De la cocina de casa a competir en Valencia

Victoria Rodríguez fue protagonista en el World Paella Day, donde logró destacarse entre chefs profesionales y aseguró su lugar en la instancia final que se disputará en Valencia. Desde una cocina construida a base de aprendizaje propio, llevó una propuesta con identidad uruguaya y una fuerte carga personal.

Victoria Rodriguez

No podés tener pánico.

Bueno, Victoria, gracias por recibirnos y por la amabilidad de darnos unos minutos para conversar. Antes que nada, como te dije hoy en el mensaje, felicitaciones por este desafío que me imagino no debió haber sido nada fácil. Sin duda, después de todo esto queda la satisfacción de que nos vamos a España.

Contame un poco desde el principio cómo fue este desafío y cuál es el paso siguiente.

Bueno, primero que nada, mucho gusto, muchas gracias por todo. Me encuentro muy feliz, muy emocionada.

Para quienes no saben de qué se trata, se está llevando a cabo a nivel mundial una competencia que es el World Paella Day, donde Piriápolis es capital de la paella y este año fue sede continental, no solo nacional. Se estaban desarrollando dos competencias paralelas: una fue el viernes, donde participamos 12 uruguayos y quedaron seis, que pasamos a la semifinal del sábado.

El sábado no solo competíamos los seis uruguayos, de donde salía un seleccionado nacional, sino también la instancia continental, donde existía la posibilidad de una doble corona: campeona uruguaya y campeona continental. En la continental quedé a dos puntos del ganador y la verdad que me siento muy orgullosa. Puse mucho esfuerzo y dedicación, fueron días muy largos para mí, porque no soy chef, soy cocinera de alma. Lo que sé hacer es lo que aprendí en la vida, y siempre que apunto a algo voy buscando información, mirando, aprendiendo. Soy muy de observar.

Bueno, ahora preparándonos. Me imagino, Victoria, fue lo que tú decís, porque me encantó eso que dijiste: no soy chef, soy cocinera de casa. Y la paella es un plato que tiene sus desafíos. Te arriesgaste bastante. ¿Qué tipo de paella hiciste?

En realidad, eso es otra de las cosas donde no hay mucha información. La paella es una comida muy honesta, es humildad en un plato. Se ha ido adaptando a zonas costeras y se va modificando. Nace en las huertas de España. Incluso el tamaño de la paella se da porque se come ahí mismo, sin plato.

Es mucha la historia y me siento muy identificada con eso. El desafío más grande, en realidad, era que el 90% de los participantes eran profesionales, chefs con mucha trayectoria, con equipos a cargo, restaurantes y cadenas de hoteles. Los jurados también eran muy importantes.

Nunca me sentí menos. Sí era una locura la gente con la que me estaba rodeando, pero siempre consideré que cuando uno cocina, representa lo que uno es. Muchas veces comés platos que se sienten vacíos, donde falta amor. Yo siempre apunto a eso. Cuando uno le pone amor a lo que hace, llega lejos.

Cuando fui a preparar la mise en place vi un despliegue enorme de herramientas. Había marcas que ni conocía. La estructura de trabajo era muy rutinaria, muy paso a paso. Yo no. Llevé elementos que nadie llevó, como una balanza y un mixer, que después muchos necesitaron. Fui con cosas básicas, pero necesarias.

La cocina es amor. Yo vengo de la cocina de la abuela y llevé mucho de eso. Cuando uno come, viaja en el tiempo. Fui a dar lo mejor, siempre confiando en mí. El día que me seleccionaron desde España, ya eso fue un premio enorme. Estar ahí, compartir con referentes de la gastronomía, con la Cámara Gastronómica de Maldonado, fue extraordinario.

No me achico, nunca. Voy para adelante. No me siento menos que nadie. Somos todos iguales. A veces lo económico define para algunos, pero para mí no. Sigo siendo la misma persona.

Lo más importante es la tranquilidad de saber que representé lo que quería: los productos de nuestras costas. El guiño uruguayo que llevé fue la majúa. Muchos me dijeron que estaba loca, pero me mantuve fiel a lo que creía.

El sábado me presenté con una paella de carne, en honor a la industria cárnica. Muchas veces vemos la carne envasada y no sabemos todo lo que hay detrás. Yo trabajé en la industria frigorífica, en Frigoyí, donde hacía catering, y pude ver todo el proceso. Eso me marcó mucho.

¿Ese espacio queda en blanco? ¿A quiénes les cocinabas?

Yo cocinaba para trabajadores de la industria frigorífica. Veía todo el proceso, desde que entra el animal hasta que sale la carne. Eso me impactó.

¿Te obligó a potenciar?

Sí, sin duda. Fue un homenaje a ellos, porque hacen un trabajo muy sacrificado. Hay mucha gente detrás, con mucho esfuerzo. Hoy en día muchos son clientes míos. Hay gente con dolores físicos por el trabajo, y eso no se ve.

Uno come un asado y no imagina todo lo que hay detrás. Yo los conocía, sabía cómo se sentían, qué necesitaban comer según el trabajo que tenían ese día.

Esta paella de carne fue en honor a ellos, que también me ayudaron a salir adelante. Todo lo que hago lo hago con amor y pasión. Para mí eso ya es ganar.

Ahora nos vamos a Valencia.

Si te toca hacer una paella valenciana, es un desafío grande.

No sé todavía con qué me voy a jugar. Soy muy jugada. En la competencia definí cosas sobre la marcha. Incluso, minutos antes, pedí un soplete para caramelizar un boniato. Fue una combinación de boniato, arroz y carne.

Ahora no estoy pensando en Valencia. Se me abrieron muchas puertas en Uruguay. Además de campeona nacional de paella, soy referente gastronómica de Maldonado.

Tengo muchos desafíos y estoy tratando de ordenar todo, bajar a tierra y pensar bien los próximos pasos.

Quiero agradecer a la gente por el apoyo. Mucha gente me escribió sin conocerme, y eso es lo más lindo que me llevo. Para mí, eso es ganar.

¿Cuándo es Valencia?

El 20 de septiembre, si no me equivoco. Hay tiempo, pero también hay que prepararse. Van a participar los mejores.

Yo voy a dar lo mejor de mí. No me achico.

Bueno, gracias a ustedes.