaciones extremas. El 1.º de diciembre de 2024 una tormenta vuela los techos de su casa en Sarandí del Yí. Ella y su hijo se refugian en el baño. “Agua, viento, los techos volaban, el ruido era imponente, la electricidad, cables caídos en contacto con el agua. Es realmente de terror; solo quien lo vivió puede entender lo aterrador que es.”
Había que empezar de nuevo, de cero. Reconstruir su casa, su hogar. Vuelve a Sarandí del Yí. Le dan el traslado a la DINAMA (Dirección Nacional de Medidas Alternativas), dependencia que se dedica al control de quienes cumplen medidas alternativas. El área de libertades a prueba impuestas por la Justicia es la que resume su trabajo. Quienes tienen tobilleras son controlados mediante monitoreo; quienes tienen dispuestas medidas alternativas son controlados para verificar que se presenten donde corresponde, cumplan con las tareas comunitarias y permanezcan en sus hogares en los horarios establecidos. En caso de incumplimiento, se informa a la Justicia a los efectos correspondientes. También coordina con el MIDES la internación de chicos con adicciones.
El día de su cumpleaños concerté esta entrevista. Me dijo: “Hoy es un día muy feliz para mí”. Maxi estudia Gastronomía. Ese día estaba rindiendo un parcial, salvando el tercer trimestre. Cumplido el cuarto trimestre accederá a un título terciario en noviembre de este año.
Pero los logros no terminan allí, sino que recién empiezan: en enero de 2027 realizará su pasantía en Maldonado, cocinando para cruceros en Parada 12.
Para los padres, los logros de sus hijos hacen a su felicidad. En el caso de Paola los valora muchísimo más porque, cuando Maxi tenía cuatro años, comenzando en un jardín nuevo, con compañeritos y maestros nuevos, en una ciudad nueva y con sus padres recién separados, es diagnosticado con un posible autismo.
Paola investiga y lleva al niño con especialistas, en especial con la sarandiyense Solange Lacuesta. Se determina que el niño es Asperger, con dificultades de pronunciación y a quien le costaba mantener la mirada fija en otras personas.
“Primero pensé que era una catástrofe que iba a impedir que mi hijo se desarrollara en plenitud, pero después uno va aprendiendo que no es así. La gente tiene que saber que muchos famosos, como Albert Einstein, Nikola Tesla, Elon Musk o Darwin, eran Asperger y tuvieron una vida destacada. Por eso uno, como madre, no debería dejarse asustar por diagnósticos tempranos e investigar, consultar sobre terapias y de qué se trata el trastorno, porque no todos son iguales. Cómo sacar el mejor partido de la personalidad del chico. Maxi tiene muy clara su condición y eso lo fortalece, porque la asume y la supera. Va logrando lo que se propone. Como mamá he tratado de cuidarlo de algunos síntomas que lo molestan mucho, como los ruidos. Pero es un joven respetuoso, amable, con una capacidad de superación muy importante. Se hace querer.”
En sus tiempos libres le encanta atender sus plantas, cortar el césped y sacar los pastitos de las macetas. Dice que es terapéutico, un antiestrés. Le encanta salir a caminar y salir con Maxi porque en ese momento él le cuenta lo que le pasó en la semana.
Continúa participando de capacitaciones tanto en lo policial como en aspectos vinculados a la salud mental y la medicina. Recientemente estuvo dos meses en la Escuela Nacional de Policía.
No se arrepiente, pero se da cuenta de que el tiempo que le dedicó al SUPU se lo restó a su familia. Aprendió y por eso le importa compartir tiempo con su hijo y con su familia. Ya no integra el sindicato policial, pero mantiene una buena relación con sus excompañeros y asesores legales.
Tiene muchos sueños por cumplir, pero el más grande es ver a Maxi cumpliendo el suyo: llegar a ser uno de los mejores cocineros, como él se lo propone. Con eso sería más que feliz y se sentiría satisfecha con la vida.
Considera que está bien perseguir los sueños y las metas, pero que también hay que dar vuelta la mirada y ver a las personas que están siempre: la familia.
“A veces hablamos y procedemos como si fuéramos inmortales, y no nos damos cuenta de que no es así. Perdemos gente querida, ausencias que no se reponen más y tiempo que no podemos recuperar jamás.”
