Historia de superación, en familia, con amor y coraje

María Elena Echandía Avellaneda es una mujer luchadora, que cree en los valores, en el esfuerzo y, sobre todo, en la familia, que para ella es lo más importante que tiene.

Por Anabela Prieto Zarza

Es hija de Mariela Echandía y Walter Miraco. “No tengo su apellido, pero sé que nunca me negó como hija, por eso me atrevo a nombrarlo. Me han dado muchas versiones sobre mi padre, pero yo me quedo con la de mi madre: según ella, soy producto de un gran amor.” De ese amor nació también Melisa, una de sus hermanas.

Con el tiempo, su mamá se casa y nacen Lucas, Ramón y Sebastián Gérez. María adora a sus hermanos, más allá de las diferencias que, como toda familia, puedan tener. Le han contado que por parte de padre tiene muchos hermanos más, pero no los conoce.

Casada con Daniel Gómez, han formado una hermosa familia desde hace más de 20 años. Han pasado momentos muy lindos y de los otros, pero siempre han salido adelante juntos.

Dos años después de casada queda embarazada de su primer bebé, pero el embarazo no llega a término por un desprendimiento de placenta, siendo diagnosticada con trombosis. Por lo tanto, de persistir en su anhelo de ser mamá, los embarazos deberían ser muy controlados.

Hace 18 años nace Luisana Gómez, “para gloria de Dios sanita, y fuimos los padres más felices del mundo”. A Luisana todos la conocemos gracias a una imagen que recorrió el mundo, al viralizarse una foto en el desfile de caballería del Festival Nacional de Folklore de Durazno, en febrero de 2026.

Hace 9 años nace Anthony, hermanito muy esperado, que hoy tiene 10 años. Ambos son para María su mayor orgullo y su principal motivación en la vida.

María creció en el barrio La Palma, con sus abuelos, porque su mamá tenía que salir a trabajar. La abuela fallece cuando María tiene 5 años y el último pedido a su esposo fue que no abandonara a sus nietos. Él cumplió hasta hace 15 años, cuando falleció.

Considera que tuvo una linda infancia, rodeada de primos, vecinos y personas que la cuidaban mucho. Fue una niña muy querida y mimada, pero que sintió siempre la falta de su padre, figura esencial en la vida de los niños. A los 3 meses de vida le diagnosticaron asma y a los 12 años sinusitis, enfermedad que le afectó los sentidos: el olfato fue lo primero que perdió y, más adelante, detectó que también había afectado su audición.

Tenía dos alternativas: lamentarse o enfrentar la situación. Tomó decisiones importantes. Lo primero fue terminar 5.º de liceo. Y lo hizo, a pesar de que entramos en pandemia. Pero eso no alcanzó: decidió comenzar el profesorado, su vocación. Lo ha hecho superando sus propias dificultades; le ha costado lágrimas, esfuerzo y mucha perseverancia.

“Estudiar cuando no tenés los cinco sentidos funcionando al 100 % es difícil. Tuve que recursar Didáctica y rendir parciales nuevamente, pero sigo adelante porque la docencia me gusta y porque creo que siempre hay que superarse.” Además del profesorado, ha realizado cursos de computación, diferentes capacitaciones y ha cursado materias optativas.

Además de estudiar, es mamá y ama de casa. “Llevar adelante una casa implica responsabilidad, organización y dedicación todos los días. Muchas veces ese trabajo no es reconocido como debería, pero es una tarea fundamental que implica cuidar, educar y acompañar a la familia.”

Le gustaría trabajar fuera de la casa, pero siente que la sociedad, a veces, discrimina cuando ve alguna discapacidad. “En mi caso, por mi problema auditivo, en varias oportunidades no me han dado oportunidades laborales”.

Confía en Dios y está convencida de que todo tiene un propósito.

En 2024 forma una aparcería llamada “El Cencerro”. Para ello, como en muchos casos, tuvo el apoyo de Daniel desde el primer momento. “Siempre digo que sin el apoyo de mi esposo muchas cosas no serían posibles, porque él es mi pilar más grande.” Los trajes que usan honran la tradición. Tres mujeres encabezan los desfiles, portando el pabellón nacional con sus vestidos, porque “creemos que la Patria se hizo a caballo y no hay cosa más linda que ver a la mujer representando nuestras tradiciones”.

Con la Aparcería han desfilado tres veces y el 7 de septiembre de 2025 obtuvieron el premio a la mejor aparcería. Fue una alegría muy grande, porque trabajan con humildad y respeto. Recuerda que empezaron desde abajo: primero como pareja, luego como familia y ahora como Aparcería.

“Este año, en el desfile gaucho, una fotógrafa llamada Rosana Rojas tomó una fotografía de mi hija Luisana Gómez que se hizo viral. Mucha gente destacó su porte, su elegancia y su actitud, y para nosotros fue algo muy emocionante. Me escribieron cosas lindas, como que le devolvió la esperanza a miles de uruguayos en el exterior”.

La visibilidad que le dio esta foto hizo que la invitaran a abrir el desfile de la Patria Gaucha junto al Ministro de Ganadería, momento muy especial para la familia. Sus abuelos, Mariela Echandía, Warner Gómez y Yanet Lemos, estuvieron presentes en el desfile, como siempre lo han hecho a lo largo de su vida, y también la fotógrafa, que no quiso perderse ese momento.

María tiene muchos sueños por cumplir, pero el más grande ya lo cumplió: formar su familia. Ver que sus hijos tienen el padre que a ella le faltó “sana un poco el dolor que siempre llevé dentro”. Agrega que Daniel es un excelente padre y que eso es muy importante para ella.

Anhela recibirse y viajar, tener una casa nueva y un auto.

Le gustaría fundar una asociación para ayudar a personas con discapacidad auditiva, porque “hoy en día, si una persona no tiene dinero para comprar audífonos, simplemente no escucha”. También le gustaría ayudar a personas con problemas de adicciones y a niños que crecen sin papá, “porque sé lo que se siente”.

Considera fundamental creer en uno mismo para superar los obstáculos que la vida nos presenta, que no se debe permitir que nadie nos diga que no podemos, nunca perder el amor propio. Valorarse es imprescindible para salir adelante. “Muchas veces la sociedad critica o juzga, pero cuando una mujer cree en sí misma puede enfrentar cualquier cosa”.

Termina diciendo: “La vida me puso muchas pruebas: enfermedades, pérdidas y dificultades. Pero también me dio lo más importante: mi familia, mis hijos y la fuerza para seguir adelante. No soy una mujer perfecta, pero soy una mujer que lucha todos los días. Y mientras tenga fe, amor por los míos y ganas, sé que siempre voy a poder levantarme”.