EL DEBER QUE NOS CONVOCA

La memoria de los pueblos perpetúa los ecos de pensamiento, el ejemplo de buenas acciones de hombres en favor de otros hombres, que de algún modo hicieron aportes positivos y quedaron en la mejor historia de la Humanidad; el olvido cubre de manera implacable, la crueldad, la soberbia, la mentira y la soberbia de poder o las vanidades de otros, aunque estos hayan manifestado gran preocupación, para que su recuerdo pudiera pasar a la posteridad como cosa buena.

Por Saúl Moisés Piña

Lo que ocurre que el tema no es querer ser recordado. Sobre todo en aquellos que de forma circunstancial ocupan cargos de servicio público y que han recibido la confianza de la gente. Lo realmente valedero, es que resulta más positivo la verdad, la humildad, la inspiración, la voluntad, la honradez y la conducta en el desempeño de su cargo, puestas al servicio del bienestar de la sociedad, de modo que el destino de los ciudadanos y la causa de la justicia reciban un concurso útil.

Los gestos de Jesús o de Sócrates, Confucio o de Gandhi, como de otros tantos grandes de la humanidad, en los planos de lo religioso, de lo científico y de lo político, esencialmente contienen una común enseñanza, que es la de la trascendental influencia de la humildad, ante el insondable misterio del destino del hombre, que no se concreta, por cierto, con ambición, con alardes de poderío, ni con soberbia,ni con vanos apegos a los fastos de la riqueza o el poder material.

Vuelo de perdiz han sido, ejemplos como los de Hitler, Stalin o Mussolini, entre otros, quienes han quedado en el olvido de la gente buena, y solo en el recuerdo de quienes sostienen la injusticia y la esclavitud para los pueblos .Aquellos fueron oscuros personajes, que se entregaron a extraviados cultos bajo la embriaguez del poder, determinando el sacrificio de las virtudes que sufren el derecho, la libertad y el respeto a lo que piensa el semejante, como base de la sociedad humana.

Resulta difícil sostener en este mundo enfermo de materialismo, la idea de que la exaltación del tener y del poder sin solidaridad y fraternidad, son opuestos al reconocimiento de los valores del espíritu, y lleva a negar la dignidad del hombre.-

Es compromiso urgente fomentar el valor de la justeza y de la igualdad, una singular concepción de carácter universal que nos incluye a todos los habitantes de este planeta en el sentido más amplio de la expresión, en una relación equilibrada: tolerante, respetuosa y responsable.

Lo que nos impone como sociedad justa, es el deber de cultivar la democracia, que nos proteja del sedentarismo mental y nos garantice la convivencia, en el marco de una sociedad en paz y justicia, con derechos pero también deberes.