Lucía Piñeyro Choca no eligió la odontología por vocación. De hecho, a los 18 años dudaba, como dudan muchos jóvenes cuando tienen que decidir algo que marcará su vida. Pero a veces el camino aparece en los lugares más inesperados: en su caso, empezó con un práctico de dientes en secundaria. Hoy, a sus 36 años, es odontóloga, mamá, esposa y una profesional que encontró su propio lugar dentro de la estética dental, ayudando a que las personas recuperen algo más que una sonrisa: la confianza.
Por Anabela Prieto Zarza
Se sabe una persona muy cariñosa, familiera, amiguera y compañera. Su carácter, propio de su signo, Libra, la define bastante bien: duda, analiza, pero finalmente decide con seguridad. Como ella misma dice: “Soy Libra de libro, cumplo con muchas características de mi signo”.
Hija de Claudio Piñeyro Rodales y Rosario Choca Xavier, y hermana de Luciano, está casada con Ignacio (Nacho) Erramuspe y es la feliz mamá de Guillermina (4) y Paulina (Pauli, de 2).
Tiene un vínculo especial con sus abuelos: la abuela Olimpia, para ella “Tati”, y Waldemar, para ella el “Tata Choca”. Un recuerdo especial para la abuela Teresa, que ya se encuentra en otro plano.
De niña fue a la Escuela Nº 1, luego al Liceo Rubino y después a la Udelar, Facultad de Odontología: digna hija de la educación pública.
La decisión de la carrera no fue vocacional. A los 18 años es difícil tomar una decisión que va a afectar el resto de tu vida laboral. Le gustaban mucho las letras: abogacía, escribanía, pero lo descartó e hizo Biológico en secundaria. Lo anecdótico y determinante y lo cuenta entre risas, fue que todas sus amigas y compañeras habían elegido Medicina; ella les decía que iba a ser aburrido que todas fueran médicas. Casualmente, tuvieron un práctico de dientes, le gustó, se interesó y fue por ahí que definió odontología.
Considera que fue una privilegiada porque, una vez que ingresó a Facultad, una de las primeras materias que tuvo fue Anatomía, que la atrapó. Siempre fue buena estudiante; nunca tuvieron que mandarla a estudiar. Como sabía lo que quería, era muy aplicada y además autoexigente. Hizo la carrera en tiempo y forma.
La Facultad de Odontología es muy demandante: exige mucho estudio, tenés que conseguirte un paciente y que ese paciente no falle. Es una carrera muy sacrificada. Reconoce que, además del apoyo de sus padres, fue importante la contención de sus amigas de toda la vida, que convivían y compartían con ella, que se convierten en familia cuando sos del interior.
“Con mis amigas de facultad, hablamos de cosas de odontología, pero más de cosas personales. Fueron un gran apoyo durante la carrera”.
Dentro de la carrera es necesario descubrir tu camino, encontrar tu especialidad. A ella le costó un poco esa identificación; es odontóloga general. Hizo la primera parte de la especialidad de implantología, que es lo que más le gusta: los implantes. Pero se fue metiendo, de a poco, en la estética. Comenzó a hacer cursos y a incursionar en ese mundo que cada vez la fue atrapando más, desde hace unos años.
Buscó y encontró su identidad, lo que le permite decir que no se dedica a “todo”, sino a un área específica. Tiene claro lo que puede o no hacer, lo que le gusta o no, y deriva pacientes cuando considera que otro colega puede resolver mejor determinados temas. Cree que es parte de la responsabilidad profesional tener esa capacidad de definir qué hacer.
Actualmente se dedica fundamentalmente a todo lo que tenga que ver con estética, además de implantes y rehabilitación. Cuando habla de estética se refiere a blanqueamientos, carillas, coronas (no le gustan los metales). Hoy hay mucha más conciencia sobre la importancia de la higiene bucal y la prevención; es en lo que más trabaja en su consultorio. Trata de que el paciente logre recuperar la confianza, recuperar su salud bucal y la sonrisa. “Les digo a mis pacientes: la prevención es el tratamiento más económico, mantener una higiene bucal adecuada te garantiza la salud y te cuida el bolsillo”
Actualmente se está considerando la salud bucal como parte de la salud general del cuerpo humano. La boca es parte de tu cuerpo y no puede considerarse aisladamente. Lo que pase en tu boca va a repercutir en tu salud. Los agentes patógenos que se encuentran en la boca, todo lo relacionado con la periodoncia, puede repercutir en la salud cardiovascular, en las embarazadas, entre otros casos. Por lo tanto, la boca es parte del cuerpo y hay que cuidarla como cuidás todos tus órganos. Así como vas al cardiólogo, al ginecólogo o al oftalmólogo, también debés ir al odontólogo para cuidar la salud de tu boca.
La sociedad tiene que cambiar el concepto sobre la visita al dentista: no esperar a tener un problema ni a tener dinero. Se debe tener claro que los controles deben hacerse cada seis meses y que la participación de los padres en la creación de hábitos, fundamentalmente en la primera infancia, es clave.
Lucía, de acuerdo con los actuales canales de comunicación, está incursionando en redes sociales, donde sube videos informativos y novedades vinculadas a su profesión. Considera que debería hacerlo más, porque es muy importante el alcance de las redes y se llega a mucha gente con información relevante, tratando de corregir mitos.
La pueden seguir en su Instagram: dra_luciapineyro_odontologa, o comunicarse a través del celular: 098 128 234. También visitarla en su consultorio ubicado en 19 de Abril 587.
Con respecto a la participación de la mujer en la odontología, cree que se produce con naturalidad. Incluso en el área quirúrgica, especialmente en cirugía maxilofacial, donde históricamente predominaban los hombres, hoy en día las mujeres se van insertando cada vez más.
Hace una reflexión que me sorprende: “La odontología es una profesión muy solitaria si te dedicás al ejercicio liberal. Estás sola en tu consultorio y tenés que hacer y resolver. No siempre trabajás con un asistente dental”.
Lucía trabaja en la Fuerza Aérea y, como le encanta trabajar en equipo, allí nota la diferencia: tener y dar ayuda, interactuar con otros colaboradores, intercambiar opiniones, trabajar con mucha gente. Tiene que ver también con su forma de ser.
En sus tiempos libres le gusta salir en familia; como siempre, la playa es un atractivo importante, antes a tomar sol, ahora en otro rol: se dedica a “correr detrás de las niñas”. Antes de ser mamá era jugadora de fútbol amateur; le hacía muy bien, se divertía mucho, era su momento de despeje, así como ir al gimnasio. Ahora no tiene mucho tiempo; a veces ve alguna serie o una buena película. Tuvo su momento de lectora por placer, que también quedó un poco atrás.
Se siente una persona bastante plena con lo que tiene: principalmente salud, para ella, su familia y sus amigas. Eso ya la hace feliz. “Sin salud no podés hacer nada de lo que quieras”.
Después desea algunas “cositas complementarias”: momentos compartidos, viajes; le encantaría recorrer el mundo. Que lo demás vaya fluyendo. Continuar creciendo en el trabajo también es importante.
Considera que “todos tenemos algo en nuestro interior; tenemos que escuchar ese sonajero que tenemos dentro, confiar en nosotros y seguir esa llamada interior que te dice: andá por acá, jugátela que es por acá”.
