Manuela Loreley Méndez Guerra, de 63 años, es orgullosamente oriunda de Carlos Reyles. Hija de Manuela y Lorenzo, nació en una familia numerosa: “Mis padres tuvieron 19 hijos; vivieron 17. Hoy quedamos 7”.
Por Anabela Prieto Zarza
Su familia es numerosa: sobrinos y sobrinos nietos. “Mamá llegó a conocer un tataranieto”.
Asistió a la Escuela Nº 22 de Carlos Reyles, donde aún conserva compañeros, amigos y familia.
Estuvo casada con Eduardo Egaña, una hermosa persona, docente y muy querido. Hace 23 años que enviudó, por lo cual tuvo que criar a sus dos hijos sola. Destaca el apoyo permanente de su familia, de los tíos de los chicos y de sus compañeros de trabajo.
Es mamá de Joaquín y Tabaré, dos hermosas personas, hoy hombres, con sus familias formadas y realizados profesionalmente. Tabaré y Valentina viven en Durazno y son los papás de Lorenzo y Pilar. Joaquín y Lucía viven en Montevideo. “Me siento muy feliz con la familia que tengo”.
Actualmente, la vida le ha dado la posibilidad de conocer a Juan, su compañero, con quien está en pareja.
Hace 34 años ingresó al hogar mixto del INAU en Montevideo, donde vivían niños que eran hermanos. Tiempo después se trasladó a Durazno. Allí, junto a dos o tres compañeras, comenzaron a sentir la necesidad de conversar sobre otros temas, cuestiones que no eran directamente del trabajo, pero que incidían en él.
Hablaban de las condiciones laborales en las que se desenvolvían, en su mayoría mujeres, de las necesidades de los trabajadores y también de las de los niños, niñas y adolescentes con los que trabajaban. Los funcionarios no estaban sindicalizados y sentían que: “si se vulneraban nuestros derechos como trabajadores, también se vulneraban los de los niños, niñas y adolescentes”.
Comenzaron a reunirse con compañeros de otros departamentos y con Joselo López actual Presidente del Sindicato a nivel nacional, que más o menos era de su misma época. Las invitaron a participar en las asambleas mensuales y, poco a poco, vieron que ellas también podían formar una mesa sindical en Durazno.
No fue fácil. Había temor y desconocimiento. Pasaron muchos años, pero finalmente llegó el momento en que se sintieron fuertes, capaces y apoyadas por los compañeros, tanto de Durazno como de otros departamentos. Necesitaban cinco integrantes y, como dice Loreley: “lo logramos, se formó la mesa en Durazno”.
Hoy son parte de SUINAU y Loreley integra la Mesa Sindical como suplente. El trabajo de tantos años ha dado sus frutos: están consolidados, con mucho apoyo y unión por parte de los trabajadores. Juntos, los objetivos se alcanzan.
A nivel personal, sus aspiraciones pasan por que su familia continúe unida, con salud y trabajo. A nivel gremial manifiesta “que sigamos protegiendo nuestros derechos como trabajadores y los derechos de los niños, niñas y adolescentes”.
Su mensaje:
“Compañeras y compañeros, a redoblar la lucha y la esperanza. Por un sindicato cada día más unido y fortalecido”.
