Anabella Yanet Burgos Figueira, de 39 años, es una mujer simple, muy apasionada por lo que hace y muy protectora de los suyos.
Por Anabela Prieto Zarza
Hija de Carlos (retirado militar) y Beatriz (que se dedica al cuidado de enfermos), dice que tiene padres jóvenes. Su padre, compinche en las actividades vinculadas al candombe y con una incidencia muy importante en su carrera militar. Y su madre, presente en la vida de todos sus hijos, ejemplo y sostén de los mismos.
Anabella es la mayor de cinco hermanos. Le siguen Laura, Paola, Maximiliano y Santiago. “Soy la mayor, la que tiene que dar el ejemplo y la que siempre está para todos”, dice con alegría.
Es mamá de Lautaro, de 19 años, que está estudiando “ingeniero en mecatrónica, pasó a segundo”, y de Luhana, de 12 años, que empieza primer año de Ciclo Básico.
Su infancia, y hasta los 12 años, transcurre en el Barrio Plaza Artigas. Concurre a la Escuela Nº 7 de la Amarilla y luego al liceo Rubino, que deja a los 16 años para comenzar a trabajar.
Su primer trabajo fue como vendedora en Tienda Venus, de cuyos dueños guarda muy gratos recuerdos y por quienes manifiesta un profundo aprecio, porque siempre sintió que a sus empleados los trataban como si fueran de la familia.
Después de que nace Lautaro, se dedica a él durante un año. Luego vuelve al mercado laboral trabajando como promotora en SECOM (Servicio de Acompañantes).
En 2010 ingresa a la Fuerza Aérea como soldado. En estos 16 años en los que se ha desempeñado en la Fuerza ha transitado un camino de crecimiento personal muy importante. No cree en las casualidades de la vida, cree en el destino y en que el mismo ya está marcado para cada persona. Cuando Anabella ingresa a la Fuerza Aérea, su padre le dice: “anotate en cuanto curso haya”, frase que le quedó marcada para toda la vida. Ella le hizo caso.
A finales de 2010 sale un curso, que no sabía muy bien de qué era, pero decide anotarse. En 2011 se va a Montevideo a realizar el curso de Controlador de Tránsito Aéreo. La duración fue de cuatro años y, sin dudas, eso marcó su destino. Iniciaron el mismo cuatro mujeres. Tres se recibieron. Una de ellas, Sheila, de su misma tanda, trabaja hoy con Anabella. La otra, Sandra, se convirtió en su amiga, “su hermana”, trabaja en la EMA, Escuela Militar de Aeronáutica. Con Sandra el vínculo se estrechó aún más porque juntas hicieron el curso para Oficiales.
La realización del curso de Controlador de Tránsito Aéreo implicó que el primer año Anabella se radicara en Montevideo, pero a partir del segundo viajaba todos los días, incluso mientras cursaba el embarazo de Luhana. Cuenta que trabajó hasta una semana antes de que su niña naciera, y dejó de hacerlo porque “me dijeron que no viniera más”. En 2015 se recibe y comienza a ejercer en Durazno. También cuenta con Licencia de DINACIA (Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica).
En el transcurso de su carrera también fue instructora del CIR (Curso de Instrucción al Recluta), una gran responsabilidad, porque se educa e instruye militarmente a quienes ingresan a la Fuerza Aérea. Lo hace durante tres años y deja cuando pasa a realizar el Curso para Oficial.
Hacer el Curso y asumir ese desafío fue muy importante. Igualmente siente que era algo que quería hacer porque “siempre me gustó, yo me crié dentro de esta Brigada, porque mi padre, que es retirado militar, hizo posible que yo pasara mucho tiempo acá adentro, época de la que tengo recuerdos preciosos, en especial de mi niñez en la Brigada, por eso la siento como mi segunda casa”. Sin embargo, lo veía como algo muy lejano.
Un día, dando clases en el CIR, sus jefes le informan de un llamado para pasar al Escalafón de Servicios Generales de Oficiales, lo cual era posible por su carrera de Controlador.
Le dieron las bases del llamado. Se tomó su tiempo para reflexionar sobre el tema y, con el apoyo de su familia y amigos, se motivó a dar la prueba clasificatoria. La salva y queda habilitada para hacer el Curso de Oficial.
Lo realiza en la EMA y lo culmina con éxito, se recibe de Oficial, en diciembre de 2025. El 1º de febrero de 2026 cumplió un año de su ascenso como Alférez Especialista. Pasar de personal subalterno a Oficial significó una oportunidad increíble y, al mismo tiempo, la enorme satisfacción de lograr los objetivos propuestos, ser ejemplo de que sí se puede.
Se emociona hasta las lágrimas cuando habla de sus hijos, del motor que significan para ella en su vida y en sus logros: “gracias a ellos es que sigo esmerándome, son todo para mí, son los que siempre están, los que me han acompañado en todo mi proceso, los que han visto cómo he crecido y sé que están orgullosos de mí”.
Su condición de mujer nunca fue un impedimento para desarrollarse profesionalmente. De hecho, siempre les dice a las reclutas: “el respeto y el valor se lo gana cada una”. Y agrega: “nunca sentí que por ser mujer me hicieran a un lado. Mi lugar siempre estuvo y el respeto también”.
En sus tiempos libres le gusta el verde, la paz, la música y, su punto débil, el candombe: “es mi cable a tierra”, dice. Se inició en él hace 34 años y desde hace 21 es parte de Afrocan. Le debe su amor por el candombe a su padre, que siempre salió en una murga y en una comparsa, en Tamborileros del Sur y después en Corazón Lubolo. Esa comparsa ensayaba en su casa, en Plaza Artigas. Su primer desfile fue con ellos, con su padre, a los 5 años. Y desde ahí no paró hasta la fecha.
Nunca tuvo problemas por ser militar y participar de las comparsas. Fue Reina de las Llamadas en 2004 y Segunda Princesa en 2007, ya siendo mamá de Lautaro. Desde hace un año no ensaya porque no tiene tiempo, pero participa desde otro lugar. Sigue en la comparsa acompañando a sus hijos, que los dos salen, y también está como coordinadora del Cuerpo de Baile, “o sea, apoyando un poco de afuera”. Son roles distintos, pero la misma pasión.
Es voluntaria de Teletón. Siempre quiso apoyar y, cuando se formó el grupo en Durazno, se sumó sin dudarlo.
No piensa en si tiene sueños o no por cumplir, pero sabe que ha trabajado duro para conseguir lo que se ha propuesto. Sabe que hay que trabajar mucho en los sueños y metas que uno se proponga; es fundamental no darse por vencido ante la primera piedra que aparezca en el camino. “Es como les digo a mis hijos, a lo largo del camino siempre están los frutos, tienen que trabajar en sus sueños, que con sacrificio y esfuerzo todo se logra”.
