Aurelio González dejó una de las huellas más intensas del fotoperiodismo uruguayo. Su cámara registró tanto el pulso cotidiano de Montevideo como algunos de los episodios más duros de la historia reciente del país. Entre la ciudad, el diario El Popular, la huelga general de 1973, el exilio y el rescate de un archivo oculto durante décadas, su obra terminó convirtiéndose en una forma de memoria.
Hablar de Aurelio González es hablar de un fotógrafo que no se puede reducir a una sola etiqueta. Fue cronista visual de Montevideo, reportero gráfico de combate, hombre de diario, testigo del conflicto social y custodio de un archivo que sobrevivió a la represión. Su obra tiene ciudad, tiene calle, tiene política, tiene trabajadores, tiene estudiantes, tiene estadios, playas, avenidas y también tiene tanques, allanamientos, huelga y persecución. Por eso, más que un fotógrafo de época, Aurelio González terminó siendo una de las miradas decisivas para entender cómo se veía el Uruguay de las décadas de 1950, 1960 y comienzos de 1970.
Nació el 14 de noviembre de 1931 en Uad-Lau, en el norte de Marruecos, y llegó a Montevideo el 14 de noviembre de 1952, el día en que cumplía 22 años. En un texto del propio Centro de Fotografía, el propio Aurelio se presenta y cuenta ese origen, además de definir su vínculo con la cámara de una manera reveladora: más que fotógrafo, decía sentirse “un militante con una máquina de fotos colgada al cuello”. Esa frase ayuda a entender casi todo lo que vino después: su oficio nunca estuvo desligado de una forma de estar en el mundo.
Su ingreso a la fotografía tampoco fue el de una carrera convencional. Aurelio se hizo fotógrafo por casualidad. Un hombre llamado Lucio Navarro, a quien había alojado en su casa, le enseñó fotografía como retribución. Poco después comenzó a colaborar con imágenes para el semanario Justicia, y cuando nació El Popular, el 1º de febrero de 1957, pasó a trabajar allí junto a un equipo de fotógrafos. Con el tiempo sería el jefe de fotografía del diario.
Ese tramo es central para cualquier homenaje serio a su figura. Porque Aurelio González no solo produjo imágenes importantes: se formó en una cultura de prensa, de redacción y de calle. El Popular, diario del Partido Comunista del Uruguay, funcionó desde 1957 hasta su allanamiento el 9 de julio de 1973 y su clausura definitiva el 30 de noviembre de 1973. En ese marco, Aurelio trabajó durante más de una década y media fotografiando el país real: movilizaciones obreras, manifestaciones estudiantiles, campañas políticas, actividad sindical, vida social y escenas urbanas que hoy tienen un valor documental enorme.
Y ahí aparece una parte esencial de su obra que no debe quedar tapada por la dimensión política: Montevideo. Aurelio también fotografió la ciudad en su movimiento diario.
En su archivo aparecen imágenes de la Avenida 18 de Julio en 1964, de la Playa Pocitos, del Estadio Centenario, del viaducto en construcción en la intersección de Agraciada y Camino Castro, además de plazas, esquinas y espacios públicos vueltos escenario de la vida colectiva. Esa mirada urbana no es un costado menor: en sus fotos, Montevideo no funciona como fondo decorativo, sino como protagonista. La ciudad respira, cambia, se moderniza, se tensa y se reconoce en esas imágenes.
Por eso Aurelio González vale también como fotógrafo de la vida cotidiana. No solo registró grandes hechos: registró el espesor de una época. En sus imágenes aparecen rostros de individuos anónimos, trabajadores, estudiantes y militantes, pero también calles y plazas transformadas por el tiempo. Esa combinación entre documento social y mirada urbana es una de las razones por las que su obra sigue teniendo tanta fuerza.
Pero si uno quiere comprender del todo su dimensión histórica, hay que entrar de lleno en los años de mayor tensión política. Desde El Popular, Aurelio González fotografió el crecimiento del conflicto social en los años sesenta y el endurecimiento represivo que precedió al golpe de Estado. El archivo conserva marchas de la UTAA, manifestaciones estudiantiles, protestas en el espacio público, campañas del Frente Amplio en 1971, y múltiples escenas en las que la calle montevideana se vuelve escenario político. Allí el fotógrafo no está lejos de los hechos: está adentro.
Cuando llegó 1973, esa intensidad alcanzó otro nivel. Aurelio registró la antesala del golpe, la última sesión parlamentaria y, ya consumada la ruptura institucional del 27 de junio, fotografió la respuesta popular y sindical. Sus imágenes de los tanques, del Palacio Legislativo y de la movilización de aquellos días pasaron a integrar la memoria visual más fuerte del quiebre democrático.
En paralelo, durante la huelga general de 1973, su cámara registró ocupaciones de fábricas, lugares de trabajo y centros de estudio, además del accionar militar durante desalojos y represiones. No son solo fotos periodísticas: son pruebas visuales de un país en estado de fractura.
Ahí aparece uno de los episodios más extraordinarios de su historia: el rescate y ocultamiento del archivo de El Popular. Ante la inminencia del golpe, Aurelio buscó dentro del Edificio Lapido, última sede del diario en 18 de Julio 948 esquina Río Branco, un escondite para miles de negativos tomados desde 1957. Primero eligió un espacio detrás de la pantalla del Cine York, pero luego decidió mover el material a lugares más aislados dentro del edificio para preservarlo mejor. Cuando el diario fue allanado, gran parte del archivo ya estaba escondida.
La persecución no fue abstracta. Aurelio fue amenazado y perseguido por las fuerzas represivas, y permaneció en Uruguay hasta setiembre de 1976, cuando obtuvo asilo en la Embajada de México y partió al exilio. Se llevó consigo las fotografías de la huelga general de 1973, que luego circularon por México, España, Holanda, Francia, Portugal y Cuba como imágenes de denuncia contra la dictadura uruguaya.
Aurelio volvió a Uruguay el 15 de octubre de 1985 y se reinsertó como fotoperiodista en La Hora Popular. Tres años después viajó a Santiago de Chile para registrar los festejos populares contra Pinochet. Más adelante continuó colaborando con Carta Popular y Voces del Frente.
Cuando regresó en 1985 quiso recuperar la parte principal del archivo que había dejado escondida en el Lapido, pero no pudo. Durante años creyó que los negativos se habían perdido. Sin embargo, en enero de 2006 apareció en muy buenas condiciones la mayor parte del material oculto en 1973. El conjunto estaba compuesto por decenas de miles de fotografías. El rescate fue de una magnitud histórica.
Ese hallazgo cambió la dimensión pública de su obra. Las imágenes recuperadas enriquecieron el acervo existente con fotografías de episodios y personajes emblemáticos del período 1957-1973. Ese archivo no solo recuperó imágenes: devolvió una parte de la memoria visual del país.
En 2011 llegó otro hito fundamental: la publicación de Fui testigo. Una historia en imágenes, editado por el Centro de Fotografía de Montevideo. El libro reúne una selección de aproximadamente 300 fotografías del archivo de El Popular correspondientes al período 1957-1973, con textos del propio fotógrafo, y fue presentado cuando Aurelio cumplía 80 años. Más que un libro de fotos, es una pieza clave del fotoperiodismo uruguayo.
El valor del libro no está solo en la selección de imágenes, sino en su enfoque. Es un testimonio en primera persona, una reconstrucción de época y una forma de ordenar, desde su propia mirada, un archivo atravesado por la política, la represión, el mundo sindical, la vida social y la ciudad.
Por eso, cuando hoy se lo recuerda, no alcanza con decir que fue el fotógrafo de la dictadura, ni tampoco alcanza con dejarlo solo como el fotógrafo de Montevideo. Aurelio González fue ambas cosas y más. Fue el hombre que fotografió la ciudad y también el que fotografió su tensión; el que retrató avenidas, playas y estadios, y también marchas, allanamientos y represión.
En esa doble condición está su verdadera dimensión.
En tiempos en que la imagen muchas veces dura apenas segundos, la obra de Aurelio González recuerda otra cosa: que una fotografía puede ser documento, memoria y resistencia a la vez. Y que un gran fotógrafo no es solo el que encuentra una buena imagen, sino también el que logra que esa imagen siga hablando cuando el tiempo, el miedo o el poder intentan borrarla.
En Aurelio González conviven el oficio, la ciudad y la historia. Por eso su nombre ocupa un lugar mayor dentro de los grandes fotógrafos del Uruguay.
