Laura Margot Peralta Abelenda, de 45 años, es oriunda de Sarandí del Yí. Hija de Carlos Peralta, carnicero de toda la vida, y de Alides Abelenda, es la del medio de tres hermanas: Alicia y Ana María. Es la mamá orgullosa de dos hermosas mujeres, Yamila (26) y Nadia (21), que han sido y son su motor permanente.
Por Anabela Prieto Zarza
Su infancia transcurre en Sarandí del Yí: Jardín de Irma, escuela y liceo en el Colegio Virgen Niña. Cursa 5° en el Francisco Ríos, pero tras la separación de sus padres se traslada con su mamá a Durazno y comienza 6° en el Liceo Rubino. Con 18 años queda embarazada. Intenta terminar, rinde algunos exámenes, pero quedan materias pendientes y el sueño de ser maestra se posterga. La vida toma otro rumbo.
Regresa a Sarandí y, embarazada, consigue trabajo en el pujante comercio Cabo Blanco. Agradece especialmente a Blanca Echeverri por esa oportunidad, incluso con Yamila muy pequeña. Luego vende soda dos días por semana con la tía de su hija. Cuando se instala Vertientes del Yí, se presenta entre 400 inscriptos, el último día. La tía de Yamila la estimula a presentarse: “sos la única que tenés experiencia”.
En la entrevista le preguntan: ¿experiencia? “sí, trabajo en la que viene de Durazno, dos veces a la semana.” Comienza a trabajar con Juan Piñeiro y su esposa. “Ellos me querían mucho y yo a ellos”. Recorre Sarandí y la Ruta 7, de Fraile Muerto a Cerro Colorado, pueblo por pueblo, al grito de “¡soda, sodera!”.
Surge la posibilidad de ingresar a la Policía. Era gran fumadora y eso la limitaba físicamente: “no corría nada”. Se prometió que, si entraba, dejaría el cigarro. Quedó en el puesto 34 o 35 para 50 cupos, pero inicialmente ingresaron 20. Mientras esperaba, sin trabajo y con dos niñas a cargo, hacía limpiezas y se revolvía como podía, destacando siempre el apoyo incondicional de sus padres: “los dos parejos, siempre me ayudaron”.
El 11 de octubre de 2007 la llaman de Jefatura; el 12, cumpleaños número 3 de Nadia, ingresa a la Policía. Quedó la torta armada, pero Laura no estuvo. Como tampoco estuvo en otros cumpleaños, fiestas escolares, eventos importantes de sus hijas. Ese día cambió su vida para siempre. La dualidad de la vida.
Permanece 9 meses y 13 días en Durazno, viviendo en Jefatura con otras dos mujeres de Sarandí. La convivencia no fue sencilla. Si bien Laura buscaba una salida laboral, al ingresar sintió que ese era su destino. El primer día de curso, Comisario Bordón preguntó quién iría a la Escuela de Oficiales: levantaron la mano cuatro personas, tres varones y Laura sin ninguna duda. Hoy es la única Oficial. Para ingresar a la Escuela de Oficiales tenía que tener secundaria completa.
Se inscribe en las tres materias que le faltan y cursa el liceo nocturno mientras estudia en la Escuela de Policia. Se recibe de Agente y vuelve a la Comisaría 9ª de Sarandí, viajando a Durazno para asistir a clases. La autorizaron a viajar, pero implicaba recargo de turnos para reponer los días que asistía al liceo. Hoy por Ley se autoriza. Culmina el liceo y se inscribe en la Escuela de Oficiales.
Al alcanzar una escolaridad de 9,8 no debe de rendir las pruebas teóricas, pero sí las prácticas.
No sabía nadar. En cinco días aprendió gracias a Mariana Debellis y a profesores que la acompañaron; el alcalde Pereira le reservaba el andarivel para entrenar. La cuerda fue otro desafío: recibió ayuda de los Bomberos que la acompañaban todos los días a la Plaza de Deportes. No lo lograba. Un día, sola, se dijo “esto no me puede bloquear” y la subió.
En 2009 pierde el ingreso por un segundo en los 100 metros. Al año siguiente por tres segundos en la cuerda. Una tercera vez vuelve a quedar afuera. Pero insiste. En 2012, con 30 años, ingresa. Era la mayor de las mujeres, una compañera ingresó con 17 años. Madres eran dos: una chica de Rivera mamá de un varón y ella.
Tres años de régimen de internado. Llegó a estar 40 días sin ver a sus hijas. Yamila cumplió 15 mientras ella estaba en la Escuela. Fue muy duro. Muchos fines de semana sin poder viajar, por recargo en las guardias, desfiles, entre otros hacía que por un día no se pudiera ir a Sarandí.
Se recibe en 2014 y toda la tanda (103 Oficiales) queda en Montevideo. Trabaja en Zona 3, turno nocturno, URPM. Era una realidad dura, distinta a Sarandí, conoció los asentamientos. Participó en el único tiroteo que tuvo a lo largo de su carrera. En esa época se tenía que andar con el “arma en mano siempre”. Luego pasa, mediante una pasantía, al CCU (Centro de Comando Unificado),
donde fue operadora, supervisora y Jefa de Servicio nocturno. Destaca el respaldo y la tecnología que se utilizaba en ese destino, pero seguía insistiendo para volver a su Sarandí natal.
Tras siete intentos fallidos, por consejo de una persona, plantea su situación en forma verbal (distancia de sus hijas, costos de mantener a sus hijas en Sarandí y a sí misma en Montevideo), no a través de la letra fría de las solicitudes.
Logra el traslado a Durazno. Solicita destino y la destacan en Villa del Carmen como segunda y luego a Sarandí. Más tarde queda a cargo de la 6ª y 7ª (Blanquillo y La Paloma). Lo que sería por 10 días se convierte en casi tres años. “Ahí supe lo que era la soledad en el mando”. Era la única mujer a cargo de una comisaría rural. Recorre la campaña algunas veces a caballo porque no se entraba en la camioneta, trabaja con escuelas con temas de tránsito y en apoyo la labor de las maestras, apoyo que era recíproco. Mantiene reuniones con vecinos por abigeato, perros y temas generales de convivencia.
Recuerda con gratitud a Iris Valenzuela, Vilma Icasuriaga, la Jueza de Paz Mónica Ramírez y Patricia Cammarano. Una foto recorriendo la campaña se viraliza y recibe la llamada del entonces Ministro del Interior, Jorge Larrañaga. “Me dijo: hablo con la Oficial Laura. Le contesté Ordene Sr. pero miré el celular porque no podía creer. Me felicitó y me habló de la zona que conocía bien”. Fue un hecho que marcó su carrera.
Luego es destinada nuevamente a Carmen, ahora a cargo. En esa etapa Nadia se va a estudiar a la Escuela Agraria de Flores, Laura enfrenta un cáncer de útero y Yamila estudia en Maldonado. Laura inicia un camino de introspección: registros akáshicos, flores de Bach, búsqueda espiritual. Asistir a un femicidio brutal que conmocionó a la sociedad Carmense, la lleva a preguntarse: “¿qué quiere Laura?”.
Siempre se sintió llamada por el mar. Se traslada a Maldonado donde estaba radicada Yamila, recibida de Profesora de Educación Física. A Nadia que estudia Veterinaria en Montevideo también le resulta más cerca ir a Maldonado.
Logra el traslado y hoy trabaja en la Unidad de Violencia Doméstica como oficial de guardia en la tarde. Allí, curiosamente, está a cargo el Subcomisario Ortiz, que era agente en Durazno y fueron juntos a la Escuela de Oficiales. El ingresó cuando Laura Perdió por un segundo.
El de Larrañaga no fue el único reconocimiento que Laura ha recibido profesionalmente. Vamos a destacar los últimos dos: en noviembre el Ministerio distinguió a todo el personal de las Unidades de Violencia Doméstica en el marco de las Políticas de Genero, por lo cual recibieron es distinción el Sub Comisario Ortiz por la Trayectoria y Laura por su Compromiso y en diciembre de 2025, la Jefatura de Maldonado reconoce, denominado “Laboriosidad Funcional”.
Otra de las actividades en las que Laura incursionó y de las que tiene gratos recuerdos, es en la comunicación. Participó del Programa Radial Todas las Voces y en el TV Cable de Sarandí del Yí tuvo su propio programa: “Energías Positivas”.
Dice haber aprendido a quererse. Usa redes sociales para compartir mensajes de autoestima y crecimiento. Cree que la gente tiene que vivir de acuerdo a sus estándares. Por ejemplo, nunca convivió con el padre de Yamila, pero tanto con él, como con Dr. Castro, Doña Gladis y las hermanas, mantuvo un excelente vínculo. Hizo el curso de entrenadora personal tras perder tres ingresos a la Escuela: “algo que me costó me iba a servir para ayudar a otros”.
Realizó el curso para Sub Comisaria, espera ascender y llegar a Comisaria Mayor. Sus hijas trabajan y valoran el esfuerzo: recuerda volver de vender soda con 50 pesos cuando la niñera costaba 150. Su primer auto, usado, lo tuvo a los 44. Sueña con escribir un libro.
Cree profundamente que “si yo pude, todas pueden” frase que le dice siempre a sus hijas y amigas. Recuerda que “no importa cómo me ve el otro, importa cómo me veo yo”.
