Beatriz Mercedes Acuña Alonzo, de 62 años, hija de Evrayma y de Timoteo (Tito), se considera una mujer tranquila, con iniciativa, con ganas de conocer más, de saber, de aprender; siempre en búsqueda. Es la mamá de Valentina y Sofía, que ya no está entre nosotros, pero que la acompaña desde otro plano. Valentina es una hija amorosa, completa, una mujer realizada, que le ha dado a Beatriz el regalo más hermoso: la ha convertido en abuela de Joaquín y Candelaria. Por Nicolás, el esposo de Vale y papá de sus nietos, siente un afecto muy especial porque es un muy lindo ser humano.
Por Anabela Prieto Zarza
De niña concurre a la Escuela Nº 2. Pasa su infancia alternando con la vida en el campo, en el paraje Caballero. El liceo lo realiza en el Colegio Inmaculada Concepción y preparatorios en el Liceo Rubino. Tanto en su infancia como en la adolescencia fue muy feliz. Creció en la tranquilidad del interior, muy cuidada y protegida por padres ya grandes, pero amorosos, que siempre estuvieron para ella.
Cuando tiene que optar por una carrera, cree que lo suyo va por la Química, pero después de ingresar a Facultad se da cuenta de que su camino no es por ahí. Comienza entonces a estudiar profesorado de Matemáticas en el IPA.
Pero pasan cosas. Planifica su casamiento y, previo al mismo, fallece su papá. Con su familia recién formada, se radica definitivamente en Montevideo. Se dedica por completo a su familia. Nace primero Valentina y luego Sofía.
Cuando Valentina cumple 11 años, se conecta con personas que conocían el método Rolfing. Le empieza a interesar. Concurre primero como paciente a Buenos Aires, donde conoce a Susana Graetz. Experimentó el método antes de comenzar a formarse. Le llamó poderosamente la atención cómo, con algo innovador, no tradicional, pero con base científica, se lograban excelentes resultados. Decidió capacitarse.
Para ello tuvo que vincularse con gente de Brasil y rendir pruebas en Florianópolis sobre anatomía, kinesiología, fisiología y masajes. Sólo salvando esas pruebas podía ingresar a la Escuela Guild for Structural Integration, en San Pablo. Lo logró y realizó allí la primera fase de su formación. La segunda etapa la hizo en Boulder, Colorado, Estados Unidos.
Una vez que termina su formación profesional, comienza a trabajar como terapeuta formada en el método Rolfing.
Instala su consultorio y atiende pacientes en Montevideo. También atiende pacientes en Carmelo, Punta del Este y algunos en Durazno, además de mantener una actividad muy intensa en Buenos Aires y Mar del Plata.
El boca a boca fue un importante promotor de su crecimiento y de que pudiera atender pacientes de todas las edades, clases sociales y ramas de actividad. Atendió personas de reconocida trayectoria: periodistas, políticas, actores, deportistas, empresarios y amas de casa. Eso motivó que cada vez llegara más gente a su consulta. Todas aquellas personas con dolores físicos en distintas partes del cuerpo, provocados por estrés, cansancio, problemas posturales o contracturas de todo tipo, buscaban alivio en su terapia.
“Muchas personas creen que el Método Rolf es un masaje, pero su abordaje es diferente. A través de un trabajo profundo sobre la fascia y el tejido conectivo, busca liberar tensiones, mejorar la organización corporal y ayudar al cuerpo a recuperar mayor equilibrio y movilidad.
No se trata solo de relajar una zona puntual, sino de trabajar sobre las conexiones que existen entre las distintas estructuras del cuerpo. Cada cuerpo tiene una historia. Escucharlo y acompañarlo de forma integral también es parte del proceso”.
El tratamiento básico consiste en diez sesiones, porque se aborda el cuerpo como una totalidad. Un dolor de cabeza, de un pie o de una mano requiere prestar atención a todo el cuerpo. Una vez realizado el diagnóstico, luego de esa serie básica, la persona queda pronta para sostener su cuerpo desde otro lugar, más relajada, más descansada e incorporando conductas saludables respecto a su cuidado.
Las sesiones se pueden realizar una vez por semana, cada quince días o una vez por mes. Tienen una duración de una hora, frecuencia que se acuerda con el paciente de acuerdo con su disponibilidad horaria y los requerimientos de su patología.
Beatriz tiene una intensa agenda, pero sabe que respetar sus tiempos y hacerse lugar para su propio cuidado es importante. Por eso, para ella, leer, escuchar entrevistas, asistir a clases, hacer caminatas y disfrutar de la playa, sin importar la época del año, son actividades imprescindibles para su bienestar.
Disfrutar de su familia, en especial de sus nietos, con quienes comparte actividades cada vez que puede, es fundamental. Se considera una abuela compinche y divertida.
Cree no tener sueños por cumplir: “Creo que no tengo pendientes. He cumplido con todo lo que me he propuesto, he viajado, he conocido los lugares que he querido, entre ellos Bali, en Indonesia, que me fascinó. Me siento bien conmigo misma, completa, feliz, siempre trabajando en mí, en crecer como persona y profesionalmente”.
En base a sus propios aprendizajes, Beatriz considera: “Muy importante, diariamente, tomarse un tiempo para uno, disfrutarse, tomar un café, meditar, contactar con la naturaleza, conectar con el espíritu, con el alma. Ese tiempo te recarga. Creo que es algo que todos deberíamos hacer”.
