“Todo lo que tengo y lo que soy lo fui armando con aciertos y con errores, pero sobre todo con muchas ganas de crecer”
Por Anabela Prieto Zarza
Claudia Verónica Lema Montiel, de 53 años, es hija de César, herrero de profesión, y de María Manuela, ama de casa. Su hermana María Mirta es la mayor y su hermano César es menor.
Casada con Julio (Topo) Marcenal desde hace 35 años, es mamá de María Valentina, de 34, y María Giulianna, de 25.
Nació, creció y vive en Durazno. De niña concurrió a la Escuela Nº 1, hizo Secundaria en el Liceo San Luis y quinto y sexto en el Rubino, “que no terminé, pero está en mis planes terminar esas materias que me faltan, porque no me gustan los debes”. Fue mamá muy joven .
Sus primeras experiencias laborales fueron junto a Julio en Hechizos: él en el bar y ella en la ropería. Con eso compraban los pañales para la bebé. Después tuvieron el kiosco de Candilejas, y allí comenzó su faceta emprendedora. Además, “siempre estuve ayudando en el almacén de mi suegro, que se llamaba Provisión Lavalle, ubicado donde ahora tengo el salón”. Durante las siestas y caminatas de su suegro acompañaba a su suegra, pero después de que ella falleció quedaba sola
Cuando se hizo el microcentro, se fue Nossar, el centro murió y el kiosco cerró. Durante dos años consecutivos quiso hacer peluquería y se anotó en la UTU, pero los cursos se llenaban y los cupos no eran suficientes, así que optó por hacerlo de forma particular en la academia Doña Flor, de Mary Peláez.
Le gustaba ser peluquera. Le cortaba el pelo a su madre, a sus hijas y a sí misma. Mientras estudiaba, las amigas de Valentina eran sus modelos. Eran adolescentes y se prestaban. “Pobrecitas, les hacía cualquier cosa”, recuerda entre risas.
Una vez recibida se instaló en una habitación de la casa de familia, con una silla vieja que iban a tirar porque se había partido. La recuperó. Una amiga le prestó un espejo de una cómoda antigua que era de su abuela. Le hizo una repisa. Agregó una silla de cármica del juego de comedor para el lava cabezas, que fue la única compra que hizo. La peluquería se llamó Estilo Beauty, aunque todo el mundo le decía simplemente Beauty.
Nadie la conocía. Se la jugó a que la gente viera que había una peluquería y entrara. “Tuve suerte. Enfrente estaba el laboratorio de CAMEDUR, del Dr. Roca. Venía mucha gente del interior que aprovechaba y cruzaba a la peluquería”.
Esos fueron los comienzos. El crecimiento paulatino y la constancia en el trabajo dieron sus frutos. Fue comprando mejores secadores, tijeras e implementos de trabajo; cambió las sillas, la pileta. Todo lo que iba ganando lo reinvertía. También invirtió en su capacitación y actualización profesional.
En 2010 surgió la posibilidad de ir al Mundial y Congreso de Peluquería en París. Fue el primer congreso al que asistió y lo hizo sacando un préstamo junto a su esposo, “que siempre me da para adelante y me apoya en todo. Él ya trabajaba en la Corte Electoral”.
Esa experiencia le voló la cabeza. Se dio cuenta de que realmente le gustaba, que se podían hacer muchas cosas, que la peluquería era un mundo en el que había que crecer y actualizarse, asistir a cursos. “En aquella época tenías que invertir para ir; ahora, con la tecnología, es más fácil, podés acceder a muchas cosas a través de internet. Pero ir sigue siendo una experiencia invaluable: estás en contacto con todos, volvés con muchas ideas, te estimula a hacer cosas nuevas”.
De hecho, cuando volvió de su primer congreso decidió renovar el local. Se mudó al salón donde antiguamente funcionaba la Provisión. Compró sillas nuevas, lava cabezas todo blanco, incorporó muebles adecuados para un espacio más grande. Anexó el servicio de manos y pies con una chica que la ayudaba. Se fueron agregando nuevos servicios. Estilo Beauty pasó a llamarse solamente Beauty.
Valentina se había recibido de masoterapeuta y comenzó su actividad. Posteriormente se capacitó en maquillaje, tratamientos faciales, lifting de pestañas, laminado de cejas y depilación con hilo. Todo eso se fue anexando al emprendimiento, aunque con el nombre de Ondõ, funcionando en el local que antes ocupaba su madre.
Coexistían con mucha complementariedad y en locales prácticamente contiguos Beauty y Ondõ, pero eran emprendimientos que funcionaban por separado.
“Seguí asistiendo a cursos en el exterior, quería seguir creciendo, y quiero seguir creciendo”. Entonces llegó la gran reforma. La casa de su suegro estaba vacía desde su fallecimiento y allí se acumulaban muchas cosas. Camila Ltaif había participado de las mejoras y la decoración del local la primera vez. “Le planteo lo que quiero, a dónde quiero llegar. Me orientó, diseñó, buscó precios, me ayudó en todo porque se ocupa de todo, está en todos los detalles”.
Así surge Ondõ&Beauty ubicado en Batlle 659 de la ciudad de Durazno. Valentina, desde su juventud, aportó muchas ideas innovadoras que pusieron en práctica.
Giulianna en cambio siguió otro camino distinto a la peluquería, reside y estudia en Montevideo y está incursionando en la estética de uñas.
Actualmente, además de los servicios de peluquería, trabajan en manos, estética de pies, podología, depilación láser con profesionales que vienen de Argentina y tratamientos corporales (HIFU, Body Shape y eliminación de tatuajes). Valentina participa con todos los tratamientos que ella ofrece y cuentan con una maquilladora a la que convocan cuando la necesitan.
Genera dos puestos de trabajo directos, además del suyo y el de su hija, y terceriza muchas actividades, dando la posibilidad de trabajar a otras mujeres. También tuvo un varón trabajando con ella. Lucas fue muy bien recibido por las clientas. Trabajó bárbaro, había estudiado en la UTU, pero estuvo solo un verano porque quería seguir estudiando en Montevideo.
En los primeros días de julio se encuentra en Lima, Perú, participando de un congreso, en esta ocasión acompañada por sus hijas y Tati que es manicurista, como no todo es trabajo muchas veces viaja con Julio para aprovechar a pasear un poco. En marzo estuvo en el Congreso en Alemania, en marzo de 2025 en el de Bolonia, Italia y el 5 y 6 de este mes en el de Lima, Perú. Está muy agradecida con su profesión, que entre otras satisfacciones le ha permitido viajar tanto.
Con poco tiempo libre, reconoce que le gusta leer, pasar tiempo en casa con Julio y con sus hijas. No es muy «amiguera»; se considera más bien solitaria. “Tengo pocas amigas, pero buenas”. No es muy de salir; le gusta quedarse en su casa y disfrutar.
Le gusta mucho viajar. Lo hace por trabajo, pero también por placer, por eso planifica de forma tal que los paseos coincidan con los congresos. Muchas veces va con Julio.
Tiene muchos sueños por cumplir. Contundente afirma que “siempre hay que tener un sueño por cumplir. El día que dejemos de soñar es porque no vamos a estar más en este plano”.
Desea que las mujeres se empoderen, que trabajen, que no dependan de nadie, ni económica ni emocionalmente. “Si están con alguien, que sea porque quieren estar, porque eligen estar, no por necesidad, porque no tienen adónde ir o porque dependen.
Yo les digo siempre a mis hijas: si quieren algo o les gusta alguien, para adelante. Pero si un día no sienten lo mismo, que se puedan ir.
A mí me tocó un compañero divino, que siempre está dándome para adelante. Si se rompe un tornillito, allá está; si quiero algo, me respalda. Yo no interfiero en la política, lo dejo ser. Nos respetamos los espacios y eso es maravilloso.
Capaz que esa fuerte necesidad de independencia se deba a que siempre vi a mi madre tener que pedir dinero para comprarse cualquier cosa y yo no quería eso para mí”.
Y agrega: “Todos quieren ser emprendedores, pero al primer tropiezo abandonan. No abandonen sus sueños, luchen por ellos”.
