{"id":8366,"date":"2025-09-26T11:56:22","date_gmt":"2025-09-26T14:56:22","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=8366"},"modified":"2025-09-26T12:28:05","modified_gmt":"2025-09-26T15:28:05","slug":"mariana-las-mujeres-que-pueden-sostenerse-solas-criar-trabajar-sonar-y-ser-felices","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=8366","title":{"rendered":"\u201cMariana: Las mujeres que pueden sostenerse solas, criar, trabajar, so\u00f1ar y ser felices.\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>L\u00e9rida Mariana Rosano tiene 44 a\u00f1os. Consultada sobre c\u00f3mo se define, responde con una sonrisa: \u201cno tengo ni idea\u201d. Yo creo que s\u00ed, que quiz\u00e1 lo que no pueda es poner en palabras la percepci\u00f3n que tiene de s\u00ed misma. Por eso lo hago yo: es una mujer trabajadora, sencilla, franca, segura de s\u00ed, autosuficiente y con muy claro lo que quiere y c\u00f3mo lo quiere.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por<\/strong> Anabela Prieto Zarza<!--more--><\/p>\n<p>Es mam\u00e1 de cuatro hijos: Gabriel, de 27; Sol, de 24; Sof\u00eda, de 16; y la peque\u00f1a Mariana, de 10, a quien describe como su vivo retrato: en la piel, en la cara, en los gestos, en todo.<\/p>\n<p>Creci\u00f3 en una familia numerosa: siete hermanos en total, seis de sangre y la m\u00e1s chica, adoptada, a quien en realidad cri\u00f3 como a una hija. Qued\u00f3 hu\u00e9rfana muy joven, apenas a veinte d\u00edas de cumplir quince a\u00f1os. De su infancia prefiere no hablar demasiado, porque \u2014como dice\u2014 \u201chubo de todo\u201d y ella es de mirar hacia adelante.<\/p>\n<p>Fue alumna de la Escuela N\u00ba 9, la misma donde asistieron tambi\u00e9n sus hijos y a la que a\u00fan concurre la m\u00e1s chica. Mariana la recuerda con cari\u00f1o: ama esa escuela de barrio, de la que han salido profesionales de todo tipo, porque all\u00ed no importan las carencias, sino el empe\u00f1o.<\/p>\n<p>Curs\u00f3 primer a\u00f1o de liceo en el Rubino. Mientras tanto, su hermana mayor estudiaba cuarto en la UTU. Pero el c\u00e1ncer de su madre, que se la llev\u00f3 en apenas tres a\u00f1os, cambi\u00f3 la vida de todas. Las dos hermanas se turnaban: una de lunes a viernes en Montevideo, acompa\u00f1ando y cuidando a Estela; la otra, en Durazno, al frente de los hermanos m\u00e1s chicos. El primer a\u00f1o fue llevadero, pero el tercero result\u00f3 duro, con la madre ya necesitando dedicaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Cuando adopt\u00f3 a aquella hermanita menor, Estela pens\u00f3 que quiz\u00e1s Dios se apiadar\u00eda y le dar\u00eda m\u00e1s tiempo de vida. No fue as\u00ed: la ni\u00f1a ten\u00eda apenas tres a\u00f1os cuando su madre falleci\u00f3. Fueron las hermanas quienes la criaron, y Mariana se convirti\u00f3 para ella en un verdadero referente.<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca, cada peso era vital. Para poder cobrar asignaci\u00f3n familiar, consigui\u00f3 una beca en el Taller de Artes Pl\u00e1sticas, donde aprendi\u00f3 a hilar. Iba de noche, aunque nunca aplic\u00f3 ese oficio. Siempre vivi\u00f3 en el barrio El Cementerio, donde sigue hasta hoy. Asegura que es un lugar tranquilo, donde todos se conocen: \u201call\u00ed criamos a nuestros hijos, no hay problemas de ning\u00fan tipo\u201d.<\/p>\n<p>Sus primeros trabajos, a\u00fan menor de edad, fueron en plantaciones, en cultivo de tomates, como ni\u00f1era. Cumplidos los 18, ingres\u00f3 a la industria frigor\u00edfica. Un mundo aparte \u2014dice\u2014, del que aprendi\u00f3 mucho, sobre todo de la gente, de los compa\u00f1eros y de la forma en que se apoyaban unos a otros. All\u00ed trabaj\u00f3 casi veinte a\u00f1os, y todav\u00eda conserva amistades de aquella etapa.<\/p>\n<p>Un accidente marc\u00f3 un giro: se rompi\u00f3 los ligamentos de la rodilla en una ca\u00edda. El diagn\u00f3stico demor\u00f3 y finalmente debieron operarla, coloc\u00e1ndole dos tornillos. La recuperaci\u00f3n fue larga. La incertidumbre sobre c\u00f3mo mantener a sus hijas peque\u00f1as le provoc\u00f3 ansiedad y ataques de p\u00e1nico. Consult\u00f3 a un psiquiatra, quien le indic\u00f3 medicaci\u00f3n, pero ella decidi\u00f3 salir adelante sin pastillas.<\/p>\n<p>Record\u00f3 lo que sab\u00eda hacer de chica y empez\u00f3 a trabajar por cuenta propia: cortar le\u00f1a, vender acacia de los montes y preparar tierra abonada. Con el tiempo se fue armando de una clientela fiel. La tierra la obtiene de un lugar que antes fue un basurero; la limpia, le agrega c\u00e1scara de arroz conseguida en los stud, la enriquece y la envasa para la venta. Hoy incluso le dio esa changa de preparaci\u00f3n a una persona que atraviesa dificultades econ\u00f3micas: ella solo se encarga de la comercializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como la le\u00f1a es un trabajo zafral de invierno, complementa con cortes de pasto. Tiene dos bordeadoras y clientes fijos durante todo el a\u00f1o, tanto particulares como instituciones p\u00fablicas y privadas. Cuenta con orgullo que es monotributista.<\/p>\n<p>Su empresa unipersonal naci\u00f3 gracias al apoyo del MIDES, que le permiti\u00f3 facturar y contratar. El primer a\u00f1o pagaba $600 al BPS, el segundo $1.200, y ahora, en el tercero, pasa al monotributo com\u00fan de unos $2.800 mensuales. Esa bonificaci\u00f3n inicial le dio aire para afianzarse, y valora mucho estar generando aportes jubilatorios.<\/p>\n<p>Mariana es una mujer pr\u00e1ctica, con una filosof\u00eda de vida clara: no le gusta pedir ayuda. Considera que ese es uno de los grandes problemas de la sociedad: \u201cno deber\u00eda ser necesario preguntarle a alguien que est\u00e1 pasando un mal momento si necesita algo, hay que ir y darle nom\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Con su hermano y un grupo de amigos integra la aparcer\u00eda \u201cLos Gauchos de Rebollo\u201d. Cuando hay desfiles se juntan unas veinte personas y visten uniforme. Ella se encarga de conseguir camisas en el trueque, ponerlas a punto y prestarlas junto con chalecos a quienes quieran desfilar, aunque no pertenezcan al grupo. Tambi\u00e9n comparten caballos y recados. Saben que nunca ganar\u00e1n premios porque son un rejunte, pero lo que los motiva es la amistad, el guiso compartido, el amor por el campo y los caballos. En el Festival acampan desde el jueves y se vuelven el lunes, \u201cporque nos echan\u201d, dice riendo.<\/p>\n<p>No se considera ambiciosa ni tiene grandes sue\u00f1os pendientes. Lo que anhela es que sus hijos trabajen, estudien y hagan sus vidas de la mejor manera. Los crio sola, sin precisar de nadie. Los dos mayores ya tienen buenos trabajos; las m\u00e1s chicas estudian. Con eso le alcanza. No le atraen los shoppings ni las grandes ciudades: le gusta el campo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSos feliz? \u2014le pregunto. \u2014S\u00ed \u2014responde con seguridad.<\/p>\n<p>No es de dar consejos, pero su vida demuestra que una mujer puede trabajar, criar a su familia, vivir, disfrutar de lo que le gusta y ser feliz, sin necesitar de una pareja. Porque las mujeres, como Mariana, pueden solas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u00e9rida Mariana Rosano tiene 44 a\u00f1os. Consultada sobre c\u00f3mo se define, responde con una sonrisa: \u201cno tengo ni idea\u201d. Yo creo que s\u00ed, que quiz\u00e1 lo que no pueda es poner en palabras la percepci\u00f3n que tiene de s\u00ed misma. 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