Una mujer de compromiso, responsabilidad y vocación de servicio

María Laura Otaño Basualdo, de 51 años, es la tercera de cuatro Laura Otaño en la familia, nombre heredado en reconocimiento a su abuela paterna. Un hecho inusual: coincidencia de nombre y apellido. Imagino las veces que deberá aclarar de qué Laura Otaño se trata, y las veces que no habrá podido dejarlo claro, por no tener la oportunidad.

Por Anabela Prieto Zarza

Es hija de Beatriz Basualdo y de Oscar Otaño. A su papá le decían La Pavita Otaño, apodo por el que era ampliamente conocido. Fue pistero y camionero de Cortabarría Hnos. durante más de 40 años. “Me enseñó el amor y el compromiso por el trabajo. Heredé su tesón, su compromiso y su responsabilidad; tuve ese ejemplo toda mi vida”, expresa.

Beatriz, su mamá, siempre fue ama de casa, dedicada a su familia, el pilar del hogar. Hoy, siendo adulta, Laura reconoce que fue una excelente administradora: “sólo papá trabajaba y nunca nos faltó nada”. Muy compañera, una madre muy presente en la vida de Laura y su familia, especialmente cuando su esposo trabajaba afuera y cuando ella estudiaba.

Sus hermanos son Sandra, la mayor, luego viene Laura y después los demás: Alfredo, Verónica y Débora, con una diferencia de cinco años entre uno y otro. Tiene seis sobrinos y dos sobrinos nietos que adora.

Laura está casada con Cristian Pintos, “mi compañero de clase” de 5.º año de Liceo. Sin embargo, el noviazgo comenzó tiempo después. Cristian se fue a estudiar a Montevideo y dejaron de verse por algunos años. Un verano, en un baile de la Criolla, de esos que se hacían en Navidad y Fin de Año, se reencontraron. “Desde ese día estamos juntos”, dice, dejando en claro que el amor sigue intacto.

Es mamá de Ignacio y de Paula, quienes estudian y trabajan, radicados en Montevideo. Para ellos no solo quiso ser ejemplo con respecto al estudio, sino que, junto a Cristian, a pesar de que ya son grandes, siguen siendo padres presentes: acompañan, resuelven y están, sobre todo Laura. Dice, un poco en broma y un poco en serio: “A veces con miedo de invadir, pero nos gusta y yo, como madre, voy a seguir intentando resolverles todo”.

Recuerda su infancia como una etapa hermosa y feliz, de juegos con amigos en el barrio a la hora de la siesta y tardes interminables de sana diversión. Rememora las travesuras propias de esa edad, especialmente las escapadas con su hermano al canje, ubicado a la vuelta de su casa, para comprar helados de agua o galletitas en el kiosco. Las juntadas para jugar al fútbol en el campito de la esquina, y al caer la tardecita, en el cordón de la vereda, aparecían las figuritas o las bolitas. En verano, las guerras de agua; en Carnaval, el tablado de la esquina: “nos disfrazábamos porque se hacían competencias de disfraces”, recuerda con alegría, y remarca: “No había celulares en esa época, tengo muy lindos recuerdos de mi infancia”.

Concurrió a la Escuela N.º 6, luego al Rubino y estudió Enfermería en la Escuela Cecilia Cienciarullo, en Durazno; Instrumentación Quirúrgica en la Escuela de Enfermería IDECAS, en Montevideo; y la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Católica del Uruguay.

La historia académica de Laura merece un tratamiento especial, porque esta mujer inquieta se propuso sus propias metas y avanzó hacia ellas con paso firme, como las mujeres que saben lo que quieren, superando obstáculos y, sin lugar a dudas, con el apoyo de Cristian, de sus hijos y de su familia.

Laura culminó el liceo cuando sus hijos eran adolescentes. Iban los tres al liceo. Ella quería que estudiaran y entendía que lo mejor era ser ejemplo. “Yo consideraba que si no lo había culminado, no podría de ninguna manera exigirles a ellos. Así que me puse a estudiar junto a ellos. Culminé el liceo antes de que ellos me alcanzaran”, cuenta con orgullo.

Cuando finalizó el curso de Auxiliar de Enfermería, trabajó un tiempo como enfermera en cuidados moderados, hasta que tuvo la oportunidad de colaborar en una emergencia en block quirúrgico.
“Ese día, que entré por primera vez a sala de operaciones, me encantó. Volví a casa y le dije a mi esposo: yo quiero ser Instrumentista Quirúrgica”.

Así fue que Laura comenzó nuevamente a estudiar, carrera que culminó y en la que se desempeña hasta la actualidad. Desarrolla sus actividades profesionales en ASSE y en la mutualista de su ciudad.

Pero Laura es imparable: “Pasan algunos años y yo no puedo con mi condición, siempre quiero hacer algo. Además, siempre la familia me apoya. Entonces comencé, en 2019, a estudiar nuevamente y culminé la Licenciatura en Enfermería”.

“Me siento muy afortunada de poder trabajar de lo que me gusta. Estudié para ser Auxiliar de Enfermería y siempre quise seguir formándome. Por eso realicé el curso de Instrumentación Quirúrgica, que es de lo que me desempeño desde hace muchos años en la mutualista privada y en ASSE”.

Su forma de ser la llevó continuar con su formación académica. Se recibe de Licenciada en Enfermería, estudios que no podría haber realizado sin el apoyo de su familia. Siempre trabajó y estudió, además de atender la casa y a sus hijos.

Cuando realizó Instrumentación Quirúrgica tuvo que viajar a Montevideo, al igual que cuando cursó la Licenciatura. Hizo sacrificios: “Cambiaba licencias, pedía días libres. En realidad, hoy me pongo a pensar y era una locura. Pero lo logré, la familia siempre apoyaba”.

Valora mucho las reuniones con amigas, “porque son espacios donde recargo energía, aprendemos unas de otras, mantenemos charlas amenas, compartiendo anécdotas llenas de risas y complicidad”.
Le encanta viajar: “desde que comenzamos (con Cristian) no paramos, me encanta para crear recuerdos y disfrutar de momentos inolvidables”.

También adora estar en su casa y disfrutar de la calma, hacer una pausa y leer algún libro. “Me gustan los de Gabriel Rolón: La voz ausente, La felicidad, y novelas como Directo al corazón, de Diego Fischer”. Le gusta hacer ejercicio cuando puede y salir a caminar.

Cree que las mujeres pueden influir positivamente en la comunidad: “Las mujeres somos conectadoras, podemos escuchar para articular y acercarnos a las personas. Eso favorece a la comunidad, disminuye el aislamiento, genera confianza y permite que los problemas sean detectados para poder ayudar”.

Cree que las mujeres deben participar activamente en Comisiones Barriales, Escolares, Organizaciones Sociales y en los espacios públicos en general, porque así “estás ayudando, aportando y estimulando a otras a que lo hagan”.

Cree que no tiene sueños por cumplir. Agrega: “En una reunión familiar, no hace mucho tiempo, con Cristian hablamos de esto, de qué sueños nos quedaban por cumplir, y dijimos: lo logramos, llegamos. Esto que somos es lo que queríamos. Tenemos lo que queríamos: una familia que está unida, que se respeta, que disfruta cuando está junta, que se realiza individualmente. Eso es cumplir con lo que nos propusimos: permanecer y ser felices. Y ser felices es disfrutar de los momentos que nos da la vida, y eso hacemos: creamos momentos”.

Aspira a que todos, en especial las mujeres, cumplan sus sueños, los persigan y tengan proyectos para realizar.