Yarury: el aprendizaje de aceptarse a uno mismo

Yarury De Mello Lapaz, de 36 años, se define como una persona que va siempre para adelante, alegre, empática y trabajadora. Es hija de Joceline Lapaz y de Ricardo Roldán, “no es mi papá, pero es como si lo fuera, porque se merece todos los títulos: me cría desde los 3 años y medio”.

Por Anabela Prieto Zarza

Es hermana de Martín y Rosalía, y pareja de Loreto desde hace 13 años. Es mamá de Valentina, de 19 años, y de Renata, de 10.

Nació y creció en el barrio Pueblo Nuevo, donde vive hasta ahora. Asistió a la Escuela Nº 75. “Fui criada por mis abuelos maternos, para mí es muy importante mencionarlo porque ya no están en este plano”. Concurrió al Liceo Rubino hasta los 17 años. A esa edad tuvo a Valentina.

En el año 2019 retomó los estudios que había dejado en 4º de liceo. Hizo el Bachillerato completo. La decisión la tomó porque quiso terminar aquello que tenía pendiente.

Desde los 10 años ayudó en el mostrador, en la panadería de sus padres. Su principal trabajo considera que fue el pasaje por la Fuerza Aérea, donde estuvo seis años. Trabajó en el aeropuerto, ingresó como soldado, hizo cursos y pasó a la parte técnica. Cuando nace Renata, la niña más chica, decide dejar la Fuerza Aérea y comenzar su propio emprendimiento familiar. Junto a su mamá y Loreto abrieron una casa de comidas. “Mamá nos encaminó y después se abrió”.

Un día le preguntaron si se animaba a hacer una torta. Se animó. Empezó a elaborar porque le quedaban ricas. Era algo que le gustaba. Hizo cursos para perfeccionar sus conocimientos y habilidades. Puede decir que el desarrollo de su profesión actual llegó por accidente. Hoy es repostera, aunque aclara que con Loreto hacen todo tipo de servicios para fiestas. Están preparados y lo hacen bien.

Dos hechos marcaron la vida de Yarury. El nacimiento de sus hijas es lo más maravilloso que le ha tocado vivir, y seguir acompañándolas a lo largo de su vida y de su crecimiento.

El otro fue el fallecimiento de su padre biológico. Ocurrió cuando ella ya era grande. Lo conoció muerto. “Fue imponente, me dio vuelta la vida, fue un golpe muy duro porque ya está, no lo podré conocer, no podré saber quién era.

No fue ni va a ser. Aprendí la importancia de estar, de decir ‘te amo’, y eso trato de hacer con mis hijas. Que no les falte lo que me faltó a mí”.

Valentina comenzará su carrera universitaria, pero la madre me cuenta con orgullo que le encanta el arte. “Es volada por el arte”. Ha diseñado la visión global de Afrocan (cuando vos ves la comparsa parada y observás la combinación de figuras, movimientos y vestuario, desde el estandarte hasta el último tambor). En ese pedacito del corte en que la comparsa para, es donde se muestra la propuesta, y eso también lo ha escrito. Este año está trabajando con Candonga Africana y la Sara (ex Sarabanda). Además, integra la orquesta juvenil en el Núcleo Durazno y baila folclore desde los 4 años en el Ballet Weisman Sánchez Galarza.

Renata terminó 4º de escuela, donde deslumbró con su baile, y es una niña que vive con alegría su infancia. Ha hecho de todo, ha incursionado en distintas actividades: sinfónica, conservatorio, danza. Yarury ha bregado por transmitir a sus hijas que deben amarse, quererse, ser libres de ser quienes quieran ser y, sobre todo, ser felices.

Desde niña, Yarury amaba el candombe, pero no la dejaban participar. La abuela, que la consentía mucho, cuando pasaba por la casa la Escuelita de Afrocan, la dejaba hacer esa cuadra bailando.

La vida pasa y Yarury se hace cargo del cuidado de su abuela hasta el último día. Partió con 92 años. La abuela le decía: “Mija, le doy trabajo”, y Yarury contestaba: “Estoy haciendo por vos lo mismo que hiciste por mí”.

No fue fácil aceptar la pérdida. La embargó la tristeza y tuvo algunos ataques de pánico. Valentina tocaba el tambor desde los 12 años en Afrocan, y con la familia iban a verla. Fue entonces que la invitaron a bailar de mamá vieja y aceptó.

“Eso me rescató. Además, Loreto me enseñó que soy linda gordita, porque antes, a pesar de que había sido invitada, no me había animado porque tenía el cuerpo rellenito. Ese hombre me enseñó un montón de cosas, sobre todo a aceptarme como soy. Me dejé de planchar el pelo. Me ayudó a mejorar la autoestima, me abrió la cabeza de una forma que en mi vida me hubiera imaginado. Igual que la libertad de que los hombres se pueden quedar en casa y uno salir con las amigas, ir a los bailes. Él a veces va y a veces no, pero siempre me está estimulando”.

Para salir se preparó. Hizo talleres con Yully Da Chaga, gran referente del candombe que traía Afrocan. Le enseñó todo. “Después yo le puse mi impronta, porque uno va armando el personaje con la esencia de uno mismo. Te dan las herramientas, pero el personaje tiene que crearlo uno”.

Agrega con pasión: “La gramilla es muy importante en la comparsa porque tiene un significado histórico. La Mama Vieja representa la sabiduría y la ancianidad. Es madre, abuela, sabia y dulce. Es la reina de la comparsa, representa a la Reina de la Sala de la Nación. El gramillero era el yuyero, el brujo, el curandero. Es el sucesor del Rey de la Sala de la Nación. También representa la ancianidad. Concepto muy respetado”.

A pesar de que casi se olvida, con indisimulado orgullo me cuenta que en 2025, con Afrocan, sacó la mención a mejor mamá vieja. Loreto también estaba en Afrocan. Era coordinador de las banderas de la comparsa, el que mide la distancia, el tiempo, etcétera. Un rol importante en las competencias. Ambos se fueron para Candonga Africana de Las Piedras. Van a ensayar cada 15 días.

Yarury es alegre y lo demuestra. Le gusta bailar, bailar lo que sea. Le gusta leer. Le encantaría ser “la vieja de las plantas, pero se me mueren hasta las de plástico”.

Sus sueños pasan por ver crecer a sus hijas y poder decir: las encaminé, verlas felices.

A los padres les dice: “Traten de estar presentes lo más que puedan en la vida de sus hijos: en las fiestas escolares, en el médico, con sus amigos, en todo, aunque eso signifique algún ingreso menos. Nosotros lo hacemos porque valoramos el tiempo compartido con ellas”.

Y a todos recomienda lo que a ella le costó aprender: ser uno mismo sin importar lo que digan los demás.