Jefa de Sucursal Durazno – GAMMA

Sensible, fuerte y agradecida de las oportunidades que ha tenido

María Eugenia González Banega, de 40 años, es hija de Luis Alberto y María Miriam. Su papá era militar retirado y luego trabajó muchos años en el Molino Caorsi; su mamá es ama de casa y se dedicó toda la vida al cuidado de su familia. María Eugenia tiene dos hermanos, Alberto y Laura; ella llegó 16 años después.

Por Anabela Prieto Zarza

Desde hace muchos años comparte la vida con Guillermo Seifert Landoni, con quien tiene tres hijos de edades bien distintas: Joaquín, de 14 años; María Clara, de 6; y Constanza, de 18 meses. Se refiere a sus hijos con amor, destacando sus virtudes: son chicos responsables y tranquilos. La llegada de Constanza implicó una adaptación para toda la familia, a la realidad de tener una bebé en casa, y fue una felicidad enorme que disfrutan cada día más.

Creció en Durazno, en el querido barrio de UTE, donde aún viven sus padres. Luego asistió al Liceo Nº 2 y después al Rubino. Al terminar los estudios secundarios no tenía definida su vocación. Pensó en estudiar abogacía, pero no se dieron las condiciones para ir a Montevideo. “Era otra época, ahora con la virtualidad se tienen otras oportunidades”.

De cualquier manera, sabía que tenía que prepararse. Trabajaba cuidando niños y se inscribió en el Instituto Viñales para realizar un curso de Ofimática. Su padre pagaba una parte y ella, con su sueldo, la otra.

Esa formación le abrió una puerta importante. La titular de la academia, Adriana Viñales, fue a su casa y le ofreció trabajo como administrativa y docente de niños. Más adelante también dio clases a alumnos de UNI 3. Intuyo que esa oportunidad se debió no solo a su formación, sino también a sus capacidades, responsabilidad y dedicación.

Guillermo no es de Durazno, pero llegó de visita a la casa de unos amigos en común. Allí se conocieron, luego vino el noviazgo y finalmente decidieron irse a vivir juntos a Montevideo.

Se postuló para un cargo en GAMMA y, luego de pasar por todas las pruebas que la empresa realiza a los postulantes, ingresó. Le tocó desempeñarse en diferentes sectores, lo que le permitió aprender de todas las áreas, crecer dentro de la firma y adquirir la experiencia necesaria para lo que vendría después.

Entre sus aspiraciones, y así se lo hacía saber al Director de la empresa, estaba la posibilidad de abrir una sucursal en Durazno. Ella quería volver a su ciudad natal: Joaquín ya había nacido, aquí la vida era más tranquila y tenía a la familia cerca.

Cuando la empresa decidió instalarse en Durazno, le ofrecieron la gerencia. No lo dudaron: regresaron. En ese momento, Guillermo ingresó a la firma en el área de respuesta al cliente.

Fue un desafío muy importante: había que hacerse cargo de una sucursal con una cartera de clientes, lograr que funcionara y que creciera. Menciona con orgullo que se trata de una empresa 100 % uruguaya, colaborativa, que desarrolla vínculos fuertes no solo con los clientes, sino también con proveedores, otras empresas y, sobre todo, con su personal.

Desde el inicio hasta hoy, el crecimiento ha sido constante. No solo en la cartera de clientes, sino también en inversión en tecnología y capacitación, tanto a nivel gerencial como del personal técnico. La firma invierte en modernización, en el cuidado medioambiental y cuenta con certificación de calidad en normas ISO.

Se han incorporado sensores inalámbricos, centrales que permiten al cliente manejar el sistema desde su celular, así como vehículos eléctricos, entre otras inversiones.

Recientemente inauguraron un local propio, ubicado frente a donde funcionaban anteriormente, con mejores instalaciones y espacios adecuados tanto para el personal como para el público: salas de reuniones, sala técnica, depósito y garaje para los vehículos. Esta inversión era necesaria y fue una idea que se fue madurando hasta concretarse cuando se dieron las condiciones. Hoy todos trabajan mucho más cómodos.

Actualmente, además de Durazno, atienden una amplia zona de influencia: Sarandí del Yí, Tacuarembó, Paso de los Toros, Centenario, Sarandí Grande y Florida.

Al mirar el camino recorrido, siente que Durazno la recibió muy bien a su regreso, al tiempo que la empresa le brindó una gran oportunidad de crecer y de convertirse en quien es hoy, algo que la llena de orgullo. Agradece la confianza depositada en ella, el respaldo en la toma de decisiones y la atención a sus iniciativas.

Hace un reconocimiento especial a su equipo. Tiene claro que los logros obtenidos son colectivos, fruto de un trabajo en equipo responsable y comprometido.

Se siente realizada laboralmente. El broche de oro ha sido la inauguración del nuevo local. Formar parte de la firma la hace muy feliz. “Nuestra empresa es una gran familia a nivel nacional: hacemos reuniones de trabajo y capacitaciones en diferentes áreas. La empresa está atenta a las situaciones personales de sus colaboradores. Personalmente, no puedo dejar de agradecer al Directorio y a todos mis compañeros el apoyo que recibí en un momento muy difícil de mi vida, vinculado a la salud de mi madre, que por suerte superó. Debo hacer una mención especial al Director Ernesto Larrosa, no solo por la calidad humana que tuvo conmigo en ese momento, sino por las oportunidades laborales y la confianza que siempre me ha brindado”.

Nuevamente intuyo que estas oportunidades se las ha ganado en base a su trabajo, esfuerzo, constancia y responsabilidad, y también por esa sonrisa que le ilumina el rostro, siempre atenta a buscar soluciones para los clientes, los colaboradores y la empresa.

Además de su actividad laboral, es ama de casa y una mamá muy presente. Intenta acompañar a sus hijos en sus actividades: “a las corridas, pero siempre estoy”. Para lograr ese equilibrio tiene una regla clara: los problemas de la casa quedan en casa y no se llevan al trabajo, y lo mismo a la inversa, aunque reconoce que esto último le ha costado más.

En sus tiempos libres le encanta limpiar, disfrutar salidas en familia, alguna playa en vacaciones y se reserva, de vez en cuando, un espacio para ella: reconectar, encontrar paz y tranquilidad en encuentros de meditación o retiros espirituales. “Cuando voy, es la única vez que apago el teléfono: es mi tiempo”.

Nunca se preguntó si tiene sueños por cumplir. “Casa propia ya tengo, gracias a Dios. Siempre pienso en los demás, no he pensado en mí”, dice con franqueza, reconociendo que es una pregunta difícil.

Considera que todo se puede lograr en la vida, con estudio o sin él: hay que tener confianza en uno mismo y, a veces, la suerte de cruzarse con las personas indicadas que brinden una oportunidad.