Mayra Reyes González, de 45 años, es hija del “Chato” y de Blanquita González. Tiene dos hermanas: Yenniffer, 11 años mayor, y Jessica. Es tía de cuatro sobrinos, uno de Jessica y tres de Yenifer, con quienes mantiene edades muy cercanas. Ellos son John, Nelson que es médico y que comparte su pasión por los viajes, Edgar y Faustino el más pequeño.
Por Anabela Prieto Zarza
“Soy una tía joven, compinche, me crié con ellos. El mayor, que vive en Costa Rica, me convirtió en tía abuela de una hermosa niña: Antonella”.
De la vida no tiene muchas amigas, pero las que tiene son familia, son como hermanas.
Radicada en Punta del Este, vive en pareja con Rafael Revello. Es mamá de Ezequiel, de 20 años, y de Ticiana, de 18. Franco e Isabela, hijos de Rafa, forman parte de su familia desde hace ocho años.
De niña asistió al Jardín 83, a la Escuela Nº 2, al Liceo 2 y al Rubino. No tenía claro qué quería ser en la vida. Su padre soñaba con que fuera escribana, pero ella no se veía en ese camino. Incluso realizó un test vocacional que no la ayudó a definirse. Finalmente dejó los estudios secundarios y se fue a Montevideo a estudiar peluquería.
Al regresar, se instaló con una peluquería, pero no era lo suyo. Al año cerró y comenzó a trabajar junto a su padre en la administración de sus empresas.
Reconoce que fue muy mimada, casi como hija única por ser la menor. “Además, a los 16 años me ennovié y a los 18 me casé… y se definió mi destino”.
Con el padre de sus hijos emprendieron una carnicería. Con el tiempo, y sin imaginar que sería el inicio de algo mayor en el rubro gastronómico, comenzaron con una parrillita en un medio tanque, en la calle. Los domingos por la mañana, hasta el mediodía, vendían asado, achuras y chorizos, todo al kilo.
Luego se instalaron en un local en Manuel Oribe y Rubino, inaugurando “La Querencia”. Fue una etapa clave en la vida de Mayra. “Allí me formé en la atención al público. Fue un gran aprendizaje, un tiempo de ganar experiencia. Aprendí a escuchar a los clientes, a entender sus necesidades, y eso me ha servido muchísimo. Creo firmemente, hasta el día de hoy, que la clave es escuchar”.
Tiempo después, en busca de mejores oportunidades, se trasladaron a Punta del Este, donde comenzaron de cero con un restaurante. Corría el año 2015.
Ya instalados allí, la pareja se separa, pero en buenos términos. Comparten celebraciones, cumpleaños y navidades. “Es el papá de mis hijos y está bueno poder mantener una buena relación”.
A Rafael lo conocía de Durazno, aunque no tenían trato. Un día recibió una solicitud de amistad que decidió aceptar. Ambos estaban separados. “Él me escuchaba mucho, hacía de psicólogo. Nos apoyábamos: a veces él venía, a veces yo iba a Durazno. Así empezó el amor”.
Hoy han formado una linda familia ensamblada, compartiendo la vida, los valores, los afectos y los viajes a Durazno.
Hace tres años comenzó a trabajar en una agencia de viajes, TU VIAJE. Siempre había estado vinculada a agencias, pero como pasajera, ya que es una apasionada de viajar y lo hacía cada vez que podía. Hoy está del otro lado del mostrador.
Brinda un servicio cercano, humano. Quiere que sus pasajeros sientan que alguien los acompaña, que no se trata de un vínculo virtual, sino real. Se considera afortunada de haber transformado su pasión en su medio de vida. Aunque la gastronomía le gustaba mucho, siente que esto es su verdadera vocación.
Trabaja mucho, pero no le pesa. Dedica horas a armar cada viaje, a acompañar, a preguntar cómo llegaron, si necesitan algo, si todo está bien. Para ella, el trabajo no termina cuando vende el pasaje, sino cuando el pasajero regresa satisfecho.
Siente que contribuye a transformar la vida de quienes se animan a viajar. En el último tiempo ha acompañado a muchos pasajeros en su primera experiencia, priorizando que se sientan seguros y contenidos. “A veces me preguntan hasta cómo armar la valija, y me encanta, porque eso habla de la confianza que depositan en mí”.
No siempre fue fácil. Hubo momentos en los que lloraba por situaciones que no dependían de ella: vuelos cancelados, imprevistos. Rafa, la dueña de la empresa y una compañera la alentaban constantemente.
“Y es cierto, pasan cosas. Pero hoy confío en mí misma y las resuelvo sin problemas. Miro hacia atrás y me siento orgullosa de mi crecimiento. He ganado experiencia y conocimientos. Este trabajo no es fácil: requiere estudio, conocer destinos, investigar, dedicar muchas horas y estar disponible en todo momento, buscando siempre la mejor opción para cada pasajero y brindando garantías”.
“Atendemos clientes de todo el país y ofrecemos todos los destinos que puedas imaginar. Realmente me fascina lo que hago, me siento absolutamente realizada”.
En sus tiempos libres le encanta viajar… y dormir. “Soy medio oso polar”, dice entre risas.
También disfruta salir a bailar, ir a conciertos y compartir con Rafa, que la acompaña en su energía inquieta. “A veces me dice ‘te me has quedado’ porque me pongo a dormir, pero siempre estoy inventando planes, salidas en pareja o con amigos”.
Sueña con seguir viajando y con ver crecer a sus futuros nietos. Sus hijos ya han comenzado a transitar su propio camino: “Ezequiel vive en Montevideo, donde estudia Finanzas y Economía. Ticiana vive con su pareja y está definiendo su rumbo”.
Está convencida de que todos debemos animarnos, incluso cuando dudamos de nosotros mismos.
“La vida me enseñó que muchas veces el límite no está en nosotros, sino en lo que creemos que somos o no capaces de hacer”.
“No se limiten antes de intentar. Somos mucho más capaces de lo que suponemos”.
