Para otros, un problema. Para ella, una oportunidad

María Cecilia Guanco López, de 36 años, es hija de Raquel (docente jubilada) y Rodolfo (militar retirado, aunque continúa en actividad en otras áreas). Es hermana de María Laura (radicada en Chile con su familia) y de María Eugenia, y tía de cuatro niños, hijos de sus hermanas.

Por Anabela Prieto Zarza

Junto a Sebastián Tartaglia, es mamá de Justina, de 7 años. También integra la familia Francesca, de 11, hija de Sebastián.

Cecilia creció en Durazno. Cursó en la Escuela N.º 85, luego en el Liceo N.º 2 y finalizó secundaria en el Rubino. A los 18 años decidió comenzar a trabajar e ingresó al Centro Comercial, donde se desempeñó como cadete y realizando tareas de gestoría. Permaneció allí durante seis años, y luego pasó a Cere Oil, una empresa de servicios y comercialización de productos agrícolas. Posteriormente ingresó a Barraca Erro, siempre en el área administrativa.

Fue trabajando en Erro donde conoció a Sebastián. Hace diez años que están juntos, formando una hermosa familia.

Cecilia recuerda su infancia con cariño. Era muy pequeña cuando su abuela materna le enseñaba a hacer recetas, que ella anotaba en un cuaderno de doble raya. Le encantaría encontrarlo, y sabe que en algún lugar debe estar. Comenzó con escones y luego con otras preparaciones, asociadas a los sabores de su abuela y a la complicidad que compartían. Sin saberlo, allí se iba sembrando la semilla de su vocación por la cocina y la repostería.

En su adolescencia le encantaba buscar recetas; se quedaba con los cuadernos de su madre y con colecciones de publicaciones como las del diario El País, que terminaban en su biblioteca. Eran señales claras de lo que sería su pasión.

Mientras trabajaba en Cere Oil, realizó un curso de gastronomía profesional que abarcaba distintas áreas de la cocina. Lo hizo simplemente por ella, por gusto. Comenzó elaborando pastafrolas y tortas como hobby, pero pronto empezó a vender. Lo hacía en sus tiempos libres, hasta que descubrió que realmente le apasionaba y que cada vez tenía más pedidos.

Durante su etapa en Erro fue enviada al Seguro de Paro con pocos meses de embarazo. Nació Justina. Tres meses después, al momento de reintegrarse tras la licencia maternal, fue despedida.

Fue un sacudón fuerte: salir a buscar empleo con una bebé no es fácil. La pregunta fue inevitable: ¿qué hago? Cecilia, frente a las situaciones que la vida le presenta, suele apoyarse en su entorno familiar para tomar decisiones, pero una vez que define un objetivo, va por él. Y así lo hizo.

Conjugó sus habilidades como repostera con su espíritu emprendedor y, con el dinero de su despido, además de cubrir los compromisos familiares, destinó una parte importante a profesionalizarse. Positiva por naturaleza, invirtió en cursos de repostería. Era necesario perfeccionarse. Así comenzó a trabajar desde la cocina de su casa.

La venta de tortas y postres empezó a crecer, basada en el método de difusión más antiguo del mundo: el boca a boca. Así nació Sweet Justina.

Luego llegó un nuevo desafío: la pandemia. Sin embargo, para Cecilia no fue una pausa total. Las reuniones eran más pequeñas, las tortas también, pero el trabajo continuaba. Fue consolidando su clientela. La cocina de su casa empezó a quedarle chica y muchas veces trabajaba de madrugada, cuando Justina dormía.

“Tuve el apoyo de mi esposo y de mi familia. Fue necesario incorporar una batidora profesional, un horno grande… hasta que la cocina me quedó chica”, recuerda.

Los vecinos comenzaron a preguntarle si tenía algo para la merienda. Hasta ese momento, trabajaba solo por pedidos, pero empezó a analizar la posibilidad de ofrecer opciones más sencillas: alfajores, cookies… Para eso necesitaba una vitrina exhibidora, una heladera para refrescos y jugos, y adaptar el espacio.

Así llegaron las reformas en su casa: una cocina independiente y mesitas para los clientes. Sweet Justina crecía, al mismo ritmo que su hija.

Hoy no da abasto. Su fuerte sigue siendo el trabajo por pedidos, pero las mesitas que incorporó pensando en el formato “take away” fueron transformándose: la gente se queda, disfruta del lugar.

El entorno acompaña: un espacio tranquilo, con una hermosa vista frente al Parque de la Hispanidad y una placita nueva y acogedora. Las mesas exteriores, hechas por su esposo, completan el ambiente. Aunque sigue siendo un lugar de paso, Cecilia proyecta seguir invirtiendo para que sus clientes puedan quedarse más tiempo, incluso con reservas, ya que muchos lo solicitan.

Su hermana María Eugenia es quien más la ayuda, especialmente los fines de semana, encargándose, por ejemplo, de la cobranza.

Cecilia es feliz con su emprendimiento. Cree que aquel despido fue, en realidad, un impulso, el detonante que necesitaba para animarse. Hoy agradece ese momento, porque le permitió convertirse en quien es.

Para conocer más sobre su actividad, se la puede encontrar en redes sociales o visitarla personalmente:
Instagram: @sweet.justina_
Facebook: SweetJustina
Celular: 099 969 186
Tortas personalizadas
Julio Arrillaga esquina Los Tordos

En sus tiempos libres, disfruta pasear, compartir en familia y viajar a Punta del Diablo, donde tienen una casita que aprovechan mucho. A Justina le encanta viajar y suele incentivarlos a salir, como el año pasado, cuando visitaron Mundo Marino.

Cecilia se siente una mujer realizada. Ha ido logrando lo que se ha propuesto. En lo material, tiene lo que necesita, pero por sobre todo valora que su familia tenga salud, que es lo más importante.

Su historia de vida, y ella misma, nos recuerdan que siempre es posible encontrar el lado positivo de las situaciones. Aun cuando algo parece negativo en un principio, siempre existen otras salidas.