Melisa, sus roles en el escenario de la vida

Melisa Muñoz Silva, de 50 años, se define como: “principalmente la mamá de Magui y Mateo, una mujer que intenta ser una buena persona, sensata con sus pensamientos y su accionar, docente, comunicadora, apasionada por las actividades culturales”.

Por Anabela Prieto Zarza
Es hija de Isia, reconocida profesora de Inglés, su mentora y referente en todos los ámbitos de la vida. Viene de un hogar matriarcal, donde la jefa de familia proveedora era su mamá, complementada por tres mujeres: Adriana, Melisa y Jimena, las hermanas. En el hogar vivía también la abuela Amanda, abuela materna, referente para todas.

Su hija mayor, Magdalena (20), Magui, está muy involucrada en el área artística como compositora musical y actriz de teatro. Es técnica en Comunicación Social, carrera que realizó en UTU. Mateo (11) el » Toto» de la familia,  cursa 6º de escuela, le gusta el dibujo, la música y sigue los pasos futbolísticos de su papá cuidando el arco de Central.
Nació, literal, frente a su casa, en la casa de una partera: Flor Píriz. Fue a la Escuela Nº 2 y al Liceo Rubino, estudió piano en el Conservatorio e inglés en el Instituto Anglo. Tiene muy buenos recuerdos de su infancia y adolescencia, épocas que incluyen las vacaciones en Paso de los Toros con la familia paterna y los veranos  en el camping con la familia y  barra de amigos.
En los primeros años del liceo, Melisa tuvo como profesor al maestro Disman Anchieri, quien notó en ella ciertos dotes para la comunicación y se lo hizo saber. La invitaron a la conducción del cierre de los Clubes de Ciencia. Hasta el día de hoy le agradece a Disman, porque considera que fue quien encendió la mecha de ese perfil de Melisa.

Su vínculo con la comunicación comienza muy temprano participando en la conducción de Domingos Juveniles, como notera en Canal 6, cuando comenzó a funcionar el cable en Durazno, de dónde guarda muchos recuerdos de experiencias y personas, especialmente a Ana Casanova, entrañable compañera de aventuras periodisticas.
Destaca de esa época el programa infantil Macacadas, que llevó adelante con Gonzalo Quiñones. «Otra aventura», fue vanguardista para la época: se hacía los sábados en el Centro Unión, con público en vivo, generando una importante movilización de equipos y personas para la  tirada de cables para cámaras, amplificación, discoteca. Juegos, premios para los participantes, empresas auspiciantes. “Se llenaba el Unión y se movilizaba un montón de gente, incluyendo a la familia que siempre apoyaba con la logística.»

La radio también estuvo presente, integró la formación original del programa Alternativa como movilera. Además incursionó muy joven escribiendo en el diario El Acontecer y, no hace mucho tiempo, volvió a escribir en este semanario.
Involucrarse en estas actividades motivó que la culminación del liceo se postergara, pero no se arrepiente ya que en ese tiempo fue propicio para experimentar otras cosas que contribuyeron a que definiera su vocación, que sin dudas no estaba clara, y que provocaron un crecimiento personal muy importante, desarrollando aristas multifacéticas en sus habilidades. Hoy, en el ejercicio de la docencia, insiste a sus alumnos en que es importante tomarse el tiempo para tomar estas decisiones, que van a incidir en el resto de nuestras vidas.

Siendo muy joven también trabajó como profesora de inglés en la guardería Mimitos. Empieza allí a germinar su interés por la docencia. Quizá siempre estuvo en ella, porque recuerda que cuando era chica ordenaba botellas en fila en el patio de su casa y jugaba a las maestras, escribiendo en la puerta del galpón.

Pasa el tiempo, forma su familia y se va, beca mediante, al CERP de Colonia, en el único lugar del interior donde podía estudiar profesorado de inglés. Culmina sus estudios, vuelve y comienza su actividad docente. Carrera que abraza con cariño: allí encontró su vocación.
Desarrolla su actividad en el ámbito público y privado, con alumnos de todas las edades, desde los más chiquitos hasta personas adultas. El año anterior dictó clases en el INR, “experiencia movilizadora que solo podés llevar adelante con vocación”.

Hace 10 años vuelve a la radio a los micrófonos de la renovada Radio Yi trabajando con otro maestro que le puso la vida: Julio Romero, con quién compartió 8 años de Informados, un periodístico que fue cosechando audiencia y le generó crecimiento personal y profesional. Desde su finalización , se  reencontró con Alternativa, conduciendo la versión de Verano y,  desde febrero conjuga sus dos amores en una Columna Cultural semanal en este periodístico.
Otra de las actividades que ocupan la vida de Melisa es el teatro, al que llega muy joven a través de un taller con Uruguay Marrero, otro maestro de su vida, y con quién participa en varias obras bajo su dirección en el Grupo Teatral Durazno. Luego de un impasse, por «cuestiones de la vida» , se integra en 2019 al elenco del Pequeño Teatro en el cual ha cosechado valiosa experiencia de crecimiento artístico y personal conociendo «hermosos compañeros que me llenan de energía».
En los últimos años Melisa hizo una tecnicatura en Gestión Cultural en el CLAEH, ampliando su área de conomiento y desempeño.

En ninguna de sus variadas actividades tuvo dificultades de integración por su condición de mujer. Ni de joven. Recuerda que integró el equipo deportivo de la radio y le pidieron que cubriera los vestuarios. “Se ve que mi cara dijo todo, porque enseguida me dijeron: no te preocupes que es afuera”.

Cuando nacieron sus hijos priorizó la maternidad y el trabajo rentado, decidiendo relegar actividades extra que le restringieran tiempo con ellos. Quería disfrutar y participar activamente, con tiempo de calidad, en la vida de sus hijos.
Melisa también es integrante del Coro Departamental Raúl H. Evangelisti desde antes de la pandemia. Integrar el coro, igual que otras actividades colectivas, le retroalimenta el alma y es condición de su ser social. “Además está científicamente comprobado que cantar es bueno para la salud física y mental. Por otra parte, es un honor y una responsabilidad”.
Además del teatro y cantar, le gusta viajar, manejar y, cuando puede, trata de salir y conocer lugares, ya sea con sus hijos o con amigos.

Estuvo muchos años colaborando en Panitea, en sus comienzos. Igualmente promueve diversas actividades solidarias, como la función de Nelly en el Centro Cultural Teatro Español, a beneficio del Liceo Impacto. Evento que además fue una prueba en una sala grande, previa a la presentación de la obra en el Sodre, en la Sala Nelly Goitiño.
Sueña con viajar lejos, “donde no haya guerras”, dice, queriendo expresar mucho más. No se plantea grandes objetivos; recibe lo que la vida le va poniendo en el camino y lo abraza como va apareciendo. Se considera una mujer en paz, feliz.
Ese estado llega después de haberse rearmado ante situaciones que la vida nos presenta. De las adversidades que todos los seres humanos padecemos, una de las que más le costó superar a Melisa fue la pérdida de su bebé Monserrat. «Un hijo no lo pierde solo la madre: lo pierde el papá, los hermanos, los abuelos, los primos».  Después nació Mateo, un niño arcoíris que reactivó la vida familiar.

Hoy se considera una mujer plena, en paz y feliz. Lo que queda por recibir está vinculado a sus hijos: que puedan desarrollarse en lo que deseen y «poder estar para apoyarlos en lo que sea.»
Para Melisa, «a la vida hay que recibirla como viene, aceptarla y gestionarla.» La palabra gestión la tiene muy presente, porque es: “hacer que las cosas pasen”.