Alejandro Dolina cumple hoy 82 años y la fecha permite volver sobre una figura difícil de encasillar: escritor, músico, conductor radial, humorista, narrador y hombre de una cultura rioplatense hecha de libros, tango, barrio, ironía y madrugada. Al frente de La venganza será terrible, un programa que en 2025 celebró 40 años, Dolina convirtió la radio en una forma de compañía: no solo entretuvo, también enseñó a escuchar, a demorarse, a pensar y a imaginar.
Alejandro Ricardo Dolina nació el 20 de mayo de 1944 en Morse, provincia de Buenos Aires. Hoy cumple 82 años. El dato biográfico importa, pero no alcanza. Porque Dolina no pertenece solamente al registro de las efemérides: pertenece a esa zona más difícil de medir donde una voz, una forma de hablar y una manera de mirar el mundo terminan acompañando la vida de muchas personas durante décadas.
Su figura se resiste a una definición simple. Es escritor, músico, cantante, compositor, letrista y conductor radial. Estudió derecho, música, letras e historia, y esa mezcla se nota en casi toda su obra: en sus relatos aparece el barrio, pero también la mitología; aparece el tango, pero también la filosofía; aparece el humor, pero casi siempre con una sombra de melancolía.
Antes de convertirse en una presencia central de la radio nocturna, Dolina publicó textos en revistas humorísticas como Mengano y Humor Registrado, espacios importantes de la cultura argentina de los años setenta y ochenta. Pero su nombre quedó especialmente asociado a Crónicas del Ángel Gris, publicado en 1988, un libro que mezcló imaginación barrial, ternura, humor y una poética muy reconocible. Luego vendrían El libro del Fantasma en 1999, Bar del Infierno en 2006, Radiocine en 2002, la novela Cartas marcadas en 2010 y Notas al pie en 2021.
Pero acaso el gran territorio de Dolina sea la radio. La venganza será terrible nació en 1985, primero como Demasiado tarde para lágrimas, junto a Adolfo Castelo, en Radio El Mundo. Ese mismo año pasó a la madrugada, un horario que terminaría siendo parte esencial de su identidad. En 2025, el propio universo del programa celebró sus 40 años, una permanencia extraordinaria para un ciclo construido sobre conversación, humor, música, reflexión y presencia escénica.
La duración del programa no explica por sí sola su importancia. Muchos ciclos duran; pocos acompañan. En el caso de Dolina, la palabra “acompañar” parece inevitable porque los oyentes suelen nombrar así su vínculo con el programa. No hablan solamente de escucharlo. Hablan de noches, trabajos, viajes, estudios, insomnios, tristezas, rutinas y soledades atravesadas por esa voz. Esa es una de las dimensiones culturales más hondas de La venganza será terrible: convirtió la radio en una forma de compañía inteligente.
El programa conserva una estructura difícil de encontrar en la comunicación actual. Hay humor absurdo, improvisación, lectura de mensajes, relatos históricos o mitológicos, comentarios sobre arte, música en vivo y una relación muy particular con el público. Actualmente se emite por AM 750 en Argentina y por Del Sol FM 99.5 en Uruguay; su sitio oficial también reúne podcast, presentaciones en vivo y el elenco vinculado al programa, con Patricio Barton, Gillespi, Ale Dolina, Martín Dolina y Manuel Moreira.
Dolina logró algo poco frecuente: hacer cultura popular sin rebajar la inteligencia. En su mundo pueden convivir Borges, el tango, el barrio de Flores, la mitología griega, los cuentos de amor imposible, el fútbol, los fantasmas, los perdedores, los seductores de esquina y los razonamientos filosóficos tratados con una solemnidad inmediatamente desarmada por el chiste. Esa mezcla explica parte de su singularidad: no separa lo culto de lo popular como si fueran territorios enemigos.
También hay una dimensión musical muy importante. Dolina no usó el tango como decoración nostálgica, sino como lenguaje cultural. Todo Tango lo registra como cantor, conductor radial, letrista y compositor, con obras como Fantasma de Belgrano, Milonga del mono, Tango de la muerte y Tango del seductor. En 2009 fue nombrado Académico del Tango, reconocimiento vinculado precisamente a su trayectoria y a su difusión del género entre nuevas generaciones.
Su obra musical más ambiciosa es Lo que me costó el amor de Laura, una opereta criolla de 1998 escrita y compuesta por Dolina. La versión original reunió nombres enormes de la cultura iberoamericana: Mercedes Sosa, Ernesto Sábato, Joan Manuel Serrat, Sandro, Horacio Ferrer, Juan Carlos Baglietto, Julia Zenko y Les Luthiers, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional. No es un dato menor: muestra la amplitud de un universo artístico capaz de convocar literatura, música popular, humor, tango y teatro.
También en televisión dejó huella con La barra de Dolina, emitida entre 1988 y 1990, una propuesta ecléctica que mezclaba tertulias, ejercicios teatrales, música en vivo y hasta partidos de fútbol dentro del estudio. Allí participaron Guillermo Stronati, Jorge Dorio, Manuel Wirzt, Julia Zenko, Peteco Carabajal y Les Luthiers, con dirección artística de Caloi.
Pero la clave de Dolina no está solo en la cantidad de disciplinas que atravesó. Está en su manera de habitar el tiempo. En una época dominada por la velocidad, el recorte breve y la ansiedad de impacto, Dolina sigue defendiendo otra cadencia: la conversación larga, la digresión, la historia que se demora, la broma que necesita escucha, la reflexión que aparece entre risas. Su obra parece recordarnos que no todo pensamiento llega por la vía de la solemnidad; a veces llega por el humor, por el absurdo o por una historia de barrio contada a medianoche.
Por eso el “raro oficio de acompañar” no es una frase sentimental. En Dolina, acompañar significa sostener una forma de encuentro cultural. Significa estar ahí, noche tras noche, durante más de cuarenta años, no para llenar silencio con ruido, sino para convertirlo en imaginación compartida. En esa permanencia hay algo profundamente humano: la radio como refugio, la palabra como compañía y la cultura como una conversación que todavía puede seguir despierta cuando el resto del mundo parece apurado por dormir.
