{"id":13102,"date":"2026-10-01T10:26:32","date_gmt":"2026-10-01T13:26:32","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=13102"},"modified":"2026-10-01T10:26:32","modified_gmt":"2026-10-01T13:26:32","slug":"graciela-iturbide-una-mirada-que-se-resiste-a-explicarlo-todo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=13102","title":{"rendered":"Graciela Iturbide, una mirada que se resiste a explicarlo todo"},"content":{"rendered":"<p><strong>En esta columna de hoy, La memoria en im\u00e1genes recorre la vida de Graciela Iturbide, una mujer que quiso ser escritora y encontr\u00f3 en la fotograf\u00eda una forma de conocer el mundo y construir su independencia. Desde su formaci\u00f3n junto a Manuel \u00c1lvarez Bravo hasta sus encuentros con el pueblo seri y las mujeres de Juchit\u00e1n, nos acercaremos a las experiencias que dieron origen a sus im\u00e1genes. Sus viajes, los libros, los afectos, el trabajo sobre Frida Kahlo y los grandes reconocimientos internacionales completan un recorrido para conocer a la persona detr\u00e1s de una obra que sigue creciendo.<\/strong><!--more--><\/p>\n<p>Graciela Iturbide quiso ser escritora antes de imaginar una vida dedicada a la fotograf\u00eda. Le interesaban las palabras, las historias y la posibilidad de estudiar, pero creci\u00f3 en un ambiente donde el futuro de una mujer estaba condicionado por las expectativas familiares. El camino hacia la c\u00e1mara comenz\u00f3 tambi\u00e9n con esa necesidad: encontrar un espacio propio desde el cual conocer el mundo.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 el 16 de mayo de 1942 en Ciudad de M\u00e9xico. Fue la mayor de trece hermanos y recibi\u00f3 una educaci\u00f3n religiosa. En el internado donde estudi\u00f3 encontr\u00f3 una biblioteca que la acerc\u00f3 a los autores del Siglo de Oro espa\u00f1ol. La lectura le ofrec\u00eda una intimidad que, a\u00f1os despu\u00e9s, seguir\u00eda acompa\u00f1\u00e1ndola durante sus viajes y su trabajo.<\/p>\n<p>Su padre era aficionado a la fotograf\u00eda y le regal\u00f3 una c\u00e1mara cuando era ni\u00f1a. Sin embargo, aquella experiencia no defini\u00f3 de inmediato su vocaci\u00f3n. En 1962 se cas\u00f3 con el arquitecto Manuel Rocha D\u00edaz y tuvo tres hijos: Mauricio, Manuel y Claudia. El deseo de estudiar y desarrollar una actividad creativa permanec\u00eda abierto.<\/p>\n<h5>El cine y un maestro que le ense\u00f1\u00f3 a mirar<\/h5>\n<p>En 1969 ingres\u00f3 al Centro Universitario de Estudios Cinematogr\u00e1ficos de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico. El cine reun\u00eda varias de sus inquietudes: la escritura, la construcci\u00f3n de una historia y el trabajo con im\u00e1genes. Particip\u00f3 en experiencias cinematogr\u00e1ficas de aquellos a\u00f1os; en <em>Crates<\/em>, de 1970, qued\u00f3 acreditada como asistente de direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese \u00e1mbito conoci\u00f3 a Manuel \u00c1lvarez Bravo. Entre 1970 y 1971 trabaj\u00f3 como su asistente y lo acompa\u00f1\u00f3 en recorridos por M\u00e9xico. Aquel aprendizaje inclu\u00eda observar los lugares, esperar y reconocer una fotograf\u00eda en una situaci\u00f3n que pod\u00eda parecer corriente.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con \u00c1lvarez Bravo fue tambi\u00e9n una apertura intelectual. Conversaban sobre pintura y literatura, escuchaban m\u00fasica y compart\u00edan una manera de prestar atenci\u00f3n a lo que ten\u00edan delante. Iturbide ha recordado que esa cercan\u00eda modific\u00f3 su forma de entender la vida.<\/p>\n<p>Con el tiempo necesit\u00f3 independizar su trabajo del de su maestro. Conserv\u00f3 la amistad, pero busc\u00f3 una distancia que le permitiera desarrollar sus propias im\u00e1genes. En aquellos comienzos realiz\u00f3 encargos para revistas m\u00e9dicas, retratos y fotograf\u00edas de bodas, mientras sosten\u00eda sus b\u00fasquedas personales. La construcci\u00f3n de una obra conviv\u00eda con la necesidad de ganarse la vida.<\/p>\n<h5>Una p\u00e9rdida y las primeras b\u00fasquedas<\/h5>\n<p>En 1970 muri\u00f3 su hija Claudia. Iturbide ha hablado de esa p\u00e9rdida y de su posterior acercamiento a los funerales de ni\u00f1os, conocidos en distintas comunidades mexicanas como despedidas de \u201cangelitos\u201d. En su testimonio, fotografiar aquellas ceremonias aparece relacionado con la necesidad de atravesar su propio duelo.<\/p>\n<p>Esa experiencia permite comprender una parte de su inter\u00e9s por la muerte, los rituales y las formas de convivir con la ausencia. Tambi\u00e9n exige cuidado al mirar su trabajo: detr\u00e1s de las im\u00e1genes hab\u00eda otras familias, otras p\u00e9rdidas y una fot\u00f3grafa que intentaba entender algo de su propia vida.<\/p>\n<p>Su atenci\u00f3n abarcaba, al mismo tiempo, las calles, las fiestas y los cambios culturales de M\u00e9xico. En 1971 fotografi\u00f3 el Festival de Av\u00e1ndaro, una gran concentraci\u00f3n de j\u00f3venes alrededor del rock. Ese trabajo dio lugar al libro <em>Av\u00e1ndaro<\/em>, con texto de Luis Carri\u00f3n, publicado ese mismo a\u00f1o. Su bibliograf\u00eda comenzaba as\u00ed mucho antes de los proyectos que terminar\u00edan por hacerla reconocida internacionalmente.<\/p>\n<h5>Sonora: el tiempo necesario para acercarse<\/h5>\n<p>En 1978 recibi\u00f3 un encargo del Archivo Etnogr\u00e1fico del Instituto Nacional Indigenista y viaj\u00f3 al desierto de Sonora para trabajar con el pueblo seri. La acompa\u00f1\u00f3 el antrop\u00f3logo Luis Barjau. Permanecieron all\u00ed durante semanas, compartiendo una vida cotidiana que requer\u00eda aprender otros ritmos y establecer relaciones.<\/p>\n<p>El trabajo se convirti\u00f3 en <em>Los que viven en la arena<\/em>, publicado en 1981. Entre las im\u00e1genes vinculadas a esa experiencia se encuentra <em>Mujer \u00e1ngel<\/em>, de 1979: una mujer camina por el paisaje des\u00e9rtico llevando una radiograbadora. La fotograf\u00eda re\u00fane, dentro de una misma escena, la vestimenta tradicional, el territorio y un objeto de consumo moderno.<\/p>\n<p>Iturbide cont\u00f3 despu\u00e9s que no recordaba haber tomado esa imagen hasta que la encontr\u00f3 al revisar sus hojas de contacto. De esa experiencia surgi\u00f3 una reflexi\u00f3n sobre su oficio: la fotograf\u00eda tambi\u00e9n se descubre al volver sobre lo fotografiado. La selecci\u00f3n, la distancia y una segunda mirada participan en la construcci\u00f3n de la obra.<\/p>\n<h5>Juchit\u00e1n, una historia construida entre mujeres<\/h5>\n<p>En 1979, Francisco Toledo la invit\u00f3 a fotografiar Juchit\u00e1n, en Oaxaca. Aquel encuentro abri\u00f3 un trabajo que continuar\u00eda durante buena parte de la d\u00e9cada siguiente y que desemboc\u00f3 en <em>Juchit\u00e1n de las mujeres<\/em>, publicado en 1989 con texto de Elena Poniatowska.<\/p>\n<p>Las mujeres ocupan un lugar central en esas fotograf\u00edas: aparecen en mercados, celebraciones, procesiones y espacios dom\u00e9sticos. Iturbide fue conociendo sus actividades y sus v\u00ednculos mientras ellas tambi\u00e9n interven\u00edan en el recorrido, le propon\u00edan situaciones y le mostraban aspectos de la comunidad.<\/p>\n<p>De all\u00ed procede <em>Nuestra Se\u00f1ora de las Iguanas<\/em>, realizada en 1979. La mujer retratada, Zobeida D\u00edaz, llevaba los animales para venderlos en el mercado. La imagen adquiri\u00f3 una circulaci\u00f3n que excedi\u00f3 ampliamente los museos y los libros: se convirti\u00f3 en un s\u00edmbolo reproducido en diferentes espacios y soportes.<\/p>\n<p>Otra relaci\u00f3n qued\u00f3 expresada en los retratos de Magnolia, de 1986. Seg\u00fan cont\u00f3 Iturbide, fue Magnolia quien le pidi\u00f3 que la fotografiara y fue eligiendo c\u00f3mo presentarse ante la c\u00e1mara. La ropa, los gestos y el espejo formaban parte de esa participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cSin complicidad no hay retrato\u201d, explic\u00f3 la fot\u00f3grafa en una conversaci\u00f3n con <em>La Jornada<\/em>. La frase ayuda a entender una pr\u00e1ctica sostenida en la cercan\u00eda: las personas retratadas tienen deseos, decisiones y una forma propia de mostrarse.<\/p>\n<h5>La confianza como forma de trabajo<\/h5>\n<p>Iturbide ha se\u00f1alado que evita fotografiar a escondidas y que respeta a quienes no quieren aparecer en una imagen. En sus estancias prolongadas, la c\u00e1mara es visible y su presencia como fot\u00f3grafa forma parte de la relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese criterio acompa\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n su trabajo fuera de M\u00e9xico. En 1986 comenz\u00f3 a fotografiar a integrantes de White Fence, en el este de Los \u00c1ngeles. El acercamiento a esa comunidad de origen mexicano continu\u00f3 con visitas posteriores y amistades que sobrevivieron al encargo inicial. En una entrevista publicada por <em>Frieze<\/em> en 2022 explic\u00f3 que todav\u00eda manten\u00eda contacto con algunas de las personas fotografiadas.<\/p>\n<p>Los viajes ampliaron su obra hacia pa\u00edses como India, Madagascar, Cuba, Italia y Estados Unidos. Las escenas cambiaban, pero segu\u00eda presente el inter\u00e9s por los gestos, las creencias y las relaciones entre las personas y su entorno. M\u00e9xico fue un punto de partida y una referencia persistente dentro de una trayectoria que se desarroll\u00f3 en muchos otros lugares.<\/p>\n<h5>Los p\u00e1jaros y una naturaleza cada vez m\u00e1s presente<\/h5>\n<p>Los p\u00e1jaros atraviesan distintas etapas de su producci\u00f3n. Aparecen en el cielo, sobre los \u00e1rboles y en sus autorretratos. El libro <em>P\u00e1jaros<\/em>, publicado en 2002 con textos de Jos\u00e9 Luis Rivas y Bruce Wagner, reuni\u00f3 esa b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>En esas fotograf\u00edas, la naturaleza puede producir inquietud, extra\u00f1eza o una sensaci\u00f3n de movimiento que desborda los l\u00edmites de la imagen. Las aves tambi\u00e9n est\u00e1n vinculadas a su experiencia personal y a sus reflexiones sobre la vida y la muerte.<\/p>\n<p>Con los a\u00f1os, los objetos, las plantas y los paisajes adquirieron mayor presencia. Entre 1996 y 2004 trabaj\u00f3 en el jard\u00edn bot\u00e1nico de Oaxaca, donde fotografi\u00f3 cactus y otras plantas sujetas, protegidas o envueltas. El libro <em>Naturata<\/em>, de 2004, con texto de Fabio Mor\u00e1bito, forma parte de ese recorrido.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n humana contin\u00faa siendo perceptible, incluso cuando no hay personas en el encuadre: una cuerda, una envoltura o una estructura de protecci\u00f3n permiten reconocer el cuidado y la transformaci\u00f3n de lo natural.<\/p>\n<h5>Frida Kahlo a trav\u00e9s de sus objetos<\/h5>\n<p>Entre 2005 y 2006, Iturbide realiz\u00f3 la serie <em>El ba\u00f1o de Frida<\/em>. El acceso a ese espacio de la Casa Azul le permiti\u00f3 fotografiar pertenencias y elementos asociados a la vida corporal de la pintora. El libro <em>El ba\u00f1o de Frida Kahlo<\/em> apareci\u00f3 en 2009.<\/p>\n<p>El encuentro con esos objetos produjo una aproximaci\u00f3n a la ausencia: aquello que hab\u00eda acompa\u00f1ado a una persona segu\u00eda all\u00ed, disponible para una mirada posterior.<\/p>\n<p>Iturbide ha explicado que no se considera una devota de Frida. Lo que la conmovi\u00f3 fue reconocer, a trav\u00e9s de las huellas de su dolor, a una mujer que hab\u00eda continuado creando. Esa observaci\u00f3n permite leer la serie desde la intimidad y el trabajo art\u00edstico, m\u00e1s all\u00e1 de la imagen p\u00fablica de Kahlo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sus propios autorretratos relacionan experiencias interiores con elementos concretos. En <em>\u00bfOjos para volar?<\/em>, de 1989, los p\u00e1jaros se aproximan al rostro de la fot\u00f3grafa. Al hablar de esa imagen, Iturbide la vincul\u00f3 a una crisis personal y a una decisi\u00f3n intuitiva. Su presencia dentro de la obra hace visible hasta qu\u00e9 punto fotografiar tambi\u00e9n supone interrogarse.<\/p>\n<h5>Los afectos, los libros y un lugar para trabajar<\/h5>\n<p>La vida de Iturbide est\u00e1 atravesada por amistades con fot\u00f3grafos y artistas. Josef Koudelka ocupa un lugar importante entre esas relaciones: ella ha destacado su libertad y su manera de convivir con las comunidades. La admiraci\u00f3n va acompa\u00f1ada de una exigencia personal de independencia; reconocer una influencia tambi\u00e9n le permite preguntarse qu\u00e9 necesita buscar por su cuenta.<\/p>\n<p>Los libros forman parte de ese aprendizaje continuo. Su obra ha dialogado con escritores como Elena Poniatowska, Carlos Monsiv\u00e1is y Fabio Mor\u00e1bito. En <em>La forma y la memoria<\/em>, publicado en 1996, los textos de Monsiv\u00e1is acompa\u00f1aron sus fotograf\u00edas; en <em>Asor<\/em>, de 2010, particip\u00f3 su hijo, el compositor Manuel Rocha Iturbide, con una obra electroac\u00fastica.<\/p>\n<p>Su otro hijo, el arquitecto Mauricio Rocha, dise\u00f1\u00f3 en 2016 el estudio de Heliotropo 37, en Coyoac\u00e1n. Ese lugar dio nombre a la exposici\u00f3n que la Fondation Cartier present\u00f3 en Par\u00eds en 2022.<\/p>\n<p>La muestra incluy\u00f3 tambi\u00e9n una serie realizada en Tecali en 2021, dedicada al trabajo con el \u00f3nix y el alabastro. Para fotografiar aquellas piedras recurri\u00f3 al color, una elecci\u00f3n poco frecuente dentro de una trayectoria reconocida principalmente por el blanco y negro. La exploraci\u00f3n de los materiales abr\u00eda otra posibilidad dentro de una obra todav\u00eda en movimiento.<\/p>\n<h5>El reconocimiento de una mirada propia<\/h5>\n<p>Los premios permiten seguir parte de su proyecci\u00f3n internacional. Recibi\u00f3 el reconocimiento del W. Eugene Smith Memorial Fund en 1987 y una beca Guggenheim en 1988. En 2008 obtuvo el Premio Hasselblad, cuyo jurado destac\u00f3 su contribuci\u00f3n a ampliar la fotograf\u00eda documental y a explorar las relaciones entre las personas, la naturaleza, la cultura y la experiencia psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>A esos reconocimientos se sumaron el Premio Cornell Capa del Centro Internacional de Fotograf\u00eda, en 2015; el Premio de Fotograf\u00eda William Klein de la Academia de Bellas Artes de Francia, en 2023; y el Premio Princesa de Asturias de las Artes, en 2025.<\/p>\n<p>En su discurso al recibir este \u00faltimo, Iturbide defendi\u00f3 la fotograf\u00eda como una interpretaci\u00f3n atravesada por los conocimientos, las emociones y la intuici\u00f3n de quien mira. Tambi\u00e9n expres\u00f3 su preferencia por la poes\u00eda frente a las lecturas que describen su obra como m\u00e1gica. Las fotograf\u00edas permiten conocer algo del mundo y, al mismo tiempo, de la persona que las hizo.<\/p>\n<p>En 2026, la retrospectiva <em>Between Two Worlds<\/em>, presentada en el Museo de Arte Moderno de San Francisco del 11 de julio al 29 de noviembre, recorre m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas de su trabajo. Re\u00fane escenas de M\u00e9xico, viajes, autorretratos, paisajes y rituales: distintas experiencias de una vida que encontr\u00f3 en la c\u00e1mara una forma de relacionarse con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Al recibir el Princesa de Asturias, volvi\u00f3 a una ense\u00f1anza de \u00c1lvarez Bravo: \u201cNo hay que apresurarse, dec\u00eda \u00e9l, hay tiempo, hay tiempo\u201d. Despu\u00e9s de tantos viajes, libros y exposiciones, aquella lecci\u00f3n conservaba su lugar.<\/p>\n<p>Su trayectoria permite reconocer cu\u00e1nto puede contener ese tiempo: aprender a mirar, regresar a un lugar, dejar que alguien decida c\u00f3mo quiere ser retratado, revisar una fotograf\u00eda que hab\u00eda pasado inadvertida. All\u00ed, en esas decisiones, tambi\u00e9n se conoce a Graciela Iturbide.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta columna de hoy, La memoria en im\u00e1genes recorre la vida de Graciela Iturbide, una mujer que quiso ser escritora y encontr\u00f3 en la fotograf\u00eda una forma de conocer el mundo y construir su independencia. 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