De las expresiones de mayor contenido cultual se destaca el arte teatral, una de cuyas características es que refleja a través de las épocas, los problemas mortales, y es vía de expresión de inquietudes espirituales de la compleja sociedad humana.
Por Saúl Moisés Piña
La inspiración de autores, ha sido plasmada en obras, las ideas y angustias de su tiempo, perdurando los argumentos y las palabras dirigidas a promover el perfeccionamiento de la belleza y el sentido de la fraternidad. La aventura humana es un misterio cuyo velo apenas ha sido descubierto y, además de ser eterna se presta para el juego escénico y representado y trasmitido, es labor de mérito y de utilidad social. Durazno tiene una vinculación de gloria con ciudadanos que han tenido una destacada actividad con el arte teatral como: Rosina Sosa Galó, una mujer de profunda sensibilidad, de duro carácter pero de dulce corazón. Su vida fue el teatro, logrando destaque como actriz y directora, actividades que ejerció con elevada profesionalidad y compromiso. Fue pilar fundamental en la fundación del Pequeño Teatro de Durazno el 18 de junio de 1961. Recordar que logró concretar, su gran sueño: la sala propia, la que fue inaugurada el 10 de mayo de 1977. En dicha instancia Rosina expresaba: “Los recibimos aquí porque el Pequeño Teatro es templo de la palabra y porque las verdades de la Humanidad, se han dicho mejor desde los escenarios. Las mentiras de la Humanidad, por desgracia se dicen debajo del escenario”.
Tengo el grato recuerdo de haber integrado el elenco, y la memoria de Rosina permanece con fuerza y vigor. Aquella etapa de mi vida fue de enriquecimiento espiritual, motivando la cultura del compromiso, la fraternidad y el valor del trabajo en equipo. Cumplíamos una intensa actividad en nuestra ciudad, el interior del departamento, en Montevideo y también en Brasil. .-El Pequeño Teatro ha sido en estos sesenta y cinco años, crisol de cultura, reflejo del pensamiento y de los modos de sentir, de los diversos sectores del pueblo.
Luego de este tiempo la institución sigue vigente en la remozada sala que con total justicia lleva el nombre de “Rosina Sosa”, quien falleció en octubre de 1992. En el acto del sepelio, el recordado Maestro Jorge Echenique Flores decía:” Ella andaba sola por los caminos de la vida y encontró en su sendero dos máscaras: una alegre y otra triste. Ella recogió las máscaras y se las puso para cubrir su soledad. Yo sé que muchas veces, cuando la gente veía la máscara de risa, la mejilla en su rostro verdadero, brillaba con una lágrima. Yo sé que muchas veces cuando la gente veía la máscara triste, su rostro estaba resplandeciente y feliz “.
Rosina descansa en el cementerio local a tan solo tres metros de otro grande del teatro: Orlando Aldama. Todo un símbolo que asegura que en las noches cuando el silencio se acompaña con el susurro de los cipreses, se establecerá un diálogo, pletórico de recuerdos y, seguramente, hasta de proyectos futuros.
