Migrar, luchar y volver a empezar

Yanisleydis Menendez Acosta, economista cubana de 36 años, migrante en Uruguay, se define como una “echadora para adelante”, porque ha hecho cosas que otros no se atreverían, como empezar de cero en un país que no es el suyo. Es empática y le gusta agradar a los demás.

Por Anabela Prieto Zarza

“Soy luchadora, emprendedora, con miedos, pero los enfrento, porque sobreponiéndose a esos miedos es que se abren los caminos para alcanzar los objetivos. Es la única forma de avanzar, más cuando uno tiene hijos que son el pilar y la motivación para sacarlos adelante. Uno se pone en un segundo plano y los prioriza, para que puedan estudiar y tengan oportunidades para salir adelante”.

Así comenzó Yanisleydis a describirse, con la simpatía que la caracteriza y con la claridad de una mujer que tiene las cosas muy definidas.

Es hija de Sara Acosta, una mujer luchadora que conoce Uruguay, ha venido dos veces, aunque para el gusto de Yanisleydis han sido pocas, y de Pedro Menéndez. Tiene dos hermanos: David Torres, por parte de madre, y Pedro Pablo Menéndez, por parte de padre. Todos quedaron en Cuba: también sus abuelos, sobrinos y el resto de la familia.

Guarda un recuerdo muy especial de su abuelo Vicente Acosta, quien fue como su padre y su madre durante su primera infancia, ya que creció junto a él. Proviene de una familia pequeña y de origen humilde, y es la primera en alcanzar un título profesional, algo que refleja su permanente afán de superación.

Su esposo es Luis Enrique Pérez, ingeniero civil, también cubano. Es mamá de Mayko Llarena, de 18 años, que comenzó la carrera de Licenciatura en Tecnologías de la Información en la UTEC, y de Luis Marcos, de 12 años, que cursa séptimo grado. Ambos nacieron en Cuba. Luis Marcos, según su mamá, parece hablar dos idiomas dice riendo: “cubano con su familia y uruguayo con los demás; está totalmente integrado a nuestras costumbres”.

Nació en la provincia de Cienfuegos, en el centro-sur de Cuba. Allí creció y vivió hasta que decidió migrar a Uruguay. El 13 de octubre de 2018 el avión llegó a Montevideo.

¿Por qué Uruguay? Las respuestas de Yanisleydis vale la pena compartirlas:

“Primero, porque Uruguay entrega documentación, te recibe y te legaliza. No importa de dónde eres: llegas y puedes regularizar tu situación. El migrante es lo primero que busca. No tenía muchas referencias de Uruguay, pero tenía amistades que vivían acá.

Segundo, porque es un país estable económicamente, donde se habla español, te recibe con las puertas abiertas, democráticamente libre, con oportunidades laborales y de estudio”.

Para migrar, tuvieron que vender una propiedad que tenían en Cuba y usar ese dinero para el viaje y la estadía de los primeros meses, porque llegaron a probar suerte, sin trabajo. Lo intentaron en Montevideo, donde estuvieron los primeros tres meses, de noviembre a enero. Con el dinero que traían compraron una camioneta con la que Luis Enrique hacía changas: cortaba pasto, realizaba trabajos de jardinería, mudanzas, lo que surgiera.

En febrero apareció una oportunidad laboral profesional en Durazno para Luis Enrique. Vinieron a conocer la ciudad y a Yanisleydis le encantó: la infraestructura, las calles, la limpieza. Le recordó mucho al lugar de donde venía, tranquilo, y además sintió que los duraznenses eran “divinos”. No lo dudaron: se radicaron en la ciudad.

Posteriormente, a Yanisleydis le presentaron al entonces intendente de Durazno, Lic. Carmelo Vidalín, quien le dijo que tenía trabajo en la Intendencia. Ingresó al Departamento de Hacienda, en la Oficina de Contabilidad.

Cuando se instalaron en Durazno, los chicos debían comenzar las clases, lo que le generaba cierta inquietud. Apenas hacía un mes que habían llegado al país y no sabía con qué se iban a encontrar: dos niños cubanos ingresando a escuelas públicas. Mayko comenzó sexto año en la Escuela Nº 8 y Luis Marcos en jardín. Pero salieron encantados por el trato recibido. Recuerda que una maestra le decía que eran como “el juguetito nuevo” por ser cubanos. Se integraron muy bien y fueron muy bien recibidos; allí se terminaron los nervios y las preocupaciones.

Luego pasaron a la Escuela Nº 9, cercana a su domicilio, y actualmente Luis Marcos asiste al Liceo Nº 3.

Yanisleydis considera que los duraznenses son muy amigables, atentos y serviciales. Le sorprendió que la gente se salude, se conozca o no, algo que, según cuenta, en Cuba no era tan habitual. “Quizá porque la gente ha perdido las ganas”, reflexiona. También le llaman la atención nuestros “gracias”, “por favor” y “a las órdenes”. Hasta hoy, muchas personas les preguntan de dónde vienen.

Sus palabras invitan a reflexionar sobre las cosas valiosas que tenemos en nuestro país y que debemos preservar, esos bienes intangibles que forman parte de nuestra identidad y que muchas veces no percibimos porque creemos que siempre estarán allí.

Con el paso del tiempo notó claramente la diferencia entre Montevideo y Durazno. Hace siete años que están radicados en esta ciudad. A los chicos les costó un poco adaptarse a la comida al principio. Ella dice, entre risas, que “cocina cubano”, y cuenta algunos detalles curiosos: por ejemplo, la milanesa que conocemos en Uruguay, en Cuba se llama “bistec uruguayo”, y así figura en las cartas de los restaurantes.

Se considera una mujer feliz, y lo dice convencida. Mira hacia atrás y siente que tomó la decisión correcta. Al principio hubo momentos difíciles: se sufrió, se lloró, fue duro buscar alternativas, enfrentar los miedos y extrañar. Pero hoy mira el camino recorrido y se siente en paz.

Trabajando ambos en Durazno, compraron su terreno en cuotas mientras pagaban alquiler y comenzaron a construir su casa bajo el régimen de autoconstrucción. Hoy tienen casa propia, trabajo y pueden brindarles educación a sus hijos. Se sienten realizados.

Esta mujer de espíritu inquieto ha hecho de todo: vendía leña con su esposo, elaboraba comida y la vendía en las obras, al mismo tiempo que trabajaba en la Intendencia y su esposo ejercía su profesión.

Actualmente ha instalado una sala de ciclo indoor, actividad que muchos conocen como spinning, aunque en realidad ese nombre corresponde a una marca. Curiosamente, esta iniciativa surgió porque Yanisleydis no conocía este tipo de entrenamiento; en Cuba no existe. Un día fue a una sala, le gustó y descubrió una oportunidad. Tuvo que capacitarse para instalar su sala. Fue creciendo y hoy cuenta con diez bicicletas y diferentes horarios de clases que se pueden consultar en el 093483050 y en la red social Instagram: studio_bike_power.

En sus tiempos libres le gusta hacer deporte: va al gimnasio, hace musculación y también ciclo indoor. Le gustaría hacer más cosas, pero los tiempos no siempre alcanzan, prioriza acompañar a sus hijos en sus actividades y ser una madre presente. Le encanta vacacionar, le gusta el mar, viajar en familia y ya conoce gran parte de Uruguay. Solo le falta conocer Río Negro, Cerro Largo y Artigas. Aun así, sigue eligiendo Durazno.

Tenía sueños que, con el tiempo, ha ido cumpliendo. Uno de ellos era salir de Cuba, progresar y tener oportunidades. Al llegar a Uruguay empezó a concretarlos. Cree que, poco a poco, todo se ha ido dando: tener libertad, sentirse reconocida y valorada, ser independiente, poder trabajar y lograr no solo el auto sustento, sino también el progreso, el sueño del auto propio y de la casa.

Pero por encima de lo material está lo más importante, aquello que sigue siendo su aspiración más profunda: que sus hijos logren ser felices y libres, que se formen, que estudien y puedan construir su propio futuro.

Otro sueño es que su mamá pueda visitarla por tercera vez, pero esta vez para quedarse. También le gustaría traer a su abuelo, aunque él nunca ha querido viajar. Dice que esa sería su felicidad completa. Su mamá es hija única, y por eso todavía no ha podido venir definitivamente.

Cuando piensa en la actitud que hay que tener frente a la vida, lo resume en una frase que la define:

“Atrévete. Es lo primero que se me viene a la mente. No te quedes quieto. Avanza. Inténtalo”.