Belkis Yanet Budes Benítez, de 49 años, es hija de Néstor, quien falleció muy joven, y de Cristina. Es la del medio de tres hermanas: Mónica y Laura. Es tía de tres hermosas sobrinas: Victoria Josefina, Franchesca y María Carmin, “que es la más chica y además es mi ahijada”.
Por Anabela Prieto Zarza
Desde hace 28 años está en pareja con Katherine Marques, y es mamá de Ian, un hermoso niño de 10 años que es “nuestro bebé, nuestro hijo, es todo”.
Creció en el barrio La Palma. Concurrió a la Escuela Nº 10 y, cuando llegó la época de ir al liceo, decidió que no era lo suyo. Optó por el Taller Municipal de Artes Plásticas, donde durante cuatro años realizó hilado de lana y telar. Incluso llegó a ser convocada por Manos del Uruguay, pero era muy chica y su padre no la dejó. Luego se recibió de cocinera y repostera en UTU.
Siempre quiso ser independiente económicamente. A los 16 años comenzó a trabajar en un residencial, cuya dueña la llevó luego a Montevideo.
Vivió 21 años en la capital, donde tuvo varios trabajos. Durante seis años fue encargada en una fábrica de buffles. En ese tiempo, la dueña le preguntó si, después del horario laboral, podía cuidar a su madre, que estaba internada en un hospital. Belkis aceptó.
Eso marcó su destino sin que lo supiera. En ese hospital estaba Kathe, con su mamá también internada. Se conocieron, y lo demás simplemente pasó. Como ella misma dice, desde entonces, toda una vida juntas.
Posteriormente, ambas trabajaron en FRIPUR. Se avecinaban tiempos difíciles y comenzaron a sentir que ya no era lo mismo vivir en Montevideo. Así empezó a madurar la idea de radicarse en Durazno, en busca de mayor tranquilidad. Cuando FRIPUR quebró, la decisión se concretó.
Mónica hacía dos años que se había instalado en Durazno. En una visita, Belkis y Kathe le dejaron sus currículums, que ella entregó en CAMEDUR. A los tres días, ambas fueron convocadas a una entrevista laboral.
Belkis ingresó en la cocina y Kathe como auxiliar, aunque al poco tiempo también pasó a la cocina, donde trabajan hasta el día de hoy.
Belkis siempre quiso ser mamá. Estando en Montevideo, decidieron iniciar un proceso de inseminación, pero atravesaron cuatro intentos fallidos.
Decidió no intentarlo más, pero ya en Durazno, en una consulta ginecológica, volvieron a alentarla y retomó el proceso. En determinado momento, decidió detenerlo. Definieron que no continuarían.
Hoy siente que todo ocurrió así porque Ian estaba destinado para ellas. Cuando decidió suspender el tratamiento, Ian ya había nacido, aunque ellas aún no lo sabían.
Tiempo después se enteraron de que el sistema de adopciones se había descentralizado, y que ya no era necesario trasladarse a Montevideo. Se anotaron en Durazno. El proceso llevó dos años, tras los cuales les confirmaron que podían adoptar.
La espera no fue corta ni sencilla, pero finalmente Ian llegó a sus vidas con siete años, con una gran necesidad de recibir todo lo que ellas tenían para dar: amor, cuidados y atención en todos los sentidos.
Belkis es “mamá” y Kathe es “mami”. Ian está plenamente integrado a la familia y transita un camino que ellas esperan culmine en una adopción plena.
A Belkis siempre le interesó la política, pero encontró en la actividad gremial una forma más cercana de ayudar a sus compañeros y defender los derechos de los trabajadores. Fue invitada a integrar una lista, lo que marcó su primera aproximación. Más adelante integró otra y resultó electa, pasando a formar parte de la Directiva de AFUCA. “De hecho, el viernes pasado fueron las elecciones y seguimos en la directiva, ocupando la Secretaría”.
Tiene claro que el trabajo sindical requiere preparación, vocación y compromiso: estar siempre disponible, conciliar intereses y trabajar por el bien común. No cree en la confrontación directa con las empresas, sino en avanzar en conjunto para que todos ganen. Cuando se logran acuerdos o se resuelven situaciones laborales, siente que está en el camino correcto. “En esto sos honorario y full time”.
Integra además la Comisión de Salud Laboral, un espacio que le apasiona: “Se trata de cuidar al trabajador, su salud, sus hábitos, el ambiente laboral, el espacio físico. Falta mucha información y mucho por hacer, pero eso hace que la tarea sea más desafiante”.
El mes pasado fue invitada a integrar el equipo de formación sindical de la FUS. Disfruta especialmente poder contribuir en la formación de nuevos gremialistas. “Un grupo de instructores nos capacita para esa tarea. Implica viajar a Montevideo, pero no importa”.
Durante la pandemia, junto a otras compañeras de la cocina de CAMEDUR, impulsó la campaña de la merienda, llegando a cientos de niños en situación vulnerable.
Los niños la movilizan profundamente. Por eso continúa trabajando por ellos, articulando con personas que colaboran con ropa y alimentos. En fechas especiales como el Día del Niño, Navidad o Reyes, organiza o apoya actividades, consciente de la alegría que significa recibir un regalo o abrigo. Alegría y amor.
Su mayor anhelo hoy es la recuperación de Kathe, quien atraviesa un proceso oncológico. Está haciendo todo lo necesario desde lo médico, con el invalorable apoyo de toda la familia. “Mis hermanas y mi madre son de fierro, están al pie del cañón para nosotras”. También, cada día, eleva su fe y esperanza en su sanación.
A nivel gremial, aspira a lograr mayor transparencia en los sindicatos, fortaleciendo la confianza para que todos los trabajadores se sientan parte, y que estos espacios sean verdaderamente apolíticos.
Su mensaje:
Un saludo a todos los trabajadores de Uruguay y del mundo, especialmente a los de la salud, y muy especialmente a sus compañeros de CAMEDUR. Juntos por mejores condiciones laborales para todos.
