“Nos vestiste 40 años por fuera. Ahora, además, nos vestís por dentro”

Rosario Temesio Acosta es hija de Oliberto Temesio, de 90 años, recientemente fallecido, y de Alba Acosta, de 87 años. Es la mayor de tres hermanos: Raúl, que actualmente vive en Punta del Este, y Sandra, en Estados Unidos. Es mamá de tres hijos: Florencia, Juan Pedro y Faustino.

Sonia Lilian Godoy

Tiene cuatro nietos: Tiziana y Milán, de 11 y 9 años, hijos de Flopy y Lorenzo; y Alba y Lorenzo, de 8 y 4 años, hijos de Faustino. “Los más grandes son americanos, pero la vida quiso que ahora estén todos en Durazno, cerca de mí”. Casada con Gonzalo Abi Rached, a sus 65 años se siente plena y disfruta de lo que ha logrado en familia.

Su infancia transcurre en Durazno. Asiste a la Escuela Nº 2 y al Liceo Inmaculada Concepción. Quinto de liceo lo cursa en Atlántida y sexto en Minas. A su padre, que era capataz de plantas asfálticas, lo trasladaban con frecuencia y la familia se trasladaba junto a él.

Alba, la mamá de Rosario, instala una casa de electricidad en Durazno con el nombre de Temesio. Trabajaron muchos años en la ciudad hasta que se trasladaron a Maldonado, donde el comercio funcionó hasta hace siete años, cuando Alba se jubiló.

La veta emprendedora de Rosario, el desafío de asumir riesgos y la audacia comercial comenzaron a manifestarse a sus jóvenes 14 años. No porque lo necesitara económicamente, sino porque sentía la necesidad de tener y hacer lo suyo. Con una máquina de coser de su abuela confeccionaba y vendía carteras capitoné. Eran la última moda, pero ella se encargaba de comprar telas con diferentes motivos, cuadritos, florcitas y adornarlas con accesorios originales. Quería que todas sus carteras fueran diferentes. Eso ya marcaba lo que sería su estilo a lo largo de su vida empresarial: la originalidad, no solo en las prendas, sino también en el modelo comercial.

A los 17 años compraba en Montevideo los famosos buzos marca Lindsay y los vendía en Durazno, recorriendo empresas, oficinas, bancos y casas particulares con enormes bolsas y en su moto.

Sus padres querían que estudiara, por lo tanto partió a Montevideo, donde estuvo dos años cursando Odontología. Sin embargo, todos los fines de semana volvía a Durazno para dedicarse a sus ventas. Extrañaba tanto que finalmente regresó. Fue una decisión que le costó mucho tomar, pero de la que hoy no se arrepiente.

Tenía que trabajar. Comenzó como empleada en la empresa de López Cabana, donde arreglaban máquinas de escribir y vendían rollos para registradoras, entre otros productos. No pasó mucho tiempo antes de que Rosario le pidiera al dueño permiso para instalar allí su venta de buzos.

Ese fue el comienzo de su actividad comercial instalada en un local. Nace Flopy y luego Juan Pedro, que fallece poco después de nacer. A los tres meses, “no sé si en búsqueda de algo que me ayudara a superar la tristeza que tenía, instalé Keep’s Boutique, que fue un hijo comercial y que en diciembre cumple 40 años”. Después vino Faustino.

Embarazada de Juan Pedro, en San Pablo vio un local que tenía el nombre Keep’s. Entró y le preguntó a la dueña el significado porque le gustó mucho. La respuesta también le gustó: “La interpretación de esa palabra es subir, crecer y mantener. Y es lo que he hecho en mi vida”.

Cuando recién abrió el local tuvo ofertas interesantes de trabajo, entre ellas la de encargada regional de una importante firma. Pidió tiempo para pensarlo y optó por seguir con Keep’s.

“El local siempre fue lo que me mantuvo, económica y emocionalmente, en las distintas etapas que la vida nos presenta”.

La crisis económica de 2002 para Rosario fue una oportunidad. Fue entonces cuando se mudó a la esquina donde sigue hasta hoy. Era una idea que venía pensando desde hacía tiempo y aprovechó el momento para concretarla.

Siempre fue innovadora. Buscaba estrategias que nadie explotaba. Por ejemplo, los desfiles de moda. La forma en que surgieron demuestra la audacia que la caracteriza. En una Expo de la Rural, Rosario estaba instalada con un stand porque hacía de todo para progresar. Entonces alguien le propuso organizar algo para la tarde.

Y lo hizo. Organizó el primer desfile de modas con chicas de Durazno. Optó por trabajar con jóvenes del medio porque quería que su ropa la lucieran chicas que realmente pudieran usarla. De ahí en más no paró. Viajó a localidades del interior del departamento y llegó a tener dos locales más: uno en Cardona y otro en Trinidad. Después instauró los desfiles para grandes donde participaban señoras junto con las chicas. “Fue increíble, señoras grandes de Durazno se animaron a salir junto con las chicas”.

Siempre ha desarrollado su espíritu solidario, apoyando a institutos educativos, gestiones de ayuda a Leones, Rotarios, INAU, Escuelas, liceos, centros deportivos. Los desfiles siempre fueron a beneficio de alguna institución.

“Tenía el ojo adiestrado para ver lo que se venía. Fui muy intuitiva y siempre estuve un paso adelante. Además, siempre fui muy trabajadora. Los 24 de diciembre estaba hasta las doce de la noche en el local. Siempre estuve al frente del negocio, generé confianza en mis clientes y en los proveedores. Traje todas las marcas existentes en el mercado. Tuve clientes de todas las clases sociales y de todas las edades. Todas podían comprar y a todas las atendía en forma personalizada.

Sonia Lilian Godoy