Feliz, independiente pero acompañada, disfrutando de una de las mejores etapas de su vida
Alicia Lilian de Souza Cor, de 67 años, es hija de Cata y Bocha, hermana de Pucho y Chelin. Casada con Julio César, conocido por “El Gato”, es mamá de Rodrigo, Rafael y María José, además de amorosa abuela de Lautaro, Benjamín, Sebastián, Salvador y Catalina. Dice que ser abuela es lo que más la identifica. Forman también su familia sus nueras y yerno, Carla, Pri y Alexis, y se declara orgullosa tía de Nacho, Javier, Valeria y Natalia. Abuela del corazón de Martina, Valentín, Sol, Maximiliano y Juan.
Por Anabela Prieto Zarza
Nació, creció y vivió toda su vida en Durazno. Cursó primaria en la Escuela Nº 2 y secundaria y bachillerato en el Rubino. Gracias a una beca por escolaridad estudió inglés en el Anglo, algo que más adelante tendría un gran valor en su vida.
Hija de una familia muy humilde, pero de padres trabajadores que se preocupaban profundamente por la educación de sus hijos porque, según les decían, era la única herencia que podían dejarles, creció rodeada de libros, diarios y radio, en la que se escuchaba música, radioteatros e informativos. No había televisión ni muchos electrodomésticos, pero sí información, cultura y conversaciones.
“Sin conocimientos de neurociencias ni de la importancia de las emociones, nos enseñaron solidaridad, empatía y respeto. Estábamos muy vinculados a los libros y a la imprenta. Mi tío Abel era dueño de la Librería El Progreso y mi padre era tipógrafo de la Imprenta ERF”.
Recuerda a su padre como una persona muy informada y con quien tuvo un vínculo especial. “Era mi amigo, mi compañero. Siempre le dio naturalmente a la mujer el lugar que le corresponde. Fue un adelantado”. Hoy reconoce que muchas de sus convicciones respecto al rol de la mujer nacieron de aquello que vivió en su propia casa y que luego transmitió a sus hijos de manera natural.
A los 15 años conoció al Gato, entonces jugador de fútbol de cuarta división. “Mi padre estaba muy vinculado al fútbol y en la Librería El Progreso se formó el cuadro del mismo nombre, que fue una gran familia donde nacieron muchas parejas”.
Se pusieron de novios cuando ella tenía 17 años. A los 19 se anotó para casarse y a los 20 concretó ese sueño. “Fue mi pase a la independencia. Nos casamos con muy poco y yo daba clases particulares de inglés. Mirando hacia atrás, nos salió bien. Formamos una familia hermosa, consolidada y con valores”.
Al terminar bachillerato, irse a Montevideo no era una opción. Las limitaciones económicas y las costumbres de la época pesaban mucho. “No me dejaban salir ni a la esquina. Los límites estaban muy marcados, era la hija mujer de mi mamá”.
En su casa la imaginaban como maestra porque siempre ayudaba a sus primos con el estudio, pero ella sentía interés por la investigación. De haber tenido la posibilidad de radicarse en Montevideo, habría estudiado Medicina. Cursó un año de Magisterio y otro de Profesorado de Literatura, aunque no completó ninguna de las dos carreras.
“Mi generación fue una generación muy buena, de la que salieron muchos profesionales. Muchos tuvimos la oportunidad de concursar e ingresar a organismos públicos”.
Así llegó a la Intendencia de Durazno. Para su suerte, no fue destinada al edificio central sino a la Biblioteca, donde encajaba perfectamente con el perfil buscado por la bibliotecóloga Marta Nogueira. Tenía formación en literatura e inglés y una enorme disposición para aprender.
Por aquellos años, además, sus tres hijos habían nacido prematuros y requerían una atención especial, en todo sentido. Cuando los chicos estaban en edad escolar, por los años 90 ingresa en Secundaria como docente de Ingles.
Cuando ingresó a la Biblioteca ni siquiera sabía que existía la carrera de Bibliotecología. “La cursé a los 40 años. Marta me trató como si fuera su hija y me dio todas las oportunidades”.
Desarrolló allí gran parte de su carrera, ascendió dentro del escalafón municipal, y en 1994 cuando Marta se jubila es designada Jefe cargo que ocupó en forma permanente. Posteriormente llegó a ser designada Coordinadora Departamental de Cultura. Muchas veces recuerda una frase atribuida a Borges sobre hacer de la vida un paraíso dentro de una biblioteca.
“Gracias a la Biblioteca conocí gente maravillosa, viajé por todo el país, fui al exterior, integré el Órgano de Coordinación General, estudié la carrera y participé en proyectos que marcaron mi vida”.
Entre ellos destaca la creación de la Feria del Libro de Durazno. Esa experiencia fue la que posteriormente llevó a AEBU a convocarla para colaborar en una actividad cultural alternativa cuando se pensaba que la Feria no se realizaría. Finalmente, ambas iniciativas coexistieron y así nació Cuenta Cultura, evento que continúa realizándose y que hoy alcanza su décima edición.
Luego de 35 años en la Intendencia surgió la posibilidad de ocupar un cargo como Profesora Orientadora Bibliográfica en Secundaria. Aunque significaba mejores condiciones laborales, la decisión no fue sencilla.
Intentó reducir su carga horaria en la Intendencia para mantener ambos espacios, pero no obtuvo respuesta. Con cierta tristeza dejó atrás una institución a la que había dedicado gran parte de su vida. Hoy está convencida de que nada fue casual.
Durante su carrera había cursado Museología como materia optativa. Presentó su currículum y fue designada en la Sala de Arte Eduardo González Pose.
“Fue la culminación perfecta de mi carrera laboral. Fui feliz, nació mi primer nieto y alcancé un nivel de ingresos que repercutió favorablemente en mi jubilación y en mi calidad de vida actual. Todo se dio de la mejor manera, a pesar de un quebranto importante de salud”.
En 2020 decidió retirarse de la actividad laboral. El proceso no fue sencillo. A los cambios propios de la jubilación, al quebranto de salud sufrido en 2019, se sumó un osteoma en las vértebras del cuello que, aunque resultó benigno, significó un antes y un después.
Se enfrentó entonces a una elección: resignarse a convivir con las secuelas físicas o buscar alternativas para recuperarse.
No podía practicar yoga, por lo que conoció el Chi Kung y comenzó a ejercitarlo inicialmente como una herramienta de sanación. Poco a poco descubrió que aquello era mucho más que una práctica física y empezó un camino de formación personal que la llevó también a estudiar bioneuroemoción, física cuántica, biodecodificación, programación neurolingüística, mindfulness, constelaciones familiares y registros akáshicos.
Tiempo después, Fernando Hening le propuso impartir clases de Chi Kung a un pequeño grupo en el CIB Plaza Uno. “Empecé con la intención de ayudar a otras personas. Éramos diez. Hoy en el CIB participan más de sesenta personas y en MAPEP más de cuarenta”.
Encontró allí una nueva vocación. “Me encanta lo que hago. Lo disfruto muchísimo. Me hace bien a mí y también a mucha gente. Contribuye a quererse más, a encontrar paz interior, a sanar desde adentro y a poner en armonía el cuerpo y el alma”.
A Alicia le gusta el mar, el sonido de las olas y la inmensidad de la playa, aunque reconoce que “el Yí tiene lo suyo también”. Le encanta viajar, leer, disfrutar del cine y el teatro, y seguir programas de entretenimiento y trivias.
Sin embargo, nada la hace más feliz que compartir tiempo con sus hijos y sus nietos, que viven todos en Durazno.
También recuerda con orgullo su intensa participación en la Comisión de COVINUVI. “Tuve la dicha de ser presidenta cuando nos entregaron los títulos”.
Cree que todos tenemos sueños por cumplir. A veces no son grandes metas, sino pequeños anhelos que llenan el alma.
“Uno de mis sueños era vacacionar con mis hijos y mis nietos, todos juntos, y lo logramos. Recibimos el año en familia”.
Esa experiencia reforzó una enseñanza que hoy guía su vida: vivir el presente.
“Aprendí a no proyectar tanto. Mis deseos tienen que ver con el bienestar de mis hijos, sus trabajos, sus proyectos y, por supuesto, con poder disfrutar mucho más tiempo de mis nietos”.
Recientemente incursionó en la escritura y es autora de “Bendita Coincidencia”, texto incluido en el libro Gratitud, Mortadela y Queso Danbo para el Alma. El mismo fue una edición colectiva de experiencias relativas a viviencias en Plaza Uno.
Considera fundamental aprender a vivir en el hoy, mirar hacia adentro, quererse, perdonarse y encontrar la paz. Cree en la importancia de confiar en la vida, escuchar las señales y buscar las herramientas necesarias para afrontar cada desafío. Está convencida de que siempre existen caminos para transitar las dificultades de la mejor manera posible y que nadie puede hacer por nosotros aquello que nos corresponde hacer.
Con la serenidad que dan los años, la experiencia y el aprendizaje, concluye diciendo:
“HACER LO QUE TE GUSTA ES LIBERTAD Y QUE TE GUSTE LO QUE HACES ES FELICIDAD”.
