De una experiencia traumática a una vida feliz

Valeria Estefanía Román Meneses tiene 33 años. Es hija de Mónica y del “Que Dice” Ramón Román. Tiene cuatro hermanos varones: Andrés, Pablo, Jonatan y Matías. Ella es la menor.

Por Anabela Prieto Zarza

Es la mamá de María Pía, de 7 años, y de Nahuel, de 8 meses. Tiene una hija perruna de 14 años que se llama Bartola.

Su infancia transcurrió en el barrio La Amarilla. Fue a la Escuela Nº 7 y al Liceo Rubino. Tuvo una infancia muy feliz. “Mientras mi abuela estuvo viva, fue la etapa más linda. Es el recuerdo más grande que tengo de mi infancia”.

A los 16 años formó pareja con Rodrigo Piñeiro, con quien ha construido una linda familia desde hace 17 años.

Con 15 años, y con permiso de menor, comenzó a trabajar en el Super 18. Fue niñera, promotora de eventos, modelo de Atocha y de Keeps Boutique. Hizo de todo, pero no se arrepiente de nada, porque de todo lo que hizo aprendió. Al mismo tiempo estudiaba. Le gustaba tener su propio dinero, ya que sus padres no podían satisfacer todas sus necesidades. También necesitaba generar ingresos para afrontar el costo del curso de Registros Médicos y Estadística Hospitalaria que realizó en Flores y que era privado. “Me recibí con 11”, dice orgullosa.

La joven pareja vivía con el padre de Rodrigo. En determinado momento comenzaron a pensar en independizarse, en tener privacidad. A eso se sumó un hecho que terminó de definir la situación. En su domicilio, Valeria sufrió una agresión por parte de una persona desquiciada que, sin motivo alguno, ingresó a la vivienda. Lo había intentado en casas vecinas y no había podido.

El impacto fue brutal. Tenían que salir de allí, irse a vivir a un lugar tranquilo y seguro. Así fue que decidieron cambiar de estilo de vida, empezar de nuevo para olvidar y superar aquella experiencia traumática. Se fueron a vivir al campo, donde permanecen hasta hoy. Tuvieron que superar muchas dificultades, hacer importantes inversiones y trabajar muchísimo, pero lo lograron.

Intentó ser mamá después de diez años de relación y llegó María Pía. La niña, la maternidad, terminó de cerrar aquel capítulo que había marcado su vida. María Pía fue un nuevo comienzo. Vale tenía a alguien que dependía de ella y quizá eso ayudó.

Viven de la explotación de un predio rural. Crían animales, hacen de todo: compra y venta de lana, ganado. Rodrigo herraba caballos para terceros. Trabajan de forma independiente y son sus propios patrones. Están a seis kilómetros de Durazno, lo que les permite traer a María Pía a la Escuela Nº 10 y estar cerca para realizar otras actividades.

Considera que es muy feliz y que Rodrigo también lo es. La decisión de vivir en el campo les permitió formar la familia que querían y vivir de la manera que deseaban. Rodrigo había sido criado en la chacra de sus abuelos y esa vida siempre le gustó mucho.

“La vida en el campo es sacrificada. Muchas veces hay que salir, aunque llueva o truene, andar atrás de las ovejas, correr las jaurías de perros, curar los bichos, alimentarlos, lidiar con el agua. Pero acá somos felices”.

Mientras hacemos la entrevista telefónica, de fondo se escucha el trinar de los pájaros y el balido de los terneros.

Desde hace nueve años se dedica a la confección de mantas para caballos. Es conocida como Vale Confecciones. Cuando estaban buscando a María Pía, antes de quedar embarazada, realizó un curso de costura en el CIB Varona. El objetivo era confeccionar la ropa de la futura bebé. Comenzó haciendo carteras de cuero y Rodrigo vio un nicho en la confección de mantas para caballos. Le preguntó si no le gustaría probar y el resultado fue increíble.

No estaban muy bien económicamente, por lo que para pagar los materiales hacía empanadas para vender y se las llevaba a la almacenera. También viajaba a Montevideo y traía ropa para comercializar. Así pudo costear el curso y las primeras confecciones.

Las primeras mantas que confeccionó fueron para el único caballo que tenían. Las publicaron en Facebook y comenzó el movimiento. Empezaron las consultas, luego los pedidos. El boca a boca llegó a los conocidos, una cosa fue llevando a la otra y hoy, además de mantas, confecciona riendas, cabezadas y mandiles, que son los que llevan arriba del lomo cuando van a correr, confeccionados con polifon y lona. También realiza accesorios para perros.

Tiene tan buena demanda que casi no dispone de tiempo para trabajos de entrega inmediata. Siempre trabaja con uno o dos meses de adelanto.

Gracias a su trabajo pudo realizar otro curso, esta vez de Auxiliar en Educación Inicial. “Me encanta estudiar”.

Esa capacitación, que realizó hace dos años, le permitió presentar su currículum en algún CAIF, aunque todavía no la han llamado. De todas maneras, no es algo que le preocupe demasiado porque con su emprendimiento le está yendo muy bien.

No le falta trabajo. Provee a comercios como Agroveterinaria Crisant. Trabaja sola: corta, arma y cose. Rodrigo la ayuda a veces haciendo mandados, trayendo materiales o entregando pedidos. Pero cada uno atiende su propio negocio. “Somos grandes compañeros, nos complementamos y nos ayudamos mucho”.

Su padre le regaló una máquina industrial, pero no podía utilizarla porque bajaba mucho la tensión de la casa y hacía demasiado ruido. Hace unos días pudo comprarle un motor que consume menos electricidad, es silencioso y le permite trabajar cómodamente. Así aumenta su capacidad de producción, mejora la calidad de los productos y ahorra tiempo.

En sus tiempos libres le encanta ir al gimnasio. Se toma una hora, dos veces por semana, y aprovecha que le queda enfrente de la escuela de la nena. Lo hace por salud mental. Le encanta despejarse después del trabajo, de la casa y de los niños. Fue al gimnasio durante todo el embarazo, hasta los ocho meses. “En el gimnasio me hicieron un baby shower y todo”. Y agrega: “Durante el embarazo, en realidad, no dejé de hacer nada”.

También le encanta bailar y hacer zumba. Ahora no asiste a clases, pero pone música en su casa, se coloca los auriculares y baila. A María Pía la lleva a zumba kids en el CIB.

Disfruta mucho de las actividades en familia. Los fines de semana van a carreras de caballos. Tienen una yegua, Laguna Blanca, que compite en pista y recientemente ganó en Carmen. También poseen caballos que participan en raids.

Gracias a la comercialización de las mantas ha conocido mucha gente linda. “Al padrino del bebé lo conocimos porque era cliente y terminamos entablando una hermosa amistad. El ambiente que se genera en torno a estas actividades es muy familiero, muy lindo, muy sano. La competencia es una cosa, pero la confraternidad que se forma es preciosa. Es lindo criar a los gurises en un ambiente tan lindo”. Son propietarios del Stud María Pía y Nahuel.

Sus sueños, como los de muchos uruguayos, pasan por tener la casa propia, y lo destaca porque para ella es el más importante.

“Estaría bueno que la gente se anime a cumplir sus sueños. El presentimiento nunca falla. Hay que guiarse por la intuición de cada uno”.