Sandra Helizabet Aquino Lencina, de 50 años, es hija de Mercedes y Rovel. Mercedes era oriunda de Salto y su padre, de Rivera. Dice que su madre es “un ángel”. Aún vive en Las Piedras y tiene 86 años. Su padre ya falleció.
Por Anabela Prieto Zarza
Son cuatro hermanos: ella y tres varones. Con uno de ellos, Julio, era melliza. Le pregunto si cree que es cierto aquello de que mellizos y gemelos sienten cosas especiales entre ellos. Me cuenta que está convencida de que se sienten “cosas”. Concretamente, en un cumpleaños recibe la llamada de su mamá para saludarla y ella le dice: “A Julio le pasó algo”. Era un presentimiento. Efectivamente, había tenido un accidente gravísimo contra un camión.
“También me pasó el día que murió. Estaba con él en Montevideo y no quería venirme para Durazno, a pesar de que mis hijos eran chicos. Mamá me insistía en que me viniera a descansar, pero yo sabía que no debía venirme. En Florida me avisan que Julio falleció. Yo sabía.”
Sandra nació en Montevideo y creció en Canelones, concretamente en la ciudad de Las Piedras. De niña concurrió a la Escuela Experimental Nº 205. Secundaria la hizo en el Liceo Manuel Rosé. Cursó hasta quinto año.
Es la mamá de Héctor Raúl, Daniel, Analia y Juan Carlos. Todos independientes, adultos y con su vida hecha.
Proviene de una familia muy humilde. La madre tenía que salir a trabajar para hacerle frente a la olla y a las necesidades familiares, porque el padre no estaba siempre.
“Parecíamos una cuadrilla, cada uno con una herramienta, y nos íbamos con ella a cortar pasto, limpiar terrenos. Cuando tenía seis años iba con mamá a la vendimia. Mamá cortaba racimos y yo le empujaba el cajón a medida que lo iba llenando.”
Trabajó muchos años en actividades de chacra y granja, y también estuvo en la industria frigorífica durante mucho tiempo.
Se había casado con un duraznense, con quien deciden volver e instalarse acá porque él había conseguido trabajo. Se vienen con los niños. En Durazno tenían un criadero de chanchos, criaban ovejas y juntaban cartón.
Siendo chicos sus hijos, queda viuda. Tiene que seguir adelante, enfrentarse a esa realidad y sacar a esos gurises adelante. Vende todo y comienza a trabajar como empleada doméstica y cuidando enfermos.
En determinado momento tiene la posibilidad de entrar a prueba, por tres meses, en la Intendencia de Durazno. Pasado el período de prueba, quedó. Trabaja allí hasta el día de hoy.
En el trabajo conoce a Tony Gandolfo, con quien comparte la vida desde hace diez años. En este momento está abocada a la compra de su vivienda, como todo uruguayo. Para ello, además de su trabajo, hace de todo. Fundamentalmente, compraventa de cualquier cosa, hasta de las más insólitas. Riendo dice: “Compro y vendo figuritas del Mundial y no es la primera vez que lo hago”.
En realidad, le entra a todo lo que pueda comprar y luego poner a la venta. De repente te compra un cuchillo y al rato lo vende. “La cosa es ganar dinero para cumplir con el objetivo.”
En sus tiempos libres le encanta mirar series, películas y descansar. Agrega: “Tomar mate hasta aburrirme, alguna latita de cerveza si se da la chance, reuniones con amigos, comida y la pesca, por supuesto. Aunque no sé nadar, me pongo el chaleco, una lata de cerveza y cualquier cosa alguien me va a rescatar”, dice mientras mira a Tony.
La pesca incluye varios días en el monte, carpa, bote y la cabaña en la isla. Después de la pesca viene la preparación de lo pescado, las empanadas o lo que salga.
La pesca siempre le gustó, pero aprendió lo que era pescar en serio con Tony. Disfrutan de estar en el río, en el medio del agua, del silencio, de los pajaritos, del ruido de la naturaleza. El último fin de año lo pasaron en la cabaña de la isla. “Paz absoluta. No sentías un cohete, nada. Silencio absoluto.”
Es una mujer muy reservada, que ha superado situaciones difíciles. Tiene muchos compañeros de trabajo y de juntadas para compartir comidas, pero de su vida personal no le gusta hablar y, cuando necesita hacerlo, lo hace con su madre.
Es franca y frontal. Parece una mujer dura, pero percibo su sensibilidad, que pone de manifiesto en las actividades que le gustan y cuando habla con contundencia de la sociedad y de los problemas que aquejan a los jóvenes, a las madres y a la familia.
Es socia de ADEOM, pero no participa activamente de las actividades gremiales. No vota ni va a las asambleas. Entiende que ser socia permite tener algún beneficio para los funcionarios municipales.
Su sueño es comprar la casa. Pero tiene una motivación muy importante: “Quiero traer a mi vieja a vivir con nosotros porque tiene 86 años y no hay quien la haga salir de la casa. Antes salía más, pero ahora no hay quien la haga salir. A ella le gusta el jardín, las plantas. Creo que pasaría bien.”
Cree que uno tiene que vivir como puede, darle para adelante y pelearle a la vida, hacerle frente. No hay que achicarse.
“Eso fue lo que nos enseñó mi madre. Esa fortaleza la sacamos de ella, de cuando teníamos que salir a trabajar con ella, porque con eso nos compraban las túnicas, las moñas, la ropa y la comida.”
