Como ciudadanos de este bendito Uruguay, palpitamos con fervor y acompañamos las iniciativas de aquellos que piensan seriamente en el país, muchos trabajando cotidianamente con gran esfuerzo y compromiso, y otros haciendo inversiones de capital, con el objetivo de promover fuentes de ocupación.
Por Saúl Moisés Piña
El panorama del trabajo, económico y empresarial presenta problemas, al punto de que en estos días algunos conflictos laborales, que habían determinado despidos y pases al seguro, la solución ha sido una reducción en los salarios de los trabajadores, como manera de conservar el trabajo.
De todos modos, sin quitar importancia en los hechos, tenemos confianza en poder superar estas situaciones, teniendo en consideración las fuerzas morales y espirituales de la mayoría de los ciudadanos, basada en el legado cultural y educativo, reafirmado con las tradiciones cívicas, que aún por suerte pesan, no obstante la corta historia de estas tierras.
La vida de los pueblos tiene mucha semejanza con el discurrir de un rio, cuya corriente no se paraliza, no retrocede y jamás deja de avanzar, pese a los obstáculos que se puedan presentar.
El mundo vive situaciones de elevada violencia, con guerras que no tienen explicación, dictaduras crueles y el sufrimiento de personas. El Uruguay no escapa a esta situación y la inseguridad predomina .En estos tiempos de crisis de valores, surgen las virtudes y las mezquindades de los seres humanos. Están los que asisten al prójimo, los indiferentes y los que pretenden sacar provecho de las circunstancias.
Algunos analistas señalan como una de las limitaciones para enfrentar la ola de ilícitos, la falta de autoridad. Otros disparan contra la justicia y algunos al avance de la droga, como también a la influencia de la pobreza.
De todos modos, no resulta fácil determinar las causas por las que hemos llegado a esta situación, donde seguramente se trata de un problema social de amplio espectro, que no es nuevo y cuya solución no será nada fácil de lograr.
Tenemos fe en que nada ha de quebrar la aspiración del pueblo del Uruguay, que no se verá vencida por minorías insanas, que no son producto de una herencia o de la pobreza como afirman algunos políticos despistados.-La gran pobreza que hemos contraído es la del espíritu y los valores, lo que resulta mucho más difícil de combatir que la económica.
La tarea que nos convoca tiene que ser responsabilidad de todos y buena cosa sería que en este tiempo de fervor electoral y de plantear programas de gobierno, también se haga mención al pacto que deberán acordar gobernantes, oposición y gobernados, para encarar de forma conjunta la difícil tarea del rescate del país del escenario de la violencia y la inseguridad.
La gran base para crear las mejores condiciones de la sociedad, es la generación de fuentes de trabajo, apoyo a las Pymes, al pequeño productor rural y el fortalecimiento de las Escuelas Técnicas de UTU y las Escuelas Agrarias. Se debe poner énfasis en los planes educativos que tengan un alto contenido en la reafirmación de los valores, del humanismo. Son estos los temas que tendrían que estar integrados en la oferta electoral del momento. Es tiempo del desafío a la capacidad de los buenos orientales. De ello depende la felicidad del mañana y el destino de nuestros hijos.
