El llamado del arte y la valentía de elegirlo

Carito: un ser humano en proceso de autoconocimiento y evolución, al servicio no solo de su propia expansión, sino también de la de otros.

Por Anabela Prieto Zarza

Ana Carolina Evangelisti, de 37 años, es hija de Carmen Evangelisti, la quinta de siete hermanos.

Nació, creció y se formó en Durazno hasta los 19 años. Concurrió a la Escuela Nº 1 y luego al Liceo Rubino. Desde los siete años incursionó en el estudio de distintos instrumentos como el violín y el piano, en el Conservatorio de Durazno, participo en toda su infancia y adolescencia en los coros dirigidos por Roberto Tarigo.

Crecer en su familia, en la familia Evangelisti, con un apellido que tanto por don Raúl como por su mamá podría haber significado un peso, muy vinculado a la música y a lo artístico, fue para Carito algo muy natural. Nunca lo sintió como una carga. La influencia tanto de Raúl como de Carmen, más allá de todas las vivencias, fue profundamente estimulante e inspiradora. Haber estado tan en contacto con el arte fue, para ella, un privilegio.

“Era bonito, porque muchas veces me sentía orgullosa tanto de mi madre como de mi abuelo, de mis ancestros. Fue un gran regalo haber estado en ese contexto y que me fuera más fácil acceder a cierto conocimiento que en esos tiempos era más difícil. Durante la niñez lo viví con más tranquilidad, pero siendo más adulta lo sentí como un llamado a continuar el legado”.

Cuando se va a Montevideo no tenía tan definida su vocación y comienza sus estudios en el área de turismo. Paralelamente, debía trabajar, ya que la situación económica familiar así lo requería: fue moza, trabajó en supermercados, en ventas dentro de shopping y, gracias a sus estudios en idiomas, también se desempeñó bastante en el área de turismo.

En 2017 gana un concurso en la Facultad de Psicología como administrativa. Agradece todos esos trabajos que tuvo para subsistir, por el aprendizaje que le dejaron: “Conocí de todo, un montón de situaciones y de personas. Fue un aprendizaje impresionante, muy global, en muchas áreas; cosas que yo no sabía que podía hacer”.

En 2015 decide estudiar actuación de forma profesional. En Durazno había tenido sus primeras experiencias en el Pequeño Teatro y con Uruguay Marrero, pero entendió que debía seguir abonando esa semilla. Realizó una carrera de cuatro años y ha continuado incursionando en ese camino, incluso formándose en el exterior.

En 2016 había iniciado el profesorado de Literatura en el IPA. Le gustaba la materia, con el propósito de incrementar su cultura general, y también le resultaba útil para sus actividades en el teatro. Sin embargo, la docencia, a pesar de estar muy presente en su familia, no estaba inicialmente en su radar.

Llegó a dar clases de Literatura, pero no sentía que ese fuera su camino. En 2020 la invitan a dar clases para niños en el Pequeño Teatro, y allí ocurrieron dos cosas importantes: sintió el llamado de su vocación y comenzó a diseñar sus propios talleres de teatro, donde pudo conjugar su vocación docente con la artística.

Además, era una excelente excusa para volver a Durazno. Fue, y sigue siendo, una experiencia maravillosa: el vínculo con los niños, con sus familias y los logros alcanzados le bastan para sentirse plenamente feliz. Volver a Durazno es una decisión personal; siente que es allí donde puede seguir contribuyendo al legado artístico de su familia y hacer su aporte a la comunidad. Lo vive más como un propósito personal que como un trabajo. Agradece profundamente a esa “comunidad” que se formó, así como al Pequeño Teatro, que siempre la ha apoyado y brindado espacio.

Sus talleres están atravesados por su impronta personal, su pedagogía y su forma de ver el arte. Comenzó trabajando con niños y adolescentes, y la propuesta fue creciendo hasta ocupar cada vez más tiempo en su vida.

Su pasión por la música siempre estuvo latente, y todo comenzó a florecer casi simultáneamente. En esa misma etapa, (2021)Carito empieza a grabar y compartir su propia música. No es un camino sencillo cuando se transita de forma independiente: grabar demos, acceder a estudios y sostener la producción implica un esfuerzo económico importante.

Eso no la detuvo. Sabía tejer desde siempre, y comenzó a crear tejidos que luego vendía a través de redes sociales. Fue muy lindo ver cómo sus productos comenzaron a circular y a tener una gran aceptación. “Bilu”, su marca, es una palabra charrúa y muchos de sus tejidos llevan nombres también nativos. El proyecto nació a partir de una visión que tuvo en un momento particular de su vida, y que tuvo un significado profundo para ella.

A partir de 2020, todo lo artístico hizo eclosión en Carito. El crecimiento que fue logrando, incluso con las dificultades de emprender, le confirmó que ese era su camino. En 2023, y a contracorriente de muchas sugerencias, decidió dejar la estabilidad del empleo público para dedicarse plenamente a sus actividades artísticas, confiando en sus saberes y en sí misma. La facultad ya no le aportaba ni económica, ni emocional ni espiritualmente, aunque agradece el tiempo vivido allí.

Desde entonces, se dedica a lo que ama: el teatro, la docencia, la música y el tejido. Ganó en libertad, sostenida por la confianza y una gran disciplina. Ser “tu propia jefa lo exige”.

En el ámbito teatral, además de dar clases, actúa y es dramaturga. Hace cuatro años, a partir de sus talleres, surgió la posibilidad de estrenar su primera obra, Espejos, con un elenco de adolescentes de Durazno. El año pasado estrenó una nueva obra (de su autoría) en Montevideo («Tu susurro»), que también presentó en Durazno en la que además actuó (dirigió y produjo). Su involucramiento en los distintos roles es cada vez mayor, lo que también le exige una formación constante.

Para conocer más a Carito y lo que hace, les invito a visitar los siguientes sitios:

Sus redes: Instagram: @carytoevangelisti y Facebook: Ana Carolina Evangelisti

Sus tejidos en Instagram: @bilutejidosartesanales

Su música la pueden encontrar en: Youtube: Caryto Evangelisti y Spotify: Carolina Evangelisti

Se considera una mujer feliz, positiva, alegre y vive, “felizmente en pareja con un lindo compañero, Jhonatan.

Ha tomado decisiones que cambiaron su vida, asumió desafíos importantes y lo hizo con responsabilidad.

En sus tiempos libres lee, anda en bicicleta, nada en aguas abiertas, disfruta de la naturaleza, de la música y de la meditación. Aunque, en realidad, sus “tiempos libres” siguen conectados con lo que ama: no es un trabajo que termina al llegar a casa, sino una forma de vivir, placentera y natural.

Tiene muchos sueños por cumplir, pero prioriza la paz y la tranquilidad. A nivel profesional, desea concretar nuevos proyectos y, en lo personal, formar su familia. En definitiva, vivir en coherencia con lo que piensa y siente.

Para Carito, la vida no es un sinsentido: incluso los momentos más difíciles o complejos traen aprendizaje. Invita a mantener la calma, confiar en que lo bueno está por venir y perseverar. Hacer el bien, sin importar las circunstancias, porque eso siempre conduce a buen puerto. Confiar en uno mismo. La vida tiene sus altos y bajos, y el desafío es transitarla con calma, confianza y en paz.