El vuelo que sacó a Wilson del país

Jorge Henderson repasó su vínculo con Wilson Ferreira Aldunate, la organización del operativo que permitió su salida del país y el clima político que se vivía en Uruguay durante aquellos años. El piloto también evocó conversaciones con el líder nacionalista y episodios que marcaron el comienzo de su exilio.

La relación política apareció mucho antes. Yo empecé a votar en el año 58, por primera vez, y ya votaba dentro del Partido Nacional. Así lo hice toda la vida.

En esa época se votaba a la Unión Blanca Democrática o al herrerismo-ruralismo, que era con Benito Nardone. Fue una sorpresa, porque esa noche ganaba la Unión Blanca Democrática y al otro día de mañana, cuando se contaron todos los votos del resto del país, ganó el otro sector.

Lo que variaba ahí era cómo se iba a conformar el Consejo Nacional de Gobierno.

Wilson Ferreira Aldunate nace políticamente en un momento muy complejo del Uruguay. En los años sesenta, sesenta y dos, sesenta y tres, por ahí, había empezado un proceso de violencia, de revoluciones, de guerrillas. Guerrillas en realidad no hubo, pero sí hubo bombas, muertos y todo un poco.

Entonces hubo un tiempo complejo para el Uruguay, en el cual aparecía Wilson Ferreira con su proyecto de país. Esa es, en realidad, la gran pregunta que yo me hice ya en la última parte de ese vuelo y después, estando en Buenos Aires: qué proyecto de país me había llevado yo ese día.

Porque estaba ya nuestro compromiso con ese proyecto de Wilson, presentado para las elecciones del 71, donde hubo situaciones muy complejas y muy difíciles, inclusive con algunas posibilidades de fraude, que fueron finalmente confirmadas.

Pero bueno, eso quedó como resultado y ahí quedó el presidente Juan María Bordaberry, un hombre muy conocido aquí en esta zona. El episodio de la salida de Ferreira tuvo como una inflexión. Desde allí en adelante vivimos otro Uruguay.

Primero, con diez o doce años de dictadura; con preso el general Líber Seregni; con preso el doctor Batlle; con perseguido Wilson Ferreira y su grupo de gente.

La persona que a mí me contactó con Wilson Ferreira, que me lo presentó, porque yo no lo conocía —varios años antes del golpe, como tres o cuatro años antes— fue el señor José Radiccioni Carrasco, que fue cofundador de Por la Patria junto con Alembert y otros ciudadanos más.

Entonces, un buen día, estando Wilson en el exilio, va a verlo a Europa Radiccioni. Viene y no llega a Montevideo.

¿Por qué no llega a Montevideo? Porque el avión aterriza y no lo dejan bajar. Ya lo bajan directamente en la “chanchita”. Ese era el Uruguay.

En primer lugar, yo estaba en Queguay Chico, en la ruta 26, en Paysandú. Yo soy de Paysandú, que cumplió hace pocos días 160 y no sé cuántos años.

Estando allá en el campo, sin el avión, porque el Cessna 180, mi avión, estaba en reparaciones acá en Durazno, en San Jorge del Yi, en el taller de aquella época, que era un excelente taller de los hermanos Cameto, recibí un aviso de que tenía que irme a Montevideo.

Eso significó primero el ómnibus, después la Onda y muchas horas de viaje. En esas horas de viaje yo no sabía exactamente el porqué, y no había manera de informar. El teléfono era magneto, la operadora se llamaba Blanca, y el mensaje que me pasó doña Blanca fue: “Me llamó el señor Radiccioni, que dice que usted tiene que ir a Montevideo de inmediato”.

Bueno, de inmediato fue, ya le digo, la Onda, etcétera.

La salida de Wilson Ferreira se gestó de tal manera porque él impuso que quería salir del Uruguay. Seregni preso, Valle preso y otros miles presos, y él quería salir en un avión de bandera uruguaya.

Fue muy importante salir. Tanto es así que quería salir en un avión con la banderita de la patria.

De ahí que se generaron una cantidad de situaciones que hubo que ir salvando, y ese será el relato que haré dentro de unos días.

Toda esa logística la armó José Radiccioni, que además era un buen amigo mío. Esto estaba como estudiado de antemano.

La llamada que me hizo Radiccioni al campo, al establecimiento, a esa estancia San Andrés, fue antes del golpe exacto, antes del discurso de Ferreira en el Parlamento. O sea que ya sabían lo que iba a ocurrir.

Por eso programaron toda la salida de Wilson de allí, del Palacio Legislativo. En su auto se fue Juan Raúl, su hijo, y alguien más. Fueron detenidos y estuvieron unos cuantos ratos detenidos. Wilson salió acompañado en el auto de Ignacio de Posadas. Esa es la persona que los salvó.

Wilson era un personaje muy especial. Era un personaje que utilizaba el relato simpático, alegre, irónico y duro en cualquier momento, en cualquier circunstancia. Seguramente fue un orador fuera de serie.

En el avión fueron acostados. Cuando se subieron al avión tuvieron que ir acostados; no los podían ver de afuera. Le saqué el respaldo. Estaban los dos.

En el decolaje se hizo famosa la frase que Wilson le dijo a Susana: que no se podía quejar, porque no le había brindado oportunidad de aburrirse. Se lo dijo a 40 metros del suelo.

La pregunta que usted me hace requeriría una respuesta racional, y en realidad la respuesta es emocional. Porque desde el punto de vista emocional nosotros teníamos, nosotros los wilsonistas, los blancos wilsonistas y todos los blancos, una gran fe en lo que era el “adelante con fe”, en lo que era el gran proyecto de Ferreira.

Sentíamos que fuerzas absurdas negaban ese desarrollo, que tenía una historia bastante importante, muy reciente, pero muy importante, con todos los estudios que se habían hecho sobre la SIDE, sobre el Uruguay, sobre los suelos, sobre el proyecto de Ferreira para el Uruguay y para los uruguayos. Era compartido por mucha gente y otros sabían que tal vez…

Bueno, me llevo unos segundos, no sé si los dispongo.

Les cuento el episodio concreto.

Al otro día de las elecciones, o al otro, no sé; un día o dos, no me acuerdo cuántos exactamente, recibo una llamada telefónica y me dicen que Wilson quería hablar conmigo de inmediato.

Entonces fui a la casa. Wilson vivía en Avenida Brasil, en un apartamento que daba a Avenida Brasil y a la calle Bulevar España. Estaba lleno de gente, fue dificilísimo llegar. Pero bueno, finalmente llegué, entré, y Wilson estaba en la cocina de su apartamento, acompañado exclusivamente por su hermano, Juan Ferreira Aldunate, el ingeniero Juan.

Ahí entro y me dice:

“Mirá, te llamé porque tengo que volar urgente a Melo, porque hay un cuartel que se ha levantado por el problema este del fraude”.

O sea, había gente que apoyaba a Wilson dentro del Ejército en esa época, en ese momento. Estamos hablando de la elección del 71, no hay que confundir fechas. La historia que estábamos hablando recién es en el 73. Son años de diferencia y circunstancias diferentes.

Entonces yo, que en esa época obviamente era un joven, le dije a Wilson:

“Pero Wilson, ¿hubo fraude o no hubo fraude?”.

Y la respuesta de Wilson fue:

“Hubo fraude, y tengo la absoluta certeza de que hubo fraude”.

Hace poco tiempo, le redondeo la idea, la hija de Wilson declaró en una televisora que en su propia mesa vio el fraude.

Entonces yo le dije a Wilson:

“Pero Wilson, si hubo fraude, vamos a defender la legalidad”.

Y aquí le quiero dejar la frase de Wilson Ferreira. Wilson me miró y me dijo:

“Ni una gota blanca de sangre tiene que quedar por este tema. Lo vamos a arreglar jurídicamente, como corresponde, pero no mediante ningún tipo de riesgo o violencia”.

A lo que yo le contesté, porque era un hombre joven:

“Yo prefiero pelear ahora y no después”.

Y me dijo que me callara la boca, y punto.

Candidato nunca fui. Siempre estuve dentro del partido. Alguna vez fui candidato, pero no me acuerdo de qué. Era un blanco.

Volví en un avión de línea, dos o tres días después. En el Aeropuerto Nacional de Carrasco estaba esperándome don Juan E. Pivel Devoto, historiador, hombre conocido.

Se acercó don Juan. Habíamos vuelto nueve personas ese día en el avión, en la Austral. Se acercó y me dijo:

“Mire, Jorge, usted está requerido. Si puede salir del aeropuerto, váyase, porque lo va a pasar muy mal”.

No me agarró nadie. Esa noche salí del aeropuerto con mi padre y con mi hermana, y al otro día me fui de vuelta, como pude.

Pasaron meses. Después se levantó el arresto que existía.

Sí, fue muy dura.