El fotógrafo uruguayo Luis Fabini recorrió durante más de una década distintos países de América retratando culturas rurales vinculadas al caballo, la tierra y el trabajo. Su obra, reconocida internacionalmente, construye una mirada profunda sobre la identidad, la memoria y los modos de vida que lentamente desaparecen.
Hay frases que no explican una obra, pero la abren. A Luis Fabini le ocurrió en el norte uruguayo, entre mate y silencio, cuando le preguntó a un viejo gaucho quién era realmente el gaucho. El hombre respondió: “El gaucho es la tierra que pisa”. Aquella frase terminaría acompañándolo durante años y transformándose en una especie de corazón conceptual de una de las obras documentales más importantes de su carrera.
Luis Fabini nació en Montevideo en 1965. Hijo de padre uruguayo diplomático y madre peruana, pasó buena parte de su vida entre América del Sur, Europa y Estados Unidos. Recibió su primera cámara siendo niño, antes de un viaje familiar por los Andes, y con el tiempo trabajó como fotógrafo de viajes, publicidad y moda, además de dirigir y producir documentales.
Sin embargo, su obra más reconocida no nació desde el trabajo comercial, sino desde una búsqueda mucho más personal. A comienzos de los años 2000 empezó a recorrer zonas rurales del norte uruguayo y distintas regiones vinculadas a la cultura gaucha. No llegaba únicamente a fotografiar: convivía, esperaba, observaba y regresaba una y otra vez a los mismos lugares. Esa forma paciente de trabajar terminó definiendo su mirada.
Con el tiempo, aquel proyecto inicial derivó en “Gauchos”, una serie fotográfica y editorial centrada en el hombre de campo y las culturas rurales del Río de la Plata. La obra comenzó a crecer hasta expandirse mucho más allá de Uruguay. Durante más de diez años, Fabini recorrió distintos países de América fotografiando comunidades vinculadas al caballo y al trabajo rural.
El proyecto terminó convirtiéndose en “Cowboys of the Americas”, publicado en 2016, una extensa investigación visual realizada entre Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Ecuador, México, Estados Unidos y Canadá. Allí aparecen gauchos, cowboys, huasos, chagras, vaqueiros y otras figuras rurales que, más allá de sus diferencias culturales, comparten una misma relación con la tierra, los animales, las distancias y el trabajo manual.
Lejos de buscar una mirada turística o pintoresca, Fabini construyó una fotografía profundamente humana. Sus imágenes no parecen interesadas únicamente en el paisaje o en la estética del campo, sino en las personas que todavía viven vinculadas a esos territorios. Rostros curtidos, manos marcadas por el trabajo, humo, caballos, cuero y silencio aparecen constantemente en una obra donde la identidad parece mezclarse con el paisaje.
Esa búsqueda también se refleja en su manera de fotografiar. Fabini ha contado en distintas entrevistas que trabaja principalmente con luz natural y que le interesa mantener cierta distancia respetuosa con las personas retratadas. Durante años trabajó en película fotográfica antes de pasar al formato digital, manteniendo siempre una estética sobria y contemplativa.
La repercusión internacional de “Gauchos” llevó su obra a distintos espacios culturales del mundo. En 2021 la muestra fue presentada en Corea del Sur, mientras que en 2022 llegó al Museo Nacional de Arte de China, en Beijing. Las exposiciones incluyeron copias realizadas en Platinum Palladium, una antigua técnica de impresión fotográfica desarrollada en el siglo XIX, reconocida por su profundidad tonal y durabilidad.
Pero reducir a Luis Fabini a “fotógrafo de gauchos” sería simplificar demasiado una obra mucho más amplia. Sus trabajos vuelven constantemente sobre una misma preocupación: la relación entre el ser humano y la tierra. En los últimos años también desarrolló “Cosecha”, un proyecto realizado en Perú sobre comunidades indígenas y formas tradicionales de producción comunitaria.
En toda su obra aparece una misma sensación: la fotografía como una forma de preservar algo antes de que desaparezca. No desde la nostalgia fácil, sino desde la observación paciente y la memoria cultural.
Quizás por eso aquella frase escuchada en el campo uruguayo sigue atravesando toda su fotografía: “El gaucho es la tierra que pisa”. En esa definición breve no solamente aparece el hombre rural, sino también una forma de pertenecer, trabajar y habitar el mundo que lentamente parece alejarse del presente.
