Valentina Viera Alvez, de 36 años, es hija de la conocida maestra Claudia Alvez y de Alejandro Viera. Es la del medio de cinco hermanos: María Alejandra y Pablo, los mayores, y Estefanía y Juan Bautista, los menores. Es la tía compinche de cinco sobrinos: Candelaria, Renata, Josefina, Enzo y Simón. Vive en pareja con su compañero de vida, Damián.
Por Anabela Prieto Zarza
De niña concurrió a varias escuelas rurales, acompañando los destinos laborales de su madre, aunque en la que permaneció más tiempo fue en la Escuela Nº 6. Luego asistió al Liceo Nº 2 y finalizó secundaria en el Rubino.
Cuando llega el momento de irse a estudiar a Montevideo, opta por la carrera de Diseño Gráfico en la Escuela de Comunicación de UTU. La cursa mientras trabaja para ayudar a su sustento.
En el último año, sin tener muy claro el motivo, quizás por inmadurez o porque no era su verdadero camino, abandona y regresa a Durazno. En busca de nuevas oportunidades, comienza a trabajar como administrativa en una empresa privada.
Al año siguiente inicia Magisterio. Recuerda: “Cada vez que mamá me decía que hiciera magisterio, yo le contestaba que ni loca, pero en el momento en que empecé a cursar la carrera me di cuenta de que era mi vocación, que era lo mío”.
De todas formas, considera que su experiencia previa en Diseño le aportó muchísimo; necesitaba transitar ese proceso personal para definir su camino. Además, le dejó aprendizajes muy valiosos. Su vocación llegó como y cuando tenía que llegar.
Luego de recibirse, trabaja un año en la Escuela Rural de Las Tunas, después en una escuela de tiempo completo en Trinidad. Recuerda una etapa en la que trabajaba de mañana en la Escuela Nº 6 y, a contraturno, como maestra comunitaria atendiendo varias instituciones. Incluso, durante un año, viajaba por la tarde a la ciudad del Carmen. Esa tarea comunitaria la llevó a generar muchos vínculos con otros docentes.
Como experiencia complementaria, antes de recibirse, comenzó a dar clases particulares. Inició en esa etapa y lo sostuvo de manera continua hasta mediados del año pasado. Empezó con una alumna a la que había acompañado como practicante en nivel inicial y, con el tiempo, fue ampliando ese espacio. Durante la pandemia, esta labor cobró especial relevancia, ya que, sin ser una propuesta formal, se convirtió en uno de los apoyos más cercanos a la enseñanza presencial. Aun así, reconoce que es algo que extraña, ya que representaba un momento de disfrute personal y de conexión genuina con la tarea de enseñar.
Otra de las experiencias que destaca es su trabajo en las Escuelas de Verano. Desde que se recibió, solo un año no participó de esa propuesta.
Actualmente se desempeña en la Escuela Nº 65 de tiempo completo.
Al recibirse, se afilia inmediatamente a AMAD (Asociación de Maestros de Durazno). En un principio lo hace acompañando a su madre, quien tenía una intensa actividad gremial. De todos modos, no era un ámbito desconocido para ella, ya que desde niña participaba de las asambleas del gremio.
Hace cuatro años integró una lista y, en 2024, encabezó la que resultó ganadora, por lo que hoy es la presidenta de AMAD.
Considera que el sindicato, en ocasiones, es visto únicamente como un espacio de reclamo. Sin embargo, su visión es más amplia: lo entiende como un ámbito de construcción colectiva donde, además de defender los derechos de los trabajadores, se puede participar activamente en la mejora de la educación.
Está convencida de que los docentes ocupan un lugar central en la sociedad, ya que muchas de las problemáticas sociales llegan primero a la escuela. En ese sentido, entiende que su rol trasciende lo pedagógico y adquiere una dimensión profundamente social, que requiere acompañamiento, compromiso y respuestas colectivas.
A nivel gremial, sostiene la importancia de fortalecer un colectivo docente unido, participativo y con voz en los espacios de decisión. Entiende que tanto maestras como maestros deben asumir un rol activo en la construcción gremial, reconociendo al mismo tiempo el papel histórico que han tenido las mujeres en la organización y defensa de la educación pública.
A nivel personal, siente que tiene muchos sueños por cumplir, no ligados a objetivos puntuales, sino al deseo de seguir creciendo en todos los aspectos de su vida. Al mismo tiempo, se muestra agradecida por el camino recorrido y por lo construido hasta ahora.
Su mensaje:
“Siempre, pero en este día en particular, es importante recordar que los derechos que hoy gozamos son fruto de la lucha colectiva, y que seguir trabajando organizados es la forma de mantener y mejorar esas conquistas. Sobre todo en el contexto actual, en el que la educación enfrenta continuos desafíos”.
