Marcelo Casacuberta: para preservar, primero hay que conocer

Las imágenes de Marcelo Casacuberta invitan a mirar la naturaleza desde otro lugar: no como un paisaje, sino como un patrimonio vivo que merece ser conocido. En esta columna recorremos la filosofía de trabajo de uno de los referentes de la fotografía de fauna en Uruguay y descubrimos cómo el conocimiento, la paciencia y el respeto se convierten en herramientas fundamentales para la conservación.

Marcelo Casacuberta suele resumir su forma de entender la naturaleza con una frase sencilla y contundente: “Para preservar, primero hay que conocer”. En esa idea se cruzan varias zonas de su vida: la fotografía, el fotoperiodismo, la ciencia, la divulgación y la conservación.

Nacido en Montevideo en 1965, Casacuberta se interesó desde joven por los animales y por el comportamiento de las especies. Antes de dedicarse plenamente a la fotografía, inició estudios de Biología y llegó a imaginar un camino vinculado a la etología, disciplina que estudia la conducta animal. Ese dato no es menor: permite entender que su mirada sobre la naturaleza no nace solamente desde la imagen, sino también desde la curiosidad por comprender cómo viven, se adaptan y se relacionan los seres que habitan un ecosistema.

Durante buena parte de su trayectoria profesional trabajó en prensa. Fueron diecisiete años de fotoperiodismo en medios uruguayos como El Observador y La República, además de colaboraciones con revistas y publicaciones nacionales. Esa etapa le dio oficio, disciplina documental y una relación directa con la narración visual. Pero con el tiempo su trabajo fue encontrando un territorio propio en la fotografía de fauna y naturaleza, donde pudo unir dos intereses que lo acompañaban desde temprano: observar el mundo natural y compartir ese conocimiento con otros.

En Casacuberta, la fotografía de naturaleza no aparece como una búsqueda de imágenes agradables ni como una simple acumulación de especies. Su trabajo parte de la observación, del estudio previo y del respeto por los tiempos de cada ambiente. Fotografiar una especie implica conocer sus hábitos, sus horarios, su conducta, el espacio donde vive y las relaciones que establece con el entorno. Por eso, muchas de sus imágenes no se limitan a mostrar animales: permiten leer comportamientos, advertir vínculos y reconocer la complejidad de una biodiversidad que suele pasar inadvertida.

Esa forma de trabajo lo ha convertido en uno de los referentes uruguayos en fotografía de fauna. Sus imágenes han abordado aves, mamíferos, reptiles, anfibios, arácnidos, insectos y distintos ecosistemas del país, desde costas, montes, praderas y bañados hasta zonas urbanas donde también existe vida silvestre. En ese recorrido, la naturaleza deja de aparecer como un paisaje decorativo y pasa a ocupar otro lugar: el de un patrimonio vivo que también forma parte de la identidad del Uruguay.

Su obra no se agota en la fotografía fija. Casacuberta también ha desarrollado una extensa labor como documentalista, realizador audiovisual, guionista y divulgador. Participó en proyectos como Buscabichos, Fauna de Montevideo, Río de los Pájaros Pintados, Arácnidos del Uruguay, Ciencia Salvaje y otras producciones vinculadas a la fauna, la ciencia y la cultura. También es cofundador de De la Raíz Films, productora orientada a contenidos sobre naturaleza, fauna, ciencia y patrimonio.

En el terreno editorial, su trabajo aparece vinculado a publicaciones de divulgación científica y naturaleza. Entre ellas se destaca Bitácoras: fotografías y relatos de fauna del Uruguay, publicado en 2019, donde reúne imágenes y relatos sobre especies del país. También ha participado como fotógrafo en otras obras vinculadas a la fauna y la ciencia, ampliando el alcance de su mirada más allá de las exposiciones o los medios audiovisuales.

Uno de los conceptos más fuertes de su recorrido aparece en proyectos como Patrimonio Salvaje, muestra que propone pensar la fauna, la flora y los paisajes como parte del patrimonio del país. Esa idea resulta especialmente valiosa porque desplaza la noción de patrimonio más allá de los edificios, los monumentos o los documentos históricos. También hay patrimonio en un bañado, en un monte nativo, en una especie que sobrevive en silencio o en un comportamiento animal que casi nadie llega a observar.

Por eso, el trabajo de Marcelo Casacuberta ocupa un lugar particular dentro de la fotografía uruguaya. No se trata solamente de producir buenas imágenes, sino de construir conocimiento visual sobre la naturaleza. Su obra ayuda a mirar de otra manera aquello que muchas veces está cerca, pero permanece fuera de nuestra atención cotidiana.

En tiempos de transformación acelerada del territorio, su trayectoria recuerda que la conservación no empieza únicamente con leyes, reservas o campañas. Empieza también con una forma de atención. Con la posibilidad de reconocer lo que existe, comprender su valor y asumir que la biodiversidad no es un asunto lejano, sino parte concreta de la vida del país.

“Para preservar, primero hay que conocer” no funciona entonces como una frase aislada, sino como una síntesis de su trabajo. En Marcelo Casacuberta, la fotografía es una herramienta para acercar la naturaleza al público, despertar curiosidad y dejar testimonio de un patrimonio natural que necesita ser visto, comprendido y protegido.