En una época donde la prensa gráfica uruguaya era territorio casi exclusivo de hombres, Odesa Lagazeta construyó una trayectoria singular desde la década de 1940, dejando un archivo que hoy permite leer otra historia visual del país.
Hablar de Odesa Lagazeta es retroceder a un momento clave del Uruguay del siglo XX, cuando la fotografía comenzaba a consolidarse como herramienta periodística y registro social, pero aún estaba lejos de ser un espacio abierto para las mujeres.
Nacida en 1926 en el departamento de San José, Lagazeta se trasladó joven a Montevideo, donde inició su formación en fotografía en la UTU. Ese dato, que puede parecer menor, ubica su recorrido en una época en la que el acceso a la formación técnica no era habitual, y mucho menos para una mujer interesada en el oficio fotográfico.
A comienzos de la década de 1940, Uruguay vivía un período de transformación urbana y cultural, con una prensa gráfica en expansión. Fue en ese contexto donde Lagazeta logró insertarse profesionalmente, trabajando en medios como El País y El Día, dos de los diarios más influyentes del país en ese momento. Su presencia en redacciones no solo implicaba el ejercicio de la fotografía, sino también abrirse camino en un ambiente laboral fuertemente masculinizado.
Su trabajo abarcó distintos registros: desde eventos sociales hasta espectáculos, pasando por coberturas teatrales. Durante años estuvo vinculada al Teatro Bartolomé Macció de San José, donde desarrolló una mirada cercana al mundo escénico, captando no solo la representación, sino también los gestos previos y posteriores a la función. Ese tipo de imágenes, muchas veces fuera del foco principal, terminan hoy adquiriendo un valor documental significativo.
A diferencia de otros fotógrafos de prensa de la época, cuyo archivo fue ampliamente difundido, gran parte del trabajo de Lagazeta permaneció disperso o poco sistematizado durante décadas. Sin embargo, con el paso del tiempo, instituciones como el Centro de Fotografía de Montevideo han contribuido a recuperar y poner en valor ese material, permitiendo reconstruir su aporte dentro de la historia visual del país.
Su trayectoria no se define únicamente por haber sido “la primera mujer” en determinados espacios —aunque ese dato es relevante—, sino por haber sostenido una práctica constante en un contexto adverso. En una época sin las facilidades técnicas actuales, donde cada toma implicaba un proceso más lento y costoso, su producción da cuenta de una mirada atenta a lo cotidiano, a los márgenes de la escena principal.
Montevideo y el interior del país de mediados del siglo XX aparecen en sus imágenes como escenarios en transformación: teatros, calles, eventos sociales, rostros anónimos. En ese registro, su trabajo dialoga con una época donde la fotografía comenzaba a construir memoria.
Hoy, revisitar la obra de Lagazeta no es solo recuperar una figura olvidada, sino también entender cómo se fue construyendo el lugar de la mujer dentro de la fotografía uruguaya. Su cámara no solo captó imágenes: también abrió un espacio donde antes no lo había.
Archivo Casa Dominga (San José) / Centro de Fotografía de Montevideo (CDF)


