Así se percibe Sonia Lilian Godoy, de 43 años. “No soy muy farandulera, soy de barrio, queda feo hablar de uno, ¿viste?”.
Por Anabela Prieto Zarza
Compañera de vida de Fernando Salvador Báez desde hace muchos años y casada con él desde hace 11, es la mamá de Nataly, de 23, y Facundo, de 17 años.
Nació en Durazno. Es hija de Nélida Godoy y de Carlos González. Su papá falleció hace ocho años y su mamá vive de un tambito que le quedó de él. Son 11 hermanos; ella es casi la mayor: tiene un hermano más grande y todos los demás son menores. Además, tiene un montón de sobrinos.
Fue a la Escuela Nº 6 y después a la UTU, donde cursó Técnico Analista en Marketing, Auxiliar Contable y Bachillerato de Administración. Le hubiera gustado ser veterinaria porque se crio entre los bichos que criaba su papá, pero económicamente no se daban las condiciones. Además, era la segunda madre de sus hermanos más chicos.
Se quedó en Durazno, pero no se quedó quieta. Le gustaba la comunicación y la publicidad. Tuvo algunas experiencias laborales haciendo notas para el informativo de Canal 6 y también trabajando con Ernesto Lobelcho. Recuerda un programa en el que participaron unos cuantos jóvenes del INJU, que se llamaba Mirá lo que te digo.
Trabajó mucho tiempo en un programa de investigación sobre el tabaquismo de la Facultad de Ciencias Sociales, en el que se hacía seguimiento a fumadores. También trabajó en el Censo de Población y Viviendas, donde fue jefa de equipos, entre otras actividades.
Recuerda que, siendo chiquita, con siete años, iba a la casa de su abuela, que tenía una radio blanca, y escuchaba el programa de Fernando porque le encantaba. Con Carlitos, su hermano, salían al campo, cantaban canciones de Pimpinela y soñaban con participar del Festival de Play Back que organizaba Fernando en el estadio. Nunca se anotaron.
“Desde que Fernando inició Durazno Digital estamos trabajando juntos. Primero colaboraba con la parte cultural y turística, en la redacción de los textos. De a poco me fui haciendo cargo de lo administrativo y ahora de la programación del sitio web”.
Agrega con modestia, pero también con orgullo por los logros alcanzados: “Durazno Digital fue uno de los primeros en ese formato en todo el país, ya tiene 21 años. Con el tiempo fueron surgiendo otros. La gente no sabía qué era, no entendía cómo se podía trabajar y generar ingresos de esa manera, pero ha sido nuestro medio de vida, se ha consolidado y es fuente de consulta para nuestros lectores, que confían en nosotros, igual que los anunciantes”.
Y continúa: “El crecimiento de nuestro Durazno Digital ha sido reconocido. Recibimos un premio de Google en la época de la pandemia y eso nos impulsa a continuar trabajando. De América nos postulamos unos 8.000 sitios. De Uruguay recibimos esta distinción dos Diarios Digitales”.
https://www.ort.edu.uy/novedades/periodismo-en-tiempos-de-pandemia-101440
Como Fernando había estudiado en la ORT, la universidad publicó el reconocimiento en su página web como uno de los logros de sus alumnos exitosos. Ella hizo toda la postulación. Nunca pensaron que, además, el premio incluiría una compensación económica, ni mucho menos el importe de la misma.
Esta mujer inquieta, durante las caminatas diarias con su esposo, comienza a cuestionarse qué será de ellos con el nido vacío. Nataly está a punto de recibirse de psicóloga y Facu se irá el próximo año a estudiar Ingeniería en Informática. Fernando la estimula a estudiar el próximo año. Y ella, que no precisa mucho impulso, dice: “¿Por qué no este año?”.
Sin decirle a nadie de su familia, ni a sus hermanos ni a su madre, se anota para dar el examen de ingreso a la Facultad de Medicina para cursar la Licenciatura en Oftalmología, que finalmente no tiene que rendir porque las inscripciones no superaron el cupo habilitado.
Considera que es una profesión con un campo laboral muy interesante, en el que puede desarrollarse y crecer, trabajando en todo lo técnico de los estudios oftalmológicos, las rehabilitaciones y la instrumentación en cirugías. No sabía muy bien a qué iba ni de qué se trataba, pero le encanta lo que está haciendo. Lo que más disfruta es que, además de aprender sobre la especialidad, está incorporando conocimientos y vinculándose con un mundo que desconocía, asociado a la medicina.
Le está yendo muy bien. Al momento de esta entrevista rinde parciales con éxito. Del primer semestre tiene dos asignaturas exoneradas de cinco y piensa salvar las tres restantes. Tiene clases virtuales y presenciales obligatorias que la obligan a viajar dos o tres veces por semana.
“Para nosotros es fundamental que los gurises estudien, que sean respetuosos y amorosos. Y ahora, después de 20 años sin estudiar, poder hacerlo me hace sentir muy bien conmigo misma”.
Entre las actividades que realiza en sus tiempos libres están las infaltables caminatas diarias con Fernando y cuidar a sus animalitos: dos loras verdes, dos australianas y a Muffin, “que es mi tercer hijo, un caniche blanco que es enfermito, sufre convulsiones y lo cuido para que dure un poco más con nosotros. Me espera en el escritorio de Fernando hasta que llego”.
Le gusta la carpintería y la construcción. Ha hecho muebles para su casa, construyó la barbacoa y la churrasquera de material. “Me encanta”.
Le encantaría tener una fundación para poder ayudar a otros en sus necesidades básicas: alimentos, abrigo. “El que viene de abajo sabe lo importante que es recibir ayuda y valora darla. No me interesan las cosas materiales ni los viajes, por ejemplo. Dar es algo que me moviliza. De hecho, con lo que tengo hago lo que puedo por los demás”.
Agrega, como diciendo que también se puede dar tiempo y atención: “Me encanta escuchar a la gente. Tengo como un imán para que me cuenten cosas. La gente necesita mucho que la escuchen”.
Cree que en la vida hay que animarse, no seguir los sueños a ciegas, porque a veces los sueños no son buenos. Hay que vivir con alegría, reírse mucho, aunque uno ande mal. Hay que buscar la felicidad y que los golpes sirvan para salir adelante.
Y lo dice con propiedad, porque hace 21 años superó un cáncer de tiroides. Estuvo aislada en Montevideo mientras recibía tratamiento con radioyodo. Su hija era muy chiquita, tenía apenas dos años, y eso fue lo que más la angustió. Pero lo superó y, por eso, hoy sostiene que hay que buscar la felicidad.
