María José Martínez Ibarra, hija de Washington Martínez “Palito”, muy conocido en Durazno, constructor, carnicero, funcionario municipal, entre otros tantos trabajos que desempeñó, y de Irla Yudith Ibarra, ama de casa.
Por Anabela Prieto Zarza
Sus padres se separaron cuando María José tenía alrededor de 5 o 6 años, motivo por el cual su familia se amplió, dado que ambos rehicieron sus vidas y de cada nuevo matrimonio nacieron más hijos. “En total somos 7 hermanos. De papá y mamá somos José y yo. Por parte de madre, Alma y Alejandro; y por parte de padre, Raquel, María y Claudia.
De todos esos hermanos tiene 10 sobrinos, por lo cual terminan siendo una familia ensamblada y numerosa.
Irla tiene 84 años, está bien de salud, lúcida como siempre. Hace todo lo habitual, pero en estos últimos 4 años, después de una caída, María José y sus hermanos se turnan para quedarse con ella por las noches y acompañarla, “porque si queremos hacer mucha cosa, no nos deja, ella cocina, hace todo”, dice un poco en broma, un poco en serio. Quienes conocemos a Irla sabemos que pondrá, con su habitual sabiduría y especial sentido del humor, los límites que entienda pertinentes.
Es esposa de Rufino Peluffo, con quien tiene 2 hijos “preciosos, buenas personas, que es lo importante”: Francisco y Luciano (uno ya recibido y el otro por presentar la tesis para recibirse). Cuando habla de sus hijos lo hace con mucho amor, “son muy compañeros entre sí, y con nosotros, siempre están pendiente nuestro, con una llamada, un mensaje, invitándonos a que vayamos a verlos, queriendo que estemos con ellos”
María nació en Durazno y creció en el barrio donde hoy tiene su peluquería “el Puentecito”. Concurre al Colegio de las Hermanas, termina la primaria en la Escuela Nº 9 y va al Liceo Rubino.
De adolescente acompañaba a su mamá a la peluquería y le empezó a gustar. Se interesó y decidió hacer un curso en una academia duraznense, en aquella época muy importante. Culminado el mismo, recorrió peluquería por peluquería preguntando quién necesitaba una ayudante, porque se daba cuenta de que tenía que hacer práctica. “Veía que me faltaba, porque los cursos son cortos y uno necesita práctica”.
Comienza a trabajar como colaboradora y guarda gratos recuerdos. Es muy agradecida con esos comienzos. Refiere que tuvo la suerte de encontrarse con gente muy buena, que le enseñó muchísimo, de quienes aprendió muchísimo también, y con quienes estuvo años trabajando. “En parte, gracias a ellos soy lo que soy ahora”. Se refiere a Nair Duarte y a Teresita Artigas.
Después comienza a buscar la forma de instalar su propio salón. Lo hace en forma paulatina, “en un pequeño local de mi familia, de 2×2, de a poco, atendiendo fuera del horario de mi trabajo, feriados y domingos. Trabajaba mucho”.
Comenzó a crecer y a mejorar las instalaciones, a invertir en tecnología y capacitación. “Me tenía que perfeccionar, porque para avanzar uno tiene que perfeccionarse, mantenerse actualizada. Empecé a realizar más cursos: corte, colorimetría, peinados. Viajaba a Montevideo. Entonces quise un poquito más, y volví a agrandar el local, y así ha sido hasta el día de hoy”.
Recientemente, acaba de celebrar los 30 años de “Peinados María José”, único Salón KÉRASTASE en Durazno, ubicado en Pedro Larrique e Instrucciones del Año XIII, Barrio Puentecito, celular 099381535, teléfono 43624396.
Hoy Peinados María José es un “Salón de Estética y Peluquería”. Se trata de un moderno local, con todas las instalaciones necesarias para la extensa oferta de servicios de calidad que María José ofrece: peinados, color, corte, manicuría, pedicuría, masajes, depilación, ducha solar, tratamientos faciales y corporales, entre otros.
Para ella, innovar es importante. Cada dos años renueva el local, cambia muebles, juego de luces, ambienta de acuerdo a las fechas que se celebran, porque entiende que es una forma de agasajar a sus clientes “que se merecen lo mejor”. Periódicamente hace sorteos, que también son una forma de agradecer la fidelidad de quienes la eligen. “Gracias a Dios, tengo familias que vienen desde hace años, ya van en la cuarta y quinta generación. Se genera un vínculo muy fuerte”.
Capítulo aparte es la integración de su equipo. “Tengo un equipo de colaboradoras de años que son el pilar del Salón. Crecemos, aprendemos y nos acompañamos día a día. Ya somos como una familia”. Dos de ellas tienen 30 años con ella: Nataly y Elizabet. Tuvo otras chicas que ya tienen sus propios salones. Desde hace 12 años cuenta con Luciana, que cuando empezó, la mayor de sus tres hijas tenía 3 meses.
Para María José, la formación de su equipo tiene que ser la misma que recibe ella, por eso invierte en su capacitación. “Todas tenemos que estar preparadas. Siempre, de la mano de los laboratorios, estamos en contacto con los cursos que salen, productos nuevos, técnicas nuevas, y tenemos que capacitarnos en todas las áreas”.
Mientras crecía el Salón, también crecían sus hijos. Cuando eran chicos, quienes le dieron una mano muy grande y de forma incondicional fueron “mi madre y mis hermanas”, dice agradecida. Cree que eso lo hizo un poco más fácil, pero fue hija, hermana, madre, esposa, empresaria… y a veces no es fácil. “Pero gracias a mi familia pude hacerlo y llegar a donde estamos hoy”.
En los escasos tiempos libres que tiene, que son los domingos, no hace nada. Se lo toma para ella. Aprovecha para leer, mirar alguna película o serie y ahora está saliendo a caminar. A veces se va a Montevideo y los hijos la invitan a salir: “me encanta hacer cosas en familia, salir con ellos, con los chicos”.
María José es muy solidaria. Ella no lo dice, pero sabemos que ayuda mucho cada vez que puede. Tiene 2 o 3 “clientes, que les digo mis amigos”, a los que ayuda con alimentos. Cuando no aparecen, sabe que están detenidos; pero cuando vienen, además de ayudarlos, los estimula a que tengan una vida mejor. Los trata con cariño. Siempre hemos visto en la vuelta de María a estos chicos, que reciben de ella mucho más que una ayuda. Reciben un trato afectuoso y de respeto, el cual es retribuido, porque la respetan y seguramente la quieren. Considera que sería bueno que se le diera mayor atención a los niños y jóvenes, darles más oportunidades de forma de minimizar la posibilidad de que equivoquen el camino. También refiere a los adultos mayores, cree que deben de recibir más atención. “Muchas veces, a pesar de que están rodeados de familiares, se sienten solos, hay que darles más atención y compañía, no dejar que se sientan solos”
Su sueño es poder viajar a nuevos lugares, “con familia, con amigas, sola, como salga” dice riendo. Ya ha viajado mucho con laboratorios, ha participado de capacitaciones en lugares muy lindos, “que quizá si tuviera otra profesión no lo hubiera hecho”. Con L’Oréal está por salir un viaje con el que está entusiasmada, pero no adelantó más detalles. Lo que sí queda claro es que nunca abandona esa búsqueda de perfeccionamiento profesional que la caracteriza.
Entiende que es imprescindible que las mujeres se preparen, que estudien para lograr independencia. “Las mujeres podemos, somos todo, podemos ser todo al mismo tiempo: hijas, madres, empresarias, profesionales. Lo que nos propongamos, podemos salir adelante. Pero es imprescindible formarse, capacitarse y perseverar en el esfuerzo para cumplir con nuestros objetivos”.
