Energía que contagia, moviliza e integra

“Soy Lula, si me dicen Lucía ni yo me conozco”. Así empieza la charla con Lucía Andrade Núñez, esta maravillosa persona que a sus 48 años ha demostrado ser una combatiente positiva, alegre y exitosa en todos los aspectos de su vida, incidiendo favorablemente en quienes la rodean.

Por Anabela Prieto Zarza

Es hija de Hugo y María Elina y la cuarta de cinco hermanas: Xime, mamá de Juan Martín; Checha, mamá de Isabella; Mada, mamá de María Paz y Queca, mamá de Joaquín.
Ha formado su familia con Jean Paul Bardier y es mamá de Felipe (14), Federica (11) y Emilia (9).

Con Jean Paul estuvieron 9 años de novios, se casaron en 2010 y a los dos años llegó Felipe. “Hice cosas que podés hacer cuando nadie depende de vos. Cuando asumís la responsabilidad sagrada de la maternidad, las prioridades cambian”. Nada los detuvo para vivir intensamente: continuaron viajando con los niños. Ahora, que están más grandes e independientes, puede empezar a hacer otras cosas.

Lula fue alumna de la Escuela 2, del Rubino y cursó estudios superiores en el ISEF (Instituto Superior de Educación Física). Completa su formación con innumerables capacitaciones: entrenadora de gimnasia, basketball y handball, dos posgrados y una especialización en Gimnasia Artística en Alemania.

Sus primeras experiencias laborales fueron en clubes en Montevideo. Increíblemente, casi no ha trabajado en la educación formal. No le gusta seguir un programa por obligación ni que los chicos concurran porque está en la currícula, sino porque les guste. Quizá eso definió que su trabajo siempre estuviera orientado a espacios donde tenía libertad de proponer.

Estando en Montevideo, una profesora del ISEF la invita a un proyecto en Florida: dar gimnasia artística en el Centro Democrático. Allí, la Sra. Cecilia Serena hace un planteo que, quizá sin saberlo, marcó el destino de Lula y abrió puertas para muchas chicas: ¿aceptan chicas con síndrome de Down?

Sin tener del todo claro el alcance, Lula dijo que sí. Así comenzó a trabajar con Dahiana Casella.
Tenía claro que la actividad física es un derecho y que los profesores tienen la obligación de acercarla a todos. Pero no estaba preparada: empezó una búsqueda intensa en bibliotecas y con colegas que habían trabajado con discapacidad. Fue exigente, pero fructífera.

Con el proyecto, las participantes competían en la Federación Uruguaya de Gimnasia. Los colegas se asombraban del camino iniciado: Dahiana participaba. Pasaron 7 u 8 años y compiten en las Olimpiadas Especiales en Uruguay, organizadas por Special Olympics International. Se incorpora Agustina Arias y llega la invitación al Primer Panamericano.

Aquí un alto para destacar lo increíble: el Panamericano era en febrero y Lula se casaba a fines de enero. Casamiento, continuidad de entrenamientos y viaje a Puerto Rico con las chicas. Jean Paul va. Ellas vuelven a Uruguay y ellos comienzan su luna de miel.

Después vinieron Grecia con los Juegos Mundiales, Los Ángeles con otra chica de Paso de los Toros, Abu Dabi, Berlín y ahora Santiago de Chile.

La gimnasia artística genera oportunidades deportivas para personas con discapacidad intelectual y/o sensorial.

En aquel primer viaje a Puerto Rico, por ser la única latinoamericana que hablaba inglés, estableció vínculos con todas las partes del evento. Eso le abrió puertas para concreciones posteriores, sumado a su trabajo incansable, su capacidad de comunicación, liderazgo y valores. Un recordatorio claro sobre la importancia de aprender idiomas.

Ese recorrido la llevó a ser invitada a integrar un grupo consultor mundial, el SRT Sport Resource Team, cuya misión es definir hacia dónde apunta la gimnasia artística en el mundo. Es una actividad honoraria.

Desde hace 18 años trabaja en la Secretaría Nacional de Deportes, lo que le permite articular acciones con distintos organismos.

Trabaja solo con niñas porque son quienes llegan. Podría hacerlo con varones, de hecho, tuvo uno que luego optó por el fútbol. Es cultural. En países como Alemania, Noruega o Dinamarca, cuna de la gimnasia artística, participan más varones que mujeres. “Allá el fútbol también pesa, como acá, pero las escuelas de gimnasia tienen historia”.

Admite que no imaginaba trabajar con discapacidad. Hoy no la ve como tal: cree que todos somos especiales. “Tenés la nena tímida que hay que alentar, la que hay que frenar, y entre ellas está la nena con discapacidad. Es una más. Todos tenemos necesidades especiales. El docente tiene que entender esas individualidades y las historias que traen. Cuando uno incluye y trabaja en forma unificada, genera empatía. Y la empatía no se da sola: hay que cultivarla desde chicos”.

Lula es emprendedora. Tiene su gimnasio: ACTIVA, UN GIMNASIO DIFERENTE. Y lo es por muchos motivos. No se usa celular. Al inicio no tenía pesas ni máquinas de musculación, que no le gustan: “en las máquinas la persona no dirige sus movimientos; en Activa se trabaja con pesos libres, mantiene el control y coordina”.

También es diferente porque hay propuestas para niños, adolescentes, madres y hoy predominantemente mujeres. Y porque es inclusivo: alumnos de gimnasia artística becados se integran al programa.

Organizan viajes donde tampoco llevan celular; el vínculo con las familias es a través de Lula. “Los padres lo aceptan porque saben que doy todo de mí”. Ahora se van a Paraguay.

Cree que su estilo estuvo marcado por dos profesores: Melly y Mauricio Aguirre. “Cuando viajo quiero regalarles recuerdos inolvidables, como los que yo tuve”.

Cree que cada persona es hacedora de su historia. Cree en Dios como quien da fuerzas, pero entiende que es uno quien debe actuar. “El mundo está a la vuelta de la esquina. Para alcanzarlo se necesita constancia, convencimiento. Soy muy positiva”.

Con esa filosofía atravesó un cáncer de mama. Al recibir el diagnóstico pensó: “esto no me va a ganar y mis hijos no pueden sufrir por esto”. Siguió con su vida. Tenía un viaje previsto por competencia, consultó y el médico lo autorizó. Regresó y al día siguiente se operó. Luego el tratamiento.

Durante ese proceso, su oncóloga la invita al Valle de las Lágrimas, donde cayó el avión de los Andes. Iban pacientes oncológicos con sus médicos. La experiencia tiene una analogía clara: “si ellos vencieron la montaña, vos podés vencer el cáncer”.

Y Lula lo venció. Tiene claro que la vida plantea situaciones y uno decide cómo enfrentarlas: “no podés elegir la música, pero sí cómo bailarla”. Destaca el apoyo incondicional de su familia y amigas.

La vida sigue y Lula no para. Organiza viajes con sus alumnos y con gimnasia artística unificada: niñas con y sin discapacidad. Realizan mini competencias como entrenamiento. Ya fueron a Paraguay y se preparan para Atlanta. Lo disfruta como profesora y como mamá, porque sus hijas participan. Eso la hace feliz.

Estos viajes, sostenidos en gran parte por las familias, requieren creatividad para recaudar fondos.
En ocasiones, el intendente Carmelo Vidalín financió total o parcialmente. Cuando faltaban unos U$S 10.000, creó un sistema de madrinazgo: personas que colaboraban con U$S 100 por niña. “Tuve que pedir que dejaran de ofrecerse porque ya habíamos llegado. Fue doble satisfacción: que viajaran y la alegría de quienes ayudaron”.

También destaca la experiencia con gimnastas daneses: integración, trabajo en equipo y un objetivo común. “Se gana por todos lados”.

Actualmente integra el gobierno departamental en el área de Gestión Deportiva, encargada de Deporte y Discapacidad, Gimnasia y Atletismo. No hace docencia directa: coordina políticas y programas. Es un desafío.

No sabe si tiene sueños pendientes. Desea seguir disfrutando de la familia, que sus hijos sean felices, que encuentren su camino y lo intenten. “Quiero seguir haciendo lo que hago”.

En su tiempo libre le gusta cocinar, restaurar muebles, viajar y compartir con familia y amigas. Se define agradecida: “tengo amigas de fierro desde el jardín y con mis hermanas somos un clan, en el mejor sentido”.

Está convencida de algo y espera que se entienda: “el deporte por sí solo no genera cosas buenas. Eso lo hacen los docentes, quienes toman decisiones, quienes transmiten valores. El deporte hace lo que la gente quiere que haga. La responsabilidad es de quien dirige”.