Noela Areosa Somma, de 36 años, es hija de Raúl y Cristina, y hermana de Nacho. Su nombre no fue un error de inscripción: fue elegido por su madre, inspirado en una compañera suya, que se llamaba así y era una persona encantadora.
Por Anabela Prieto Zarza
Se define como “un ser habitando este cuerpo, en esta experiencia humana, aún en la búsqueda de ese ‘quién soy’”
Concurrió a la Escuela Nº 2 José Enrique Rodó (pocas entrevistadas mencionan el nombre de sus escuelas; por eso, cuando lo hacen, lo destaco) y luego al Liceo Rubino.
Cuando llegó el momento de definir orientaciones vocacionales, su test no la llevaba a ningún lado, pero era claro que lo suyo era lo artístico.
Había crecido profundamente ligada a la música: con una mamá profesora de canto y piano y un papá que escuchaba old hits todo el tiempo. Esta niña creció entre obras académicas repetidas una y otra vez por los alumnos de su madre y la música de bandas como The Beatles, Queen, Scorpions y Bee Gees. Noela aprendió de memoria algunas interpretaciones: mientras su madre solfeaba, ella absorbía todo, al punto de reconocer piezas sin haberlas estudiado. También tuvo un pasaje por el estudio de piano, con la profesora Elba Couto, quien había sido docente de su madre.
Al no tener claramente definido qué quería estudiar, optó por un camino intermedio: cursó 5º biológico y 6º de medicina, “ni mucha letra, ni mucho número”.
Al momento de continuar sus estudios terciarios, y buscando una salida creativa, eligió la Escuela Universitaria Centro de Diseño (EUCD), hoy perteneciente a la Facultad de Arquitectura. “Me convertí en diseñadora industrial, opción textil-moda”.
Mientras estudiaba en Montevideo, trabajaba medio horario, desempeñándose en distintas firmas comerciales, principalmente en atención al público y ventas.
Durante la carrera comprendió que probablemente no ejercería la profesión, pero decidió terminarla por compromiso consigo misma y con su familia. Y así fue: se recibió, aunque con pocas ganas de ejercer.
Sin embargo, valora profundamente los aprendizajes: “Uno aplica el diseño a la vida, en todos los órdenes. Además, me ayudó a forjar mi carácter, me disciplinó. El diseño crea y proyecta empresas, objetos, productos, y eso lo podés aplicar a tu vida. Te sirve para diseñar tu vida. Fue buenísimo lo que me dejó la carrera”.
Noela se considera una persona tímida. Desde siempre integró diferentes coros, en la escuela, el liceo y coros polifónicos de adultos, pero siempre “entreverada en la multitud”. Tenía pánico escénico: no podía pararse sola frente al público, ni siquiera ante familiares o amigos.
Pero al volver de Montevideo comenzó a animarse. Había estudiado guitarra durante algunos años y, al regresar, retomó una que le había regalado su madre. Empezó haciendo covers y, a través de ellos, ocurrió algo revelador: comenzó a dejar salir su voz, a identificar su color y su timbre. También empezó a aplicar técnicas de vocalización aprendidas con su madre. El entorno comenzó a alentarla, hasta que llegó la oportunidad de su primer toque.
Gustavo Rosano y Homero Cabana la invitaron a cantar “temas viejos” en el Soro. Fue con muchos nervios, muy tímida, pero le encantó. “Salió re lindo”.
Ese fue el comienzo de su camino cantando en público. Continúa haciéndolo hasta hoy, aunque con sus “parate”, sus pausas necesarias.
Actualmente está escribiendo sus propios temas, algunos de los cuales ya ha interpretado, como el que presentó en el cierre de una de las actividades de Cuenta Cultura.
Aún no ha grabado en estudio. No es sencillo: coordinar músicos, horarios y ensayos implica un gran esfuerzo. Noela utiliza la guitarra para acompañarse, aunque reconoce que no es lo que más disfruta: lo suyo es cantar, acompañada por otros músicos. Se encuentra en un proceso de consolidación artística. Responsable y autoexigente, dedica muchas horas de ensayo antes de cada presentación: no le gusta improvisar. Necesita estudio y práctica para sentirse segura y poder disfrutar plenamente de lo que la hace feliz.
Admira a quienes logran hacer música sin imponerse tantas exigencias.
Todo esto demanda mucha energía, especialmente cuando debe hacerlo luego de una jornada laboral.
Noela trabaja en ANDA desde hace tres años, en atención al público, realizando tareas administrativas. “Me encanta mi trabajo, pero la atención al público requiere que uno ponga muchas energías allí”.
Sabe que en algún momento logrará encontrar el equilibrio entre el trabajo, la vida cotidiana y el desarrollo de su veta artística.
Si quieren conocer más sobre ella, su música y lo que hace, la pueden seguir en:
Facebook e Instagram: @noelaareosa
Algunas de las fotos que acompañan esta historia fueron tomadas por su amiga, la fotógrafa profesional Jessi Roth, en conjunto con el diseñador Gastón Chavat.
En sus tiempos libres disfruta de ir al gimnasio, de las cosas simples como organizar su vida, llevar una alimentación saludable y generar espacios para escribir. Mirringa, su gatita, también ocupa un lugar especial en su tiempo y su cariño.
Comparte una técnica que utiliza con frecuencia, no solo para escribir música: escribe tres páginas todos los días, sobre lo que surja, sin estructura. Esta práctica estimula la creatividad y permite descubrir ideas que luego transforma en canciones, en estrofas.
“Con esta técnica de escritura de páginas matutinas, que leí una vez en el libro “El camino del artista” de Julia Cameron, he aprendido a conocerme a mí misma. Descubrí que hay cosas interesantes dentro de uno, que lo que tenés adentro es suficiente. Creo que todos tenemos ese potencial para hacer lo que queremos. Además, escribir es sanador”.
Es socia de AGREMIARTE y durante dos años participó en Cuenta Cultura, una experiencia que valora profundamente.
Está en pareja con Juan Pablo, quien la apoya y la acompaña. “Sabe mucho de música, no es músico, pero escucha mucho, conoce muchas bandas y me tira piques que me resultan muy útiles”.
De niña soñaba con vivir de la música. Hoy no sabe si ese sueño se mantiene intacto, pero sí tiene claro que quiere que la música sea una presencia permanente en su vida.
Considera que “la clave en cómo uno transita la vida está en la actitud y en el lugar desde donde se para para vivir las cosas. Todos tenemos obstáculos, pero si los ves como oportunidades para crecer, te desafían y te ayudan a evolucionar. En lo personal, inculcado por mi madre, he trabajado en sanar el linaje, en desterrar creencias limitantes. Me volví fanática de tratar de interpretar lo que me pasa. La pregunta que me hago es: ‘¿esto que me pasa, qué me vino a enseñar?’, y no ‘¿por qué me pasa a mí?’. Tener esta concepción te permite disfrutar incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Si no hubiera aplicado esto en mi vida, aquella niña tímida que no se animaba a cantar no estaría hoy dando esta entrevista”.
