Luz Carina Pereira Alonzo, de 38 años, es la mamá de Paula (8) y de Emilia (4) y Licenciada en Nutrición. Se considera una persona alegre, que manifiesta sus sentires con quienes establece vínculos de confianza.
Por Anabela Prieto Zarza
Sus padres, Eduardo, carpintero, y Mabel, peluquera, ambos jubilados, fueron importantes en la transmisión de valores a sus hijos, siendo ejemplo y apoyo para que fueran personas de bien y cumplieran sus objetivos.
Tiene dos hermanos mayores, Andrés y Adriana. Andrés, contador, fue un puntal para Carina, dado que ya estaba en Montevideo estudiando cuando le tocó ir a ella; por lo tanto, fue un poco más fácil, tenía a su hermano mayor allí.
Adriana y su familia, los sobrinos, siempre han estado presentes, apoyando y acompañando. Recuerda con mucho cariño y nostalgia a sus abuelos, que ya no están, pero que fueron muy valiosos en su vida.
Casada con Juan Andrés Bruno, mantienen en forma independiente sus actividades. “Poca gente sabe que es mi esposo y no me preocupa, porque ambos somos quienes somos por nosotros mismos”, me dice. Hace 21 años que se ennoviaron y llevan 10 de casados; han formado una hermosa familia. Reconoce que la familia de Juan Andrés siempre ha estado muy presente en sus vidas, los quiere mucho y siente verdaderamente como su familia.
Hablando de afectos, nombra también a las amigas de siempre: las de la Escuela, del liceo y las que estuvieron con ella cuando se fue a Montevideo. Esos vínculos, felizmente, se mantienen hasta la fecha. “Amigas y amigos que he cosechado por todos lados, Montevideo, Paso de los Toros y Durazno, a quienes quiero mucho”, agrega.
Considera que tuvo una infancia feliz, que transcurrió en el barrio Parque del Oeste. Fue alumna de la Escuela Nº 9, luego del Rubino y después de la Facultad de Medicina, Escuela de Nutrición y Dietética, que en aquella época dependía de la Facultad.
Mientras estudiaba, tuvo que trabajar para contribuir a su sustento. Cuenta con orgullo que trabajó en varios lugares: como niñera, en una ferretería y en varios Abitab.
Cuando se recibe, ingresa como nutricionista en Universal, que funciona en el Hospital Italiano, donde estuvo 7 años y, simultáneamente, durante 4 años, en La Española. Esta etapa significó un proceso importante en el ejercicio de su profesión, que atesora de manera muy significativa.
Su esposo siempre quiso volver a Durazno, o por lo menos al interior. Así fue que se radican en Paso de los Toros y Carina ingresa al Hospital de Paso de los Toros y al Hogar de Ancianos. Cuento un detalle: en este momento de la entrevista es que le pregunto quién es el esposo, aunque en la nota está reflejado con anterioridad. Por supuesto que manifiesto mi aprecio por Juan Andrés y aprovecho también para contar que lo mismo me pasó: con su hermana y su cuñado a quienes también aprecio mucho. Toda gente muy querida. Carina es reservada, le gusta que la conozcan por su profesión, por su proyecto, que es muy interesante y del que ya vamos a hablar.
Desde hace 3 años está radicada en Durazno y viaja a Paso de los Toros, donde mantiene sus actividades profesionales. Además, asesora a una empresa que brinda alimentación a centros de enseñanza del interior. Allí su trabajo es muy enriquecedor, porque además de proporcionar e indicar el menú y controlar que se cumpla, dicta charlas de formación y capacitación para mejorar la calidad de vida de la gente.
En los viajes diarios a Paso de los Toros, con una de sus compañeras de viaje, que además es su amiga, la psicóloga Ninella Martínez, surge la idea de brindar un servicio integral que en Durazno no existe. Por experiencia profesional, ve las dificultades que sufren las personas con sobrepeso u obesidad: la falta de movilidad, las dificultades para cosas sencillas como atarse los zapatos o las esperas para poder acceder a una intervención quirúrgica, que sin pérdida de peso es imposible de realizar.
Los problemas alimentarios muchas veces están relacionados con la necesidad de apoyo psicológico para enfrentarlos y se hace difícil acceder a los dos tratamientos en forma separada, ya sea por razones de tiempo o económicas.
Así surge el Centro de Bienestar que, con una mirada integral, ofrece un servicio profesional a quienes necesiten asistencia para resolver temas de sobrepeso u obesidad, todo en el mismo lugar. Apunta mucho a la mujer, que, por su multiplicidad de roles, le cuesta hacerse tiempo para ella misma.
El Centro ofrece todo, y en perfecta coordinación. Sólo hay que dedicar una hora algunos días a la semana para trabajar en uno misma. Se incluye yoga, con la profesora Nora Pérez, y entrenamiento funcional, con la profesora Florencia Echeverría.
El emprendimiento comenzó a funcionar a fines del año pasado y ha tenido muy buena aceptación. A pesar de que enero y febrero son meses de disminución de actividades, están muy conformes con la cantidad de gente que se ha sumado, mujeres y hombres de diferentes edades. El Centro articula muy bien las necesidades de los pacientes con los programas existentes. El objetivo es lograr que la gente tenga sentimiento de pertenencia con el Centro, que se sientan mejor no sólo físicamente, sino como seres humanos integrales que somos.
El programa incluye, en términos generales, en dos entrevistas al mes con la nutricionista y dos al mes con la psicóloga (una de estas es conjunta con ambas profesionales), dos veces por semana entrenamiento funcional y una vez por semana yoga (horarios coordinados y todo en un mismo lugar).
Complementan la propuesta de asistencia integral, con los servicios de la Psiquiatra Celeste Kaleff, en su especialidad. En caso de que los usuarios lo requieran, se puede acceder a terapias alternativas a cargo de Lourdes Viana.
Vale la pena destacar que la oferta de servicios, además de ser integral y multidisciplinaria, es accesible económicamente, porque se pretende posibilitar el acceso a la mayor cantidad de gente posible y que el factor económico no sea una limitante.
El Centro está ubicado en Herrera 929, entre Artigas y Baltasar Brum (frente a la Intendencia de Durazno). Se pueden realizar consultas al 099 53 11 54 o concurrir personalmente, donde serán atendidas todas las inquietudes que se planteen.
Carina es una mujer muy inquieta. “Siempre ando inventando proyectos”, dice riendo. Con la educadora Sofía Rodríguez, desde hace 3 años comenzaron con “La Cocinita”. Dan clases de cocina para niños, donde, por supuesto, enseñan nutrición y cocina saludable. Los niños son los principales multiplicadores de las buenas prácticas, así que este proyecto cobra mucha importancia para la comunidad. A partir de ahora, La Cocinita funcionará en el Centro de Bienestar.
Entre viajes, trabajo en ASSE y la puesta en marcha del Centro de Bienestar, Carina tiene poco tiempo libre. Ser mamá de Paula y Emilia es fundamental. Por eso, compartir tiempo de calidad con ellas también lo es. En verano es infaltable, a la tardecita después del trabajo, hacer playa con ellas, y el resto del año compartir juegos y conversaciones, preferentemente en espacios al aire libre, como el Parque de la Hispanidad. Le gusta leer, pero no es gran lectora; prefiere libros dedicados a sus requerimientos profesionales. Ahora está leyendo a Alejandro de Barbieri.
Por su trabajo, establece contacto con situaciones de vulnerabilidad social, que con su espíritu solidario trata de contemplar, colaborar o derivar a quien pueda solucionarlas.
Tiene sueños por cumplir, pero con su proyecto del Centro de Bienestar está cumpliendo uno muy grande. Siempre quiso ofrecer herramientas que permitan mejorar la calidad de vida de las personas, sobre todo de las mujeres. Ese sueño surge de lo que ha visto en las consultas y ahora lo está concretando. No se trata sólo de estética, se trata de que las personas vivan mejor, de que sean más libres e independientes.
Cree que todo lo que hagamos “juntas es mejor”. Claro ejemplo de su sentir es el proyecto que está concretando. Es mejor porque es con sus socias, porque lo están haciendo juntas y todas ganan.
Cree que todo lo que nos toque vivir podemos sobrellevarlo si lo hacemos junto a nuestras familias, a nuestros amigos, con la gente que queremos y que nos quiere.
