Luciana Pimienta D´Avis, de 31 años, es hija de Silvia y Luis, y la menor de cuatro hermanos: Mery, Sebastián y Alberto. Actualmente reside en Sarandí del Yí, donde comparte su vida con Federico Luzardo y es mamá de Alfonsina, una niña de tres años que ilumina sus días.
Por Anabela Prieto Zarza
Nació en Montevideo, donde vivió hasta los cuatro años. Luego la familia se trasladó a Carmen. Allí cursó sus estudios en el Colegio Madre Carmen y posteriormente en el liceo de la localidad. Tras el divorcio de sus padres comenzó, según sus propias palabras, su «época gitana». Cursó tercer año de liceo en Capilla del Sauce, Florida, y culminó la educación secundaria en Cerro Chato.
Al terminar el liceo se fue a Montevideo para estudiar Veterinaria. Aunque la carrera le gustaba, nunca logró adaptarse a la vida de la capital. Más adelante surgió la posibilidad de estudiar Enfermería en Durazno y decidió intentarlo, pensando principalmente en encontrar una salida laboral. Sin embargo, apenas pisó el hospital comprendió que había encontrado mucho más que un trabajo: había descubierto su vocación.
«Siempre les digo a quienes empiezan Enfermería que se aseguren de que realmente les guste, porque si no te gusta, no lo podés hacer bien, no vas a ser feliz y no vas a poder sostenerlo. Es una profesión que tiene que apasionarte; de lo contrario, es imposible.»
Trabajó durante varios años en el Hospital de Durazno. Allí transcurrió una etapa muy importante de su vida: conoció a Federico, quedó embarazada y continuó trabajando hasta que el avance del embarazo se lo permitió. Luego se trasladó definitivamente a Sarandí del Yí.
Actualmente se desempeña como encargada referente y enfermera en un hogar de ancianos de la localidad, una tarea que requiere una sensibilidad especial.
«Trabajar con adultos mayores es vincularse con una parte de la sociedad que está un poco olvidada. Hasta que no entrás en ese mundo no conocés la realidad, no sabés realmente lo que significa.»
Hoy acompaña diariamente a 33 residentes. «Cada uno tiene su historia, sus capriechitos, sus dolores. Amo ir al hogar, adoro escucharlos, compartir tiempo con ellos y hasta lidiar con sus rabietas, porque a veces vuelven a ser niños. Lo importante es que no nos olvidemos de ellos.»
La llegada de Alfonsina coincidió con uno de los momentos más difíciles de su vida. Quedó embarazada cuando llevaba apenas unos meses de noviazgo con Federico y, poco tiempo después, falleció Silvia, su madre.
«Creo que todo pasa por algo. Alfonsina es el calco de mamá, tanto físicamente como en su temperamento. Federico fue un pilar fundamental durante todo el proceso de dejar partir y recibir.»
Cuando se le pregunta cómo nació su emprendimiento, sonríe antes de responder. «Federico es profesor de Geografía, coordinador de la cárcel de Durazno y además guasquero. Quienes nos conocen saben que vivimos entre obras y talleres. Él trabaja el cuero desde hace años: confecciona cintos, billeteras, riendas, cabezadas y todo lo que viste al caballo.»
Fue precisamente a través de ese trabajo que detectaron una oportunidad. «Descubrimos que faltaban cosas dentro de ese rubro. Si hacés un cinto, ¿qué hebilla le ponés? Ahí vimos que la platería era una necesidad y un nicho para desarrollar.»
Comenzaron a ahorrar para invertir en conocimientos, herramientas y materia prima. En ese camino apareció un amigo, William, quien les brindó el apoyo y los conocimientos necesarios para dar los primeros pasos. «Somos conscientes de que todavía nos queda muchísimo por aprender.»
Hoy Luciana ya ha entregado varios trabajos y continúa recibiendo pedidos gracias al boca a boca y a los clientes de Federico.
Entre risas cuenta: «Con Fede hicimos separación de bienes. Él tiene su taller y yo, en otro rinconcito de la casa, pegado a la sección de juegos de Alfo, tengo el mío. Mientras hago una hebilla soy mamá, esposa, trabajadora y emprendedora. Alfo juega al lado mío, me invita a tomar un té o a comer una tortita de juguete, hago una pausa, comparto el momento y después sigo trabajando.»
La talabartería de Federico se llama «Talabartería La Cimarrona» y su emprendimiento lleva el nombre de «Platería La Cimarrona». «Nos complementamos muy bien.»
Desde hace dos años también es amazona. «El año pasado competí por primera vez en la Expo Prado y logré el tercer lugar.» Su vínculo con el mundo tradicionalista viene de familia. «Mi familia está muy arraigada a las tradiciones y Federico tiene su tropilla entablada.»
Explica que una tropilla entablada está formada por una yegua madrina que lleva un cencerro con un sonido particular, mientras el resto de los caballos la sigue suelto. Todos son del mismo pelo y presentan características similares.
«Antiguamente los trabajadores rurales que pasaban varios días fuera de sus hogares viajaban con sus tropillas de esta manera. Hoy existen competencias en la Expo Prado, Patria Gaucha y Florida , que se clasifica para Jesús María.»
Gracias a una destacada actuación lograron clasificar para participar en enero de 2027 en el prestigioso Festival de Jesús María, en Argentina, donde representarán a Uruguay.
«Por los costos no iremos con nuestros caballos. Allí nos proporcionan una tropilla para competir. Vamos los tres y también mucha gente que siempre nos acompaña.»
Pero los proyectos familiares no terminan allí. También están trabajando en una tropilla de ponis para Alfonsina.
Su participación como amazona comenzó de manera casi casual. El año pasado fueron invitados a la Expo Prado para una presentación de recados antiguos. Federico participó y ella asistió montando como amazona, una disciplina que actualmente practican apenas seis mujeres en Uruguay.
«Me encanta. Hay mucho por aprender sobre la vestimenta, la montura y todos los detalles que acompañan esta tradición. Incluso estoy pensando en hacer una cabezada especial para mi montura.»
Aclara que todo esto forma parte de un hobby que disfrutan profundamente. «No se trata de dinero ni de premios, aunque son lindos. Se trata de compartir en familia, con amigos, disfrutar juntos y, sobre todo, rescatar nuestras raíces.»
Además integran la Agrupación Renacer de la Tradición. «Fede es el presidente y yo lo acompaño. Tratamos de organizar eventos, rescatar y difundir nuestras tradiciones y también generar recursos para colaborar con la sociedad.»
En sus tiempos libres, Luciana disfruta de la vida familiar, de desconectarse de la vorágine cotidiana y compartir tiempo de calidad con quienes ama.
Tiene muchos sueños por cumplir. El más compartido por miles de uruguayos es acceder a la casa propia. «Ya estamos encaminados. También sueño con ver crecer a nuestra hija sana, feliz y con valores. Y seguir proyectando cosas, como el emprendimiento. Ojalá algún día pueda vivir de esto, pero sobre todo deseo que nunca deje de ser algo que disfrute.»
Para finalizar, comparte una reflexión que resume su manera de ver la vida: «Es importante animarse a algo nuevo, dejar de lado la rutina, salir de la zona de confort, intentar cosas diferentes y buscar aquello que nos haga bien. Y si además podemos compartir esos momentos con las personas que queremos, no necesitamos ni debemos pedir mucho más.»
