Pedro Hernández participó del plenario del Frente Amplio y analizó el primer año del gobierno nacional, la situación de la salud mental, los desafíos del interior profundo y el clima político actual. También se refirió al proyecto de la terminal y sostuvo que las alternativas políticas deben construirse desde las propuestas y no desde el fracaso de otros gobiernos.
—Pedro, muchísimas gracias por darnos estos minutos para conversar con usted. Siempre es un placer y usted sabe que yo lo reconozco. Voy a empezar por dos temas. El de la sesión extraordinaria y el arribo del intendente lo vamos a dejar en segundo plano, pero sí me interesaría saber, justamente como referente de la Liga Federal, sobre su participación este fin de semana en el plenario del Frente Amplio. Cuénteme qué se trató, cuáles fueron los ejes y cuál es el objetivo al que se apunta.
—Buenas tardes. Es un gusto y un honor, como siempre, estar contigo dialogando.
—Igual.
—Y bueno, en este primer año de lo que es el gobierno del Frente Amplio, al cual nosotros apoyamos, se dio esta instancia de este plenario, que es preparatorio para el Congreso que va a ser en octubre. Allí se plantearon y se dijeron muchas cosas. Hubo un análisis político del presidente Fernando Pereira sobre cómo habíamos llegado hasta acá, cuáles eran las circunstancias por las cuales se estaba pasando y ese índice de desaprobación de este gobierno nuestro que muchas veces todos nos preguntamos.
—Hay preocupación.
—Hay preocupación, sí. Lo palpamos los que andamos en la calle. En esas explicaciones que se nos dieron, que después, analizándolas, muchas son razonables, se habló de un gobierno que llega hace un año con un análisis de que se recibiría un país con un déficit de un 2% aproximadamente y se encuentra con más del 4%.
Después, en distintos organismos, los presupuestos estaban comprometidos, no solo por un año hacia adelante, sino que algunos prácticamente no podían seguir funcionando por las deudas que esos organismos habían contraído con privados. Salud Pública tenía proveedores que ni el pan le querían entregar, entonces el MIDES también en un cabo económico. Fueron cosas que pasaron, que se recibieron y a las cuales no hay que echarles culpa porque, desde el momento que se asume y se pretende gobernar, quizás no se encontró esa situación deseable para continuar.
Un gobierno que viniera trabajando de una manera tal que diera tranquilidad. Pero el gobierno asumió. No hizo una aplicación de shock, de lo que puede ser —nunca me sale la palabra— un ajuste fiscal, sino que trató de revolver dentro de la olla de lo que tenía para poder sobrellevar esta situación.
En ese contexto, nuestra fuerza política siempre intenta ir por los más frágiles, por los más difíciles, por los que siempre pasan…
—En la característica de la Liga Federal.
—Exactamente. Entonces, en ese contexto, a las claras está, y los números lo dicen, que son los que no dejan mentir, que hubo un crecimiento en lo que es el salario real de los trabajadores, casi lo mismo que lo que se logró en los cinco años pasados.
Después se apuntó a reflotar la problemática de la niñez y de la salud pública, que por suerte tiene el FONASA, que más bien equilibra la situación. Si no, estaríamos en un caos de lo que era, para los que tenemos algunos años, el carné de pobre para ir al hospital.
—Sobre esos datos, ¿se basó la ministra Cristina Lustemberg para establecer, no sé si una demanda o cómo se catalogaría, a Leonardo Cipriani por el tema de la situación de la salud pública hoy?
—Hay algunos análisis que se hicieron y algunas investigaciones internas que arrojan, de repente, el no apego a las normativas de lo que puede ser el desempeño en la función pública y la distribución de esos recursos. La Justicia lo dará a conocer porque ya está planteado. Tal vez pueda ser algún error de ese análisis que se hace, pero para eso está la Justicia libre e independiente de este país.
Yendo concretamente a la salud, yo lo hablaba hace unos días en la agrupación de gobierno acá. Digo que estaría en condiciones ya, en lo que hace a nuestro departamento, de dar a conocer grandes cambios que hubo a partir de esta administración que se está trabajando.
Hay dificultades en una cantidad de situaciones que escapan a cualquier gobierno, porque si usted quiere tener algunos especialistas se hace difícil.
—Totalmente. Hay carencias de especialistas, entre otras cosas.
—Sí, pero se ha ido allanando por lo menos en cuanto a la atención. No hay tantas esperas y se han ido buscando otras alternativas.
—Ahora, ¿qué hablaron, Pedro? Discúlpeme, pero ya que estamos dentro de salud, no quiero que se me vaya esto. ¿Qué hablaron sobre el tema de salud mental? Porque seguimos hablando de salud mental. Se habló en el período anterior, fue caballito de campaña de todos los sectores políticos, pero todavía seguimos con la omisión de ese servicio. Y hablamos de salud mental no solamente en aquellos que tienen problemas de adicción o algo por el estilo, sino a nivel general: suicidio, depresión, quizás hasta soledad. ¿Qué pasa con eso?
—Yo creo que ahora que se acomodó el carro, digamos nosotros, se va a empezar a trabajar. La salud mental es tan amplia que es imposible explicarla, porque empieza hasta cuando una persona pierde su trabajo. Queda sin trabajo y ahí arranca el gran problema.
—Por eso le decía que tiene varias áreas. Se ha enfocado siempre solamente en rehabilitar adicciones. Hablamos de salud mental, de problemas de edad, pero no es solamente adicciones. Hoy por hoy la situación es otra y después de la pandemia creo que se agudizó mucho más o se visualizó mucho más.
—Yo creo que eso trae también las consecuencias de la pandemia. Pero más allá de eso, también el avance del mundo va quitando la dignidad de una persona de vivir de su trabajo. Yo siempre digo que este mundo avanza muy rápido en la tecnología, va quitando mano de obra y van quedando trabajadores por el camino.
Es muy profundo, pero yo tengo la esperanza de que no sea simplemente, como tú decís, el trabajo cuando la persona está enferma. Ese es un trabajo que lo dan los técnicos, es una lucha que es simplemente para los técnicos. Pero creo que la parte política tiene que adelantarse, intentar adelantarse por lo menos a esas circunstancias y tratar de rever, buscar la manera.
Yo aquí a veces hago análisis de lo que es la economía del país. Quizás desde el punto de vista del gobierno o de cualquier gobernante se vea una inversión, un ingreso de dinero circunstancial, momentáneo, a corto plazo, y bueno, sirve.
—Pero no es la solución, ¿verdad?
—Claro. Quizás estamos dejando la otra parte, que es la que también deja ingresos y deja valor agregado. Es lo que creo que está fallando en los gobiernos, en cuanto a facilitar que aquel que trabaja para producir, producir valor agregado y dar trabajo a la población, sea a lo que más hay que apuntar.
Nuestro país es el país que quizás más maravillas puede hacer en este mundo y en el futuro.
—Pero que menos posibilidades tiene.
—Pero no sé hasta cuándo puede tener, si de momento cambiamos la mentalidad de que lo único que no puede faltar al ser humano y al mundo es el alimento. Este país, por su naturaleza y lo que puede desarrollar con amplitud, siempre usted ve en las campañas políticas que dicen: “Estamos preparados para producir alimento para 40 millones de personas y somos 3 millones”.
Bueno, apuntemos a eso, no solamente en los papeles.
—Para que se pueda traducir después en el campo.
—En el campo. Porque si usted ve los análisis de la política y de los gobernantes, muchas veces buscan otras inversiones que quizás no sean amigables con lo que nosotros pretendemos de producir alimento. Dejemos esas locuras muchas veces. Si tenemos petróleo, si no tenemos, si tenemos hidrógeno verde, apuntemos a lo que nosotros somos capaces de hacer.
—O que exista un equilibrio.
—Que exista un equilibrio, pero que una cosa no desplace a la otra. Con análisis profundo, que toda la población lo sepa. Esas cosas creo que son fundamentales y ahí quizás podamos empezar a trabajar en lo que hablábamos antes de la prevención, de no esperar que la gente esté enferma por uno u otro motivo.
En cuanto al tema de lo que llega a la persona, eso todos lo sabemos y se está haciendo un gran sacrificio. Espero que haya una inversión más grande también en ese sentido y estoy seguro de que nuestra ministra es excelente. Tiene una gran capacidad porque conoce.
Es lindo cuando usted ve a un político ocupando un cargo y que realmente sabe de lo que hace. Yo creo que sabe y esa esperanza la tenemos.
—El interior. El interior profundo. Y acá voy por su lado. Usted es uno de los que se ha interesado siempre por el interior, sabe del interior. Yo creo que sabe hasta dónde está el bache más chico, el bache más grande, el zanjón, el agujero, la deserción del campo para la ciudad que lamentablemente muchas veces no es para avanzar, sino para decaer, para llegar a los cinturones de la ciudad donde la vulnerabilidad es mayor.
¿Se habló del interior profundo? Estoy abusando de usted porque estuvo presente allí. Usted es defensor del desarraigo, del abandono del campo, de la necesidad de los servicios para que la gente tampoco se vaya. ¿Se habló de ese tema?
—Porque el interior lo conocen cuando se llega. Discúlpeme, pero en campaña política se recorre el interior. Se recorre, pero no se ve en profundidad. O aunque se vea, después no se ve traducido. Se olvida rápido.
—Y en ese sentido, en este Congreso futuro se van a tratar esos temas porque ya quedaron los lineamientos para trabajarlos. Pero yendo a la pregunta, porque no quiero esquivarla, yo creo que muchas veces el gobierno va más rápido, los gobernantes van más rápido que las posibilidades.
Yo salgo al interior y muchas veces estos sistemas que se quieren aplicar, que está bien porque hacia ahí va el mundo, tienen que ir de la mano de la posibilidad. Y ahí nos encontramos a veces con situaciones que creemos que ni siquiera nuestro propio gobierno, que yo integro, conoce.
Lo veía hace unos días con lo que es la guía de tránsito, que se viene y tiene que venir, y tiene que estar bien.
—Se ha rechazado bastante. Es un tema importante por parte de los empresarios y de los conductores, de los choferes.
—Claro, porque para llegar a eso hay que tener la tecnología necesaria y la capacidad de las personas.
Porque usted para hacer una aplicación tiene que tener cierto conocimiento básico y el que anda trabajando, a veces, no estudió para eso. Ser chofer no implica estudiar para eso. Quizás un niño de 8 o 9 años la aplique perfecto, pero esa persona que está trabajando no está capacitada para eso. Entonces le exigimos algo que es muy difícil.
Y lo más grave de todo esto es que cuando se sale al interior y donde se trabaja en este sistema, muchas veces, y quedó demostrado hace unos días cuando estuve en la reunión de la Mesa de Desarrollo Rural, una de las inquietudes de la población es que quieren que apliquemos, igual que el Ministerio de Ganadería, algunos sistemas modernos, pero no los podemos aplicar porque hay lugares, la mayoría de los lugares, donde es muy difícil.
Y voy a decir una cosa para la que no tengo preparación técnica para decirla, pero sí me da para decirlo porque conozco.
—Desde la experiencia.
—Desde la experiencia. La forestación ha quitado mucha conectividad. Y el técnico que quiera rebatir lo que yo digo, que venga a Durazno. Yo salgo a Durazno y ya le puedo decir: “Bueno, acá no tiene línea; vaya por la ruta 14, de acá hasta tal kilómetro no va a tener conexión”.
Y en algunos lugares es aún peor. No se necesita ir a un lugar muy lejano donde la forestación está en plenitud. Vámonos ahí, al sector de Ombúes, un poquito más para adelante.
—Y de ahí ya empieza esa…
—Y de ahí ya arrancamos con la problemática de la conectividad.
Entonces, lo que digo, y es una crítica…
—Constructiva.
—Constructiva y autocrítica, porque yo estoy ahí también en eso, es que para hacer diseño hay que hacer planificaciones.
—Coincide entonces con lo que decimos muchos de los críticos: que se construyen muchas cosas detrás de un escritorio.
—Exactamente. En una pantalla, con una velocidad de lo que pueden ser los gigas, que si se demora un segundo ya se dice: “Esto está lento”. Imagínese usted en el medio rural esas aplicaciones.
Yo creo que hay que ir a la fuente de la gente que sabe, que conoce.
—Y pensar con sentido común.
—Exactamente.
Y no encerrarse a veces porque un técnico diseñe algo con una gran capacidad, a la cual le vamos a reconocer, pero llegado el momento de traducir…
—¿Al terreno?
—Exactamente. La aplicación es muy distinta.
—Totalmente.
—Así que todo esto que se trabajó se va a trabajar nuevamente en el Congreso General.
—En el Congreso, que va a ser en octubre.
—Ahí hay algunos lineamientos donde cada cual, cada grupo político, puede hacer sus posturas. También se abrió este abanico en este plenario para discutir algunos temas y el porqué.
Y bueno, de aquí en más nos queda a aquellos que tenemos la responsabilidad política. Yo siempre digo: no soy un político; soy un político social y por eso estoy acá.
—Totalmente.
—No vivo de la política. Al contrario, muchas veces saco de lo que gano para poder hacerlo. Esa es la esperanza que tenemos: que se puedan corregir las cosas que están mal y trabajar hacia el futuro.
—Más allá de eso, veo con una pena enorme a lo que está cayendo la política de los grandes dirigentes, donde prácticamente sacamos hasta si yo tomé una grapa en un almacén para denostar a una persona.
Creo que los que conocemos la política, los políticos de antes, discutían para superarse, no para enlodar al otro y tratar de sacarlo del escenario político.
Y eso lleva a que la juventud no se sume a la política. La realidad lo está dando. Y no solo eso: está dando la opinión general de la población.
Hoy, entre la oposición y lo que sería el gobierno, no llegan a un 40% de aprobación. ¿Y ahí qué es lo que pasa? Aparece alguien que diga lo que quiera decir y que manifieste que hay que sacar a toda esta gente, como dicen.
Llegan y se posicionan, que también son de poca duración porque lo que no está basado en ideas, lo que no está basado en programaciones, es eso: es el momento.
Y es lo que nosotros no queremos, porque no queremos volver a recordar tiempos pasados que después nos cuesta mucho dolor sanar esas heridas.
Creo que tiene que existir una charla entre la máxima dirigencia de todos los partidos políticos para que haya un respeto mutuo. Porque si no, incluso aquellos que creen sanamente en la política y que creen que pueden hacer muchas cosas, se van para las casas.
—¿Pero ustedes no están preocupados? Coincido con lo que usted estaba diciendo recién. Porque también estos políticos nuevos de hoy flaco favor le están haciendo, ya sea al gobierno que esté de turno y a la política futura.
Me refiero, por ejemplo, a la diputada Díaz, que molesta con un periodista por la consulta que le hizo —lo hablábamos con usted en la mañana de hoy— referida al tema del vehículo del presidente. Se molestó con el periodista, se fue de mambo. Eso tampoco pasaba antes.
—Yo creo que es la inmediatez lo que lleva a todo esto.
—Pero a veces reconocer que nos equivocamos, que erramos, que metimos la pata, dar marcha atrás, como hizo días pasados la edil Boquiardo. Hizo un reclamo que después, bueno, le demostraron que sí y pidió disculpas. Y eso está bueno.
—Pero si nos ponemos en ese contexto, dése cuenta usted la postura del presidente de la República.
—Exactamente. Yo creo que tiene a Díaz por un lado y a la doctora Boquiardo por el otro.
—Bueno, sí. Diferentes lugares, pero uno acepta, pide disculpas y no va al cruce. Y por el otro lado, bueno, algo que realmente tiene gente.
—Y esto está en ese contexto que yo decía antes. Yo lo he dicho a nivel local acá. Tengo el mayor de los anhelos de que el Frente Amplio llegue al gobierno departamental.
Pero yo no voy a pretender llegar haciendo fuerza para que a este gobierno le vaya mal.
—Porque todos estamos en el mismo barco.
—Exactamente. Yo quiero llegar al gobierno del Frente Amplio con una seriedad, con una postura distinta, con una mente en alto. De construir y no de destruir desde el momento uno.
No puede un grupo político, un partido político, salir a destrozar y decir: “Vamos a hacerlo pedazos para que no vuelva a ganar en las próximas”.
Si sus acciones fueron buenas, han sido serias y se ha trabajado con responsabilidad, yo creo que la ciudadanía va a buscar la opción que mejor le quepa.
—Sí, este es un año en el cual está bastante difícil. Y usted, que es político de años, de más edad que yo, nunca vimos —si bien las redes no estaban impuestas— publicaciones como hoy en redes sociales con carteles solicitando que el presidente renuncie.
¿No da eso para decir: “Pará, vamos a hacer mea culpa y a ver qué estamos haciendo”?
—Eso yo creo que es lo que a mí más me duele. Yo leo, veo posteos a veces tan absurdos, muchas veces muy lejos de lo que es una verdad o una realidad.
Yo creo que ahí también habría que poner un pienso auténtico. Que cuando yo diga una mentira a través de unas redes sociales, de por sí haya algún mecanismo que lo llame a la realidad y que lo lleve a la Justicia.
Porque hoy cualquiera puede decir en unas redes sociales lo que sea, y yo no sé si eso es bueno.
—Sí, pero también piden la renuncia del presidente.
—Sí, pero por eso digo. Y hay cosas peores todavía, porque eso puede ser el deseo de una persona y está, capaz, en su derecho decir: “Este presidente no me sirve”.
También tiene que ajustarse a lo que es la Constitución. Y si la Constitución dice que son cinco años, lo tendremos que aguantar. Capaz que yo aguanté otro que no quería, pero yo no le iba a decir: “Andate, presidente”.
—Por eso hablamos de la política de otra hora y de la política de hoy, de la forma de hacer política.
—Entonces yo tengo la esperanza de que algunos políticos busquen otro sentir. Y mire que yo analizo a todos.
Hace unos días analizaba a una persona que yo soy de palo puesto, al senador Pedro Bordaberry, decir acá en Durazno: “No podemos andar en la chiquita si el mandatario anda en una camioneta de 80 mil dólares, de 20 o de 100. Vamos a ocuparnos del país”.
Hay cuántas cosas. Hay tres mil y pico de personas viviendo en la calle y nos vamos a preocupar si el presidente anda en la camioneta de él.
Entonces, hasta que no se tome esa conciencia y sigamos pensando que es perjudicar al otro para nosotros poder estar, va a ser difícil.
—Le paso a otro tema, el de la sesión extraordinaria. ¿Quedó conforme?
—Bueno, en principio quedamos conformes porque había una incertidumbre absoluta de lo que se estaba haciendo.
Y ahí fue el disparador de una cantidad de ediles, de que veíamos un movimiento anónimo que había ahí y que no entendíamos cuál era el objetivo.
Porque vamos a recordar que nosotros, en el 2024 creo que fue, aprobamos en la Junta lo que era ceder a la futura empresa del consorcio que obtuviera la licitación y llamar a licitación.
Y nos vinimos a enterar el jueves pasado que había un proyecto. Nosotros habíamos estado hace unos meses con parte del consorcio en la Junta y todavía no tenían los lineamientos de cómo era ese emprendimiento.
—¿Por el cambio de proyecto?
—Por el cambio de proyecto y por el viejo también.
Porque en ese primer proyecto que nos mostraron, donde había dos personas por lo menos de las que estuvieron con nosotros en la Junta, había algunas planificaciones tan absurdas como que desde la terminal había que ir hasta donde era la garita de la plaza para tomar los taxis.
—Era maratónico todo. También la carga y descarga.
—Todo. La verdad que sí. Fue denunciado inclusive por Gabriel Díaz.
Entonces la conformidad personal, y creo que colectiva, ha sido que hoy sabemos a qué nos atenemos.
—¿De qué se trata?
—Y hay algunas puntualizaciones muy claras también.
Esta fuerza política que yo integro gusta de trabajar y analizar, igual que todas, me imagino, con la responsabilidad necesaria.
Cuando se planteó esta obra de esta magnitud y se manejó esta empresa, hicimos las averiguaciones nosotros y nos constaba que era una empresa sólida económicamente.
—Sé que los avatares a veces pueden traer abajo a alguna empresa por algún mal negocio.
—Nadie está libre de eso.
—Nadie está libre, pero nos constaba que tenía una solvencia suficiente.
—O sea que no hicieron caso a los rumores, a lo que se decía de que la empresa había parado por falta de dinero. No se trataba de eso.
—No, para nosotros no.
—No fue bueno tampoco que se diera a conocer eso y se dijera eso, ¿no? Que fueron algunos ediles…
—Bueno, que corra por quien lo dijo.
—Claro, pero no está bueno para la ciudadanía, Pedro.
—No, por supuesto, porque ahí se entra en un cúmulo de dudas. Hasta de los que están trabajando.
Yo no podía creer, y no creo, que el Ejecutivo, por más diferencias que tengamos con el Ejecutivo anterior y el actual, llevara a la población a un caos de hacer un emprendimiento de estos y que quedáramos en la mitad de la correntada.
Siempre, a ver, la desconfianza estuvo con la administración anterior. Seamos honestos.
Presentar proyectos, como pasó, por ejemplo, cuando se habló en una conferencia de saneamiento para todo el mundo y ahora descubrimos que nos vendieron espejitos de colores.
Había muchos barrios que necesitaban y de nueve quedaron dos.
Bueno, esa es otra de las circunstancias.
—Claro, el Ejecutivo hace de fama al Ejecutivo.
—Exactamente. Exactamente.
