La tuberculosis en el sistema penitenciario, el reciente caso de meningitis registrado en Durazno, la vacunación como principal herramienta de prevención y el aumento de las enfermedades respiratorias durante el invierno fueron algunos de los temas abordados por el director departamental de Salud, Carlos Souza, en entrevista con Página Cero. Además de explicar los protocolos que se aplican ante enfermedades de notificación obligatoria, llamó a mantener las medidas de prevención y a cumplir con los esquemas de vacunación.
—Bueno, Carlos, muchísimas gracias por recibirnos acá en la Dirección Departamental de Salud. Teníamos interés en conversar contigo sobre varios temas vinculados a la salud. Para comenzar, hablemos de tuberculosis. ¿Cómo está Durazno? ¿Cuál es la realidad hoy, tomando en cuenta que sabemos que hubo casos en el INR y que, evidentemente, se han tomado las medidas pertinentes?
—Sí, es así, Estela. Muchas gracias por la entrevista.
Ha habido algunos casos a nivel local, en la Unidad 18, pero están todos tratados. Existe un protocolo para todas las personas privadas de libertad que ingresan. A todas se les realizan los estudios correspondientes para detectar este tipo de enfermedades, además de otras, porque así lo establecen los protocolos.
Una vez diagnosticados, los pacientes con tuberculosis son trasladados para recibir el tratamiento correspondiente hasta que dejan de contagiar. Una vez que ya no contagian, vuelven a la unidad.
Esta información es reciente porque justamente se detectó un caso a través del trabajo que se realiza en Durazno. Desde Mercedes nos dieron aviso y, automáticamente, se activó el protocolo correspondiente.
—La realidad del INR, tomando en cuenta que la unidad tuvo que ser cerrada porque la capacidad estaba colmada y justamente se procura evitar el hacinamiento, ¿cuál es la situación hoy?
—Específicamente no sabría decir cuántas personas privadas de libertad hay en este momento. Pero, yendo al tema de la tuberculosis, es una enfermedad que se desarrolla principalmente donde existe una alta densidad poblacional. Durazno, por suerte, no tiene esa característica; sí la tienen Montevideo y otras grandes ciudades.
Las unidades carcelarias, en todo el mundo, constituyen una reserva importante de este tipo de enfermedades. Es donde las personas permanecen más juntas y existe mayor hacinamiento. Las cifras internacionales indican que entre el 40 % y el 60 % de los casos se concentran en este tipo de instituciones.
Por eso existen protocolos específicos. No a cualquier persona que ingresa a una institución se le realizan estos estudios; se hacen justamente porque son lugares donde existe mayor hacinamiento y donde las personas presentan una mayor complejidad desde el punto de vista sanitario.
—Al tener el espacio restringido y un contacto tan estrecho, la enfermedad puede propagarse con mayor rapidez.
—Exactamente. Todo lo que la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa considera un contacto es estudiado. Y cuando hablamos de contacto no nos referimos a alguien con quien uno conversa unos minutos, sino a personas que permanecen durante determinado tiempo en un ambiente cerrado y sin ventilación.
Los contactos son aislados, estudiados y, si corresponde, reciben tratamiento. Incluso, algunos reciben tratamiento preventivo aunque no hayan desarrollado la enfermedad.
—Paso a otro tema porque, por ahora, los casos permanecen contenidos en el INR.
—Sí. También hay casos aislados fuera del sistema penitenciario. El año pasado, en conjunto con el MIDES, se realizaron pesquisas entre personas en situación de calle y se detectó un caso de tuberculosis. Esa persona fue tratada y posteriormente continuó el tratamiento con el acompañamiento correspondiente.
—Paso a otro tema que también preocupa y tiene que ver con la meningitis. En Montevideo se han registrado casos y Durazno tampoco ha quedado al margen. También hubo un caso.
—Sí, hubo un caso hace unos meses y, por suerte, todo terminó bien. Se activó el protocolo correspondiente en la escuela. Era un niño que se asistía en Camedur y, debido a la gravedad del cuadro, fue derivado para continuar el tratamiento. No se trató solamente de una meningitis, sino de una meningoencefalitis con compromiso encefálico. Era un niño que, por su edad, no estaba comprendido dentro del esquema de vacunación.
Fue tratado con antibióticos en Cepremi, en Canelones, y se aplicó todo el protocolo dispuesto por el Ministerio de Salud Pública, incluyendo la quimioprofilaxis de los contactos, que comprendían docentes, alumnos y familiares.
—¿Toda la escuela?
—No. Solamente los contactos definidos por el protocolo: compañeros, docentes y las personas que convivían o mantenían un contacto estrecho con el niño. Por suerte, el caso quedó aislado, nadie más presentó síntomas y fue el único registrado en Durazno.
—¿Debemos preocuparnos?
—Sí, por supuesto. Debemos preocuparnos por la meningitis y también por la gripe, porque estamos atravesando un período con muchas neumonías. Debemos preocuparnos, pero no estamos en alerta. Fue un caso aislado y, por suerte, quedó controlado.
Hay muchas formas de prevenir estas enfermedades. Una de las más importantes es la vacunación. Desde junio del año pasado se incorporó al esquema nacional la vacuna contra el meningococo.
Los niños reciben tres dosis: a los dos, cuatro y doce meses de edad. Luego, a los once años, reciben un refuerzo contra otras cepas de meningococo.
—¿Qué ocurre con quienes quedaron fuera de ese esquema?
—En esos casos la vacuna continúa existiendo, pero no es gratuita. Hasta el año pasado todas eran de pago. Hoy existe un grupo de niños que accede gratuitamente según la edad establecida por el Ministerio.
Los pediatras recomiendan vacunarse. Es una inversión y, para mí, la mejor inversión es vacunarse.
—Hay dos tipos de meningitis: la bacteriana y la viral.
—Exactamente. La vacuna protege contra la meningitis bacteriana producida por el meningococo. Las meningitis virales no tienen una vacuna específica. En este caso, el niño presentó una infección por meningococo y, afortunadamente, evolucionó favorablemente, sin secuelas, aunque requirió un tratamiento prolongado.
—No estamos hablando de una enfermedad común. El hecho de que usted destaque que el niño quedó sin secuelas demuestra que pueden existir consecuencias importantes.
—Puede ser mortal, por supuesto. Y, cuando la persona sobrevive, puede dejar secuelas, sobre todo neurológicas: focos epilépticos, alteraciones en el habla u otras consecuencias, dependiendo de la zona del encéfalo que haya sido afectada.
También puede dejar secuelas a nivel pulmonar. El meningococo se transmite por vía respiratoria, por lo que el primer contacto de la bacteria es con el aparato respiratorio. Puede provocar empiemas, es decir, acumulaciones de pus entre la pleura y el pulmón, que requieren drenaje.
—Estamos hablando también de una afectación de la pleura.
—Exactamente. En el caso de este niño hubo compromiso pleural y pulmonar, pero afortunadamente evolucionó bien y hoy no presenta secuelas.
—A nivel nacional todavía no podemos hablar de un foco epidémico.
—No. Hay casos, pero no estamos frente a una epidemia. Me interesa aprovechar para que los padres conozcan cuáles son los síntomas que deben generar una consulta inmediata.
—¿Qué síntomas iniciales debemos tener en cuenta?
—En la meningitis, los principales síntomas son fiebre y un intenso dolor de cabeza. La persona presenta un cuadro infeccioso importante, con dolores musculares y articulares muy marcados. En etapas más avanzadas pueden aparecer convulsiones, vómitos en chorro —que son vómitos sin náuseas previas— y otros signos vinculados al compromiso del sistema nervioso.
Como se trata de una enfermedad que ingresa por vía respiratoria, los primeros síntomas también pueden ser respiratorios. Además, el meningococo puede manifestarse en la piel mediante lesiones características, como la púrpura.
—O sea que no siempre hay que esperar que aparezcan todos los síntomas.
—Exactamente. La forma en que se presenta depende de cada persona, de sus defensas naturales y también de si recibió la vacuna, porque quien está vacunado cuenta con una protección adicional. Todo eso influye en cómo evoluciona la enfermedad.
—Existe una maniobra clínica muy conocida relacionada con la rigidez del cuello. ¿Sigue siendo válida?
—Sí. La rigidez de nuca continúa siendo un signo clínico importante, pero siempre debe ser evaluada por un médico. Cuando el paciente no puede flexionar el cuello hasta acercar el mentón al tórax, es un elemento que orienta al diagnóstico, aunque por sí solo no lo confirma. Es un signo que lleva a solicitar otros estudios.
—Para confirmar el diagnóstico es necesario realizar una punción lumbar. A través de ese estudio se obtiene el líquido cefalorraquídeo y se analiza si presenta las características compatibles con una meningitis. También permite identificar el germen responsable y determinar a qué antibióticos es sensible.
Cuando existe una sospecha de meningitis, las muestras se envían al Ministerio de Salud Pública, donde se realizan los estudios correspondientes para confirmar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado.
Además, se trata de una enfermedad de notificación obligatoria. Eso significa que no se espera la confirmación definitiva para informar el caso, sino que la comunicación al Ministerio se realiza desde el momento de la sospecha, porque inmediatamente deben activarse todos los protocolos de actuación.
En este caso el protocolo funcionó correctamente. También se han registrado casos en otros departamentos, no solamente en Montevideo. Sin embargo, desde el punto de vista epidemiológico todavía no podemos hablar de una epidemia. Lo mismo ocurre con la gripe: estamos viendo muchos casos y también muchas neumonías propias de esta época del año.
Por eso seguimos insistiendo en la vacunación. Tenemos, por ejemplo, un debe con las embarazadas. Entre las 32 y las 36 semanas de gestación deben vacunarse contra el virus sincicial respiratorio. De esa forma están protegiendo a los recién nacidos durante sus primeros seis a ocho meses de vida.
Los bebés nacen sin inmunidad y esa protección se la transmite la madre. Además de los cuidados habituales, de la lactancia materna y de protegerlos del frío, también es fundamental que la madre se vacune.
Lo mismo ocurre con el padre y con todas las personas que conviven con el recién nacido, porque pueden transmitir enfermedades respiratorias que, en los bebés, pueden tener una evolución grave.
—También ocurre con enfermedades como el sarampión.
—Exactamente. El sarampión forma parte del esquema nacional de vacunación. Hoy la gente viaja mucho más que antes y eso implica también el ingreso de virus y otras enfermedades desde distintos países.
Por eso, antes de viajar, es importante verificar que el esquema de vacunación esté completo. Las personas nacidas a partir de 1969 deben contar con dos dosis de la vacuna contra el sarampión. Si tienen dudas, pueden consultar en cualquier vacunatorio, público o privado, donde se verifica el esquema y, si corresponde, se administra la dosis faltante antes del viaje.
¿podemos adelantar algo sobre el trabajo que se está realizando en la unidad local de Seguridad Vial?
—Es muy poco lo que puedo decir porque recién comenzó a funcionar hace aproximadamente un mes. Estamos en una etapa de formación, reuniéndonos, recopilando información y organizando el trabajo. La idea es que, a partir del mes próximo, podamos comenzar a desarrollar un programa departamental para lo que resta del año.
—La idea de estas unidades locales es trabajar sobre un eje común, no solamente en los centros educativos, sino también en toda la comunidad.
—Exactamente. Es un eje común con muchas áreas de trabajo. Se apunta a la promoción de la seguridad vial y a la prevención de los siniestros de tránsito.
Recordemos que Durazno registra un número importante de siniestros en la vía pública. La mayoría involucra a personas jóvenes. Existe una alta mortalidad y, entre quienes sobreviven, muchos quedan con secuelas importantes.
Los casos más frecuentes corresponden a varones jóvenes que circulan en moto y, muchas veces, sin casco. Después podemos analizar los distintos factores que influyen en esa realidad, pero lo cierto es que debemos trabajar mucho en prevención.
Estamos hablando de personas que tienen muchos años de vida por delante y que, cuando sobreviven, en muchos casos quedan con secuelas permanentes. Eso tiene un enorme impacto en su vida personal, familiar, laboral y también para todo el sistema de salud.
—Seguramente volveremos a conversar sobre ese tema más adelante.
—Estamos a las órdenes.


