Elsa Gladys Puglia Curbelo se considera una mujer tranquila, perseverante en su trabajo y en sus acciones; sensible, pero no frágil; de carácter firme, aunque no confrontativa. Prefiere callar y muchas veces le dicen: “tus silencios dicen más que tus palabras”. Una firmeza que aparece más en sus acciones que en sus palabras.
Por Anabela Prieto Zarza
Se define como una defensora de los derechos de los más vulnerables, y allí sí enfrenta las situaciones con mayor énfasis que si se tratara de algo que le ocurre a ella misma. Tiene buena disposición para aprender y adaptarse a los desafíos; se involucra profundamente en lo que hace.
Es hija de Andrés Rubén Puglia y María Elsa Curbelo, hermana de Rubén Puglia y, por parte de su madre, de Daniel y José Estévez. Es mamá de Agustín, de 31 años, que estudia y trabaja: “un hijo amoroso, cariñoso, compañero”. Está casada con José Luis Liguera.
Su mamá era ama de casa, pero cuando se separa de su padre debe salir a trabajar. Primero realiza tareas de limpieza en casas de familia y luego ingresa a trabajar en el Liceo, donde permanece hasta jubilarse.
Gladys nació en los apartamentos de Bazzi, hoy convertidos en Sala Velatoria. Pide, bromenado, que le reserven la Sala 2, porque fue allí donde creció. Tuvo una infancia y adolescencia felices, libres, de casas con las puertas abiertas. Evoca con nostalgia los juegos de la época: la mancha, la palmita, la farolera, entre tantos otros. Y reflexiona: “no nos aburríamos; hoy los chiquilines viven aburridos”.
Fue a escuela en la Escuela Nº 2 y luego a la Escuela Nº 1, cuando su hermano Rubén ingresó a jardinera. Hizo secundaria en el Rubino y eligió preparatorio de Medicina, porque quería ser odontóloga.
Eran tiempos muy difíciles. El país estaba convulsionado por un Golpe de Estado y en el interior las noticias se magnificaban. Sus padres sintieron temor, y lo que podía ser un “tal vez”, se transformó en un “no”. Entonces, no por elección personal sino porque era la única alternativa para alguien que quería estudiar y progresar, decidió hacer Magisterio.
No fue fácil. Le gustaba física, química, matemática, lo racional. En cambio, en Magisterio predominaban las letras. Tuvo que poner más esfuerzo y más estudio, pero culminó la carrera porque no estaba dispuesta a dejar por el camino lo que había empezado.
Se presentó a un concurso en la Caja de Asignaciones Nº 15. Entraban cinco personas y ella quedó en el séptimo lugar. Paralelamente cursó Secretariado Comercial en UTU.
Cuando se recibió de maestra, desde UTU le comunicaron un ofrecimiento para trabajar en ANCAP, promovido entre quienes habían cursado Secretariado. No aceptó porque recién había elegido escuela. “No miré lo que se ganaba en el Ente”, dice riendo.
Seguramente no aceptó porque su destino estaba marcado y debía ser lo que fue. Porque Gladys, como veremos, tuvo múltiples actividades antes de desarrollar aquella, que terminaría completándola profesionalmente.
Sus comienzos como docente fueron en Sarandí del Yi, donde además trabajó en el Colegio Virgen Niña. Luego pasó por la Escuela Nº 9 de Durazno, regresó a Sarandí y posteriormente se trasladó a la Escuela Nº 10 de Durazno. De todos esos lugares guarda los mejores recuerdos: de los centros educativos, de los colegas, de los niños y de los padres.
Sin embargo, todavía sentía que lo suyo no era la docencia, por más que se esforzara en tener un excelente desempeño.
Tenía muy presente una experiencia vivida cuando era estudiante de Magisterio. En un viaje didáctico, visitó la Escuela de Sordos en Montevideo y en ese momento pensó: “esto es lo que quiero hacer, esto es lo mío”.
Años después, habiendo logrado la efectividad y la antigüedad necesarias para inscribirse en el Curso de Discapacitados Auditivos en el IMS (Instituto Magisterial Superior), se trasladó a Montevideo para realizar la especialización. Cuando regresó a Durazno se creó un cargo para trabajar con niños sordos en la Escuela Nº 88 en aquel momento (escuela 1 dividida: 88 de mañana y 1 de tarde), puesto para el cual Gladys fue designada.
Al año siguiente ocurrieron cambios significativos en la educación de niños sordos. Se dejó de pensar la sordera desde una postura clínica para abordarla desde un enfoque más antropológico y humanista. Esto implicaba que el docente estuviera capacitado en lengua de señas, para llevar adelante un enfoque bilingüista en la educación de sordos.
Gladys quería capacitarse, pero trabajaba de mañana en la Escuela Nº 88 y de tarde en la Escuela Nº 2 de Flores. No dudó: consiguió beca en ambas instituciones y volvió al IMS a realizar esta especialización.
Mientras realizaba ese curso, que implicaba radicarse todo el año en Montevideo, se abrieron los concursos para lograr la efectividad. A Gladys le gusta estudiar, pero se encontró con un desafío: debía prepararlo sola, sin colegas conocidos ni apoyos cercanos. Asumió el reto y logró el éxito.
“El espejo era mi compañía”, recuerda.
Así logró la efectividad en Durazno, dedicándose exclusivamente a la educación de personas sordas.
Gladys nunca pudo quedarse quieta; siempre aspiró a más. Mientras ejercía en primaria, en sus primeros años también tuvo otros trabajos. Fue la primera funcionaria administrativa en UMED, cargo que dejó porque se había presentado a un llamado en el Poder Judicial, donde obtuvo el primer puesto en un empate con otra colega maestra. Finalmente ingresaron ambas al Juzgado. Su objetivo era claro: labrar su futuro, siempre pensando en hacerse de lo suyo.
En esa época comenzó su noviazgo con José Luis, con quien contrajo enlace dos años más tarde.
Recuerda que con el sueldo del Juzgado compró un terreno en cuotas y soñaba con cómo sería su casa. Le encantó trabajar allí, aunque le afligía la vulnerabilidad de muchas de las personas que llegaban al sistema judicial. En ese trabajo le tocó incluso oficiar como intérprete de personas sordas, en algunos casos exalumnos suyos.
Cuando nació Agustín dejó ese trabajo para dedicarse a su hijo y continuó solamente en la docencia. Trabajó 8 años en enseñanza común y 26 años en educación de sordos. Atendían niños de todo el departamento, que se trasladaban a Durazno.
Ama su profesión y ama haber trabajado con personas sordas. Considera que finalmente encontró su vocación, porque logró unir su atracción por lo biológico, lo científico y la docencia.
Aquella alumna que empezó Magisterio porque era su única opción, hoy, ya jubilada, dice:“Si vuelvo a nacer, hago lo mismo. Trabajar con niños especiales me encantó. Trabajar con sus padres también, porque son tan especiales como los niños. Fui feliz en el ejercicio de mi profesión.”
Cuando siente que se lesionan los derechos de esos niños, Gladys se revela y lucha para que los avances logrados se mantengan. Hoy, hombres y mujeres que pasaron por sus aulas siguen viéndola como su referente. Los lazos creados son indestructibles, porque se basan en el amor y el respeto.
Finalmente accede a la jubilación, pero descubre que aún no estaba pronta para eso. Comienza entonces a trabajar en PANITEA, en docencia directa con los más pequeños, niños no verbales en estimulación de la comunicación y el lenguaje. Allí permaneció diez años: seis en docencia directa y cuatro colaborando en la dirección, elaborando programas y aportando desde la gestión.
Fue entrar en otro mundo. “Lo que aprendí allí, lo que aprendes con los niños especiales, supera ampliamente lo que aprendes en los cursos y en la bibliografía.” Igualmente recuerda un libro que le resultó especialmente interesante, sobre cómo el cerebro aprende a leer. “Es algo hasta misterioso; me hubiera gustado investigar en ese sentido.”
Fue Leona durante muchos años. Le encanta el leonismo y el trabajo social que se realiza en el grupo, actividad que disfrutó profundamente. Integra la Comisión Departamental de Discapacidad que funciona en la órbita del MIDES, como referente de Personas Sordas.
Actualmente concurre a UNI 3, porque sigue aprendiendo: inglés e italiano. El año pasado realizó cursos de mini tapiz, amigurumis y piano. Este año planea hacer telar y tejido en dos agujas.
Sus sueños pasan por ver a su hijo alcanzar sus objetivos y ser feliz, aunque no descarta algún viajecito.
Cree firmemente que siempre hay que seguir preparándose. El mundo actual lo exige. No hay que quedarse quieto, sea cual sea la actividad, oficio o profesión. Hay que ser inquieto, buscar aprender y tener las herramientas necesarias para trabajar en aquello que a uno le gusta.
