“Hicimos de un problema una oportunidad pedagógica”

La UTU de Durazno implementará un protocolo para regular el uso de celulares dentro del aula, apostando a un enfoque pedagógico antes que punitivo. La iniciativa incluye la construcción de lockers realizados por estudiantes del Bachillerato Tecnológico Profesional, en el marco de una propuesta educativa que busca integrar la tecnología al aprendizaje sin afectar el clima institucional.

Bueno, Daniel, gracias por habernos recibido acá en la UTU para tratar contigo un tema que ha generado satisfacción en algunos hogares, inquietudes y rechazo en otros, pero que creo va de la mano de la importancia del aprendizaje y de llevar un tiempo pedagógico más productivo que lo que hasta ahora se estaba dando. Estamos hablando del uso de los celulares. Lo tuyo es una sumatoria a muchos departamentos, a muchos países.

Y bueno, la UTU presente como siempre, pero ya también elaborando lo que tiene que ver con lockers.

—Bueno, buenas tardes a toda la teleaudiencia también. Muchas gracias por el espacio.

Sí, nosotros este tema ya lo veníamos abordando. No lo habíamos hecho público de esta forma, aunque sí con la comunidad educativa inmediata. Las familias de los estudiantes ya estaban en conocimiento de que habíamos elaborado un protocolo para el uso de los celulares dentro del aula y que tiene que ver con una problemática que aflora en todos los centros educativos: el dispositivo celular.

Más allá de que en algunos momentos del proceso de enseñanza-aprendizaje es una herramienta que nos permite acceder a información, plataformas educativas, actividades interactivas y a la propia plataforma CREA del Plan Ceibal, muchas veces termina sustituyendo la laptop del Plan Ceibal porque esta no está en el aula, porque no tiene carga o porque tenemos computadoras insuficientes en los centros. Eso nos pasa en todos los lugares.

Yo he estado como director en varios centros y es una realidad que trasciende a todos los centros educativos. Entonces esto implica que el celular, en algunas circunstancias, es una herramienta pedagógica, pero en otros momentos, cuando carece de control y regulación por parte del docente, se transforma en un problema porque se hacen registros fotográficos y de video que luego se suben a las redes para desafíos y ese tipo de cosas.

Y por supuesto que es un elemento disruptivo que distorsiona y distrae a los estudiantes, afectando los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Nosotros, contemplando y valorando todo esto, decidimos buscar una forma que tuviese un sentido pedagógico concreto. Pensamos que pelear contra la tecnología o contra el celular no era el camino correcto y que una medida de tipo punitiva, como impedir el acceso a los celulares o impedir que los estudiantes concurran con teléfono, podía terminar afectando más el clima institucional que favoreciendo la situación.

—¿Le haría una reacción violenta?

—Es posible que haya un rechazo importante, como tú decías. De todas formas, tiene gente a favor y gente en contra; siempre va a pasar eso. Pero nosotros elegimos un camino que nos parecía menos punitivo que decirle directamente que no al teléfono celular. Tampoco confiscarlos temporalmente al llegar a la institución para luego entregarlos porque el docente los necesita o al finalizar la jornada educativa.

Nos parece que ese no es el mejor de los caminos porque, además, si nosotros queremos optimizar el tiempo pedagógico, si el docente necesita los celulares y estos no están dentro del aula, alguien tiene que concurrir a buscarlos y ahí hay una pérdida de tiempo áulico en toda esa logística.

—Ahora, si el docente lo solicita para el trabajo en el aula, ¿se le entrega los celulares?

—Exactamente. Eso implica que yo tenga que explicar un poco cómo funciona este protocolo. Nosotros establecimos lo siguiente: en primer lugar, el estudiante va a tener en su poder el teléfono celular y, en el aula, deberá mantenerlo dentro de la mochila, salvo en aquellas circunstancias donde el docente establezca como consigna sacar el teléfono para utilizar alguna de estas cuestiones que ya mencionamos.

En caso de que el estudiante no quiera mantenerlo en la mochila o se reitere la situación —porque a veces lo colocan en forma temporal y luego lo vuelven a sacar cuando el docente está en otra cosa—, vamos a tener un dispositivo para el resguardo de los teléfonos celulares. Será una especie de mueble de madera que se está diseñando y que estará empotrado y amurado en el salón, con llave. Ahí se colocarán los celulares hasta que el docente requiera su uso o hasta que termine la clase.

—A destacar que este locker que están colocando ustedes es individual, no es un recipiente donde van todos los celulares.

—Exactamente. Y creo que eso es lo interesante también de esta medida. Cuando pensamos en un dispositivo para los celulares, lo primero que se nos ocurrió fue una caja, ya sea con tapa o de plástico transparente, como hemos visto en otras instituciones. Ahí todos los celulares van juntos, mezclados, y también existe un riesgo para la institución si alguno se rompe y después quién se hace cargo de eso.

Entonces, como nosotros tenemos esa capacidad por ser educación técnica y por ser la UTU, se nos ocurrió que los estudiantes podían participar en la construcción de los lockers. Y eso es lo que específicamente está haciendo ahora el grupo BTP de muebles y equipamiento.

Están construyendo, en base a diseños que ellos mismos propusieron, distintos modelos: uno en forma de árbol, otros con espacios individuales verticales y horizontales. Va a haber distintos diseños.

¿Por qué? Porque se transformó en una prueba de clase. El docente lo colocó dentro de su planificación como una evaluación más para los estudiantes, en el marco del curso taller de muebles y equipamientos del Bachillerato Tecnológico Profesional.

—¿Fue un aporte también sobre la creatividad de los estudiantes?

—Por supuesto. Hicimos de un problema una oportunidad pedagógica y eso creo que es muy rescatable. Tiene mucho que ver también con la tarea docente, porque acá hubo un aporte del docente que se los propuso a los estudiantes y hubo una muy buena recepción de parte de ellos.

Yo mandé algunas fotos respecto a cómo ha sido el avance hasta ahora y venimos trabajando en eso. Nos parece un aporte muy significativo, sobre todo en términos de apropiación por parte de los estudiantes.

Y vamos a tener otra etapa posterior: vamos a consultar a los delegados para que evalúen el protocolo y propongan eventuales cambios. Esos cambios se trasladarán luego al propio protocolo para modificarlo si corresponde. Así también se da lugar a la participación estudiantil.

¿Por qué? Porque queremos, antes que nada, preservar el clima institucional. No queremos estar peleando contra el celular; queremos darle un sentido pedagógico a las medidas y, a su vez, no tensar la relación alumno-docente dentro del aula.

—Hoy yo te consultaba cuán importante y cuán negativo puede ser el uso del celular. Hablábamos de la inmediatez que te da a la hora de estudiar y crear contenido o buscar respuestas. Y también cuánto aporta desde el otro lado para lograr pensamiento crítico, entender un texto y analizarlo, porque hoy el celular te lo da y, con la inteligencia artificial, más aún. Ni siquiera te preocupás en hacer un resumen.

—Sí, la presencia hoy de la inteligencia artificial, sobre todo por el acceso a enormes volúmenes de información, coloca al docente en una situación distinta. Ya no es el dueño del conocimiento ni del saber.

Entonces hoy, más que nunca, la figura del docente y del sistema educativo están frente a un paradigma que está cambiando, porque la educación tiene que acompañar estos cambios, que además son cada vez más acelerados.

Como tú decís, hay un montón de aspectos donde la inteligencia artificial parece suplirnos y esto atenta contra los aprendizajes en el sentido tradicional.

Entonces, ¿cuál es el lugar del docente? Ahí se abre un debate riquísimo, que todavía está en proceso y que creo que seguirá así durante muchísimo tiempo.

La realidad de hoy no es la de hace 10, 15, 20 o 30 años. Creo que es un error comparar situaciones de décadas atrás, cuando decimos “en nuestros tiempos no había esto”. Claro que no había. De hecho, salvo escritores como Isaac Asimov, nadie imaginaba esta realidad tecnológica que tenemos hoy.

Son escenarios totalmente distintos y el sistema educativo tiene que ir adaptándose, reconstruyéndose y reinventándose en este proceso.

Por ahora, la inteligencia artificial no es capaz de sustituir al docente en el aula y, en lo personal, entiendo que eso no va a pasar en la enseñanza media. Sí hay una readecuación de la figura docente. Como dije, ya no es el dueño del conocimiento.

Hoy el conocimiento está al alcance de los estudiantes a través de internet y, sobre todo, de la inteligencia artificial, que por cierto también comete errores y hasta inventa cosas. Justamente ahí entra la figura del docente.

El docente tiene que mediar entre ese conocimiento ya procesado que brinda la inteligencia artificial y lograr que el estudiante sea capaz de analizarlo críticamente, detectar sesgos o errores eventuales en la información.

Es un tema para abordarlo con otra profundidad, pero está claro que la inteligencia artificial y las redes hoy están presentes en el aula y no son enemigas del proceso de enseñanza y aprendizaje. Hay que integrarlas y convivir con ellas. Ahí está el desafío más grande.

Esta medida la tomamos para poder controlar y adecuar el uso de los teléfonos celulares como herramientas para el aprendizaje y no como elementos distorsivos dentro del aula.

—La responsabilidad va a ser del docente, evidentemente. Quizás no tanto acá en la UTU por el sistema de depósito, pero voy a abusar de tu generosidad preguntándote quién va a tener la responsabilidad de controlar que el docente no haga uso del celular para cuestiones personales mientras los estudiantes trabajan. Es una de las preguntas que hacen mucho los jóvenes estudiantes.

—Sí, hay una cosa que hay que tener en cuenta: es distinto el uso que puede darle el docente al teléfono celular. En primer lugar, todo lo que es el portafolio docente, desde el pasaje de lista hasta el registro de la clase dictada, se hace a través del celular.

Hemos vivido todo un proceso. Hace años se instalaron computadoras en las salas de profesores; luego eso se retiró porque se vio que no se utilizaba. Después se empezó a utilizar la laptop y hoy prácticamente todos tenemos un teléfono inteligente con múltiples funciones, por lo que muchos docentes encuentran más fácil realizar esas tareas desde el celular.

Por lo tanto, cuando el docente está haciendo uso del teléfono dentro del aula, es muy probable que lo esté haciendo para registros de clase, inasistencias y calificaciones.

No deberían los estudiantes prejuzgar en ese sentido. Yo no estoy diciendo que ningún docente lo utilice para fines particulares, pero reitero lo siguiente: el control pasa primero por la ética profesional de cada uno.

Por supuesto que, si un docente descuida el ambiente del aula para dedicarse a cuestiones personales con el teléfono, está afectando los procesos de aprendizaje. Pero sinceramente confío mucho en nuestro colectivo docente. Creo que es un colectivo comprometido con la educación pública y con la educación de los jóvenes, por lo tanto no creo que eso esté pasando de forma generalizada.

No digo que no exista algún caso puntual, pero en la mayoría de las situaciones cuando el docente utiliza el teléfono dentro del aula es para el portafolio digital.

—Tú me dijiste que inicialmente dialogaron con los padres. ¿Qué devolución tuvieron? ¿Aplaudieron? ¿Se enojaron? ¿Están abiertos a que, quizás en un día donde no sea necesario el uso del teléfono, el chico no lo traiga?

—Bueno, eso queda a criterio de los padres. Pero en sí la medida fue bien recibida en general. También justificaron en algunos casos por qué los estudiantes venían con teléfonos celulares y lo entendimos perfectamente.

Hay chicos que viajan en ómnibus y las familias quieren tener contacto durante ese trayecto, que a veces es bastante largo. Existe la necesidad de que estén comunicados.

La tecnología existe y está al alcance de la mano. Insisto en no comparar épocas anteriores con esta. Hoy la tecnología está presente, nos apropiamos de ella, la internalizamos y hasta generamos una dependencia. Por supuesto que sí, pero es la realidad actual de nuestra sociedad.

Los padres vieron bien la medida y son dueños de tomar la decisión de que su hijo no vaya con teléfono celular, valorando los pros y contras.

Nosotros no estamos planteando eso. El teléfono puede venir. Sabemos que el 90% de los estudiantes tiene un teléfono móvil inteligente y va a estar acá, pero sí decidimos tomar esta medida con un sustento pedagógico y buscando transformar esto también en una oportunidad de aprendizaje, no solamente en la disciplina concreta de carpintería, sino también en otras áreas.

—Gracias a ti.