{"id":12708,"date":"2026-09-03T16:59:21","date_gmt":"2026-09-03T19:59:21","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=12708"},"modified":"2026-09-03T17:00:47","modified_gmt":"2026-09-03T20:00:47","slug":"eduardo-galeano-el-oficio-de-contar-lo-que-la-historia-dejo-afuera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=12708","title":{"rendered":"Eduardo Galeano: el oficio de contar lo que la historia dej\u00f3 afuera"},"content":{"rendered":"<p>En esta columna de hoy, cuando se cumplen 86 a\u00f1os del nacimiento de Eduardo Galeano, recorremos la vida y la obra del escritor y periodista montevideano que convirti\u00f3 la memoria de Am\u00e9rica Latina en materia literaria. Desde el periodismo de <em>Marcha<\/em> y <em>\u00c9poca<\/em> hasta <em>Las venas abiertas de Am\u00e9rica Latina<\/em>, el exilio y libros como <em>Memoria del fuego<\/em>, <em>El libro de los abrazos<\/em> y <em>El f\u00fatbol a sol y sombra<\/em>, la nota revisa una escritura que dio nombre a las ausencias, las derrotas y las esperanzas del continente.<!--more--><\/p>\n<h5>Antes del escritor, el periodista<\/h5>\n<p>Eduardo Galeano naci\u00f3 en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. Antes de ser el autor de algunos de los libros uruguayos m\u00e1s le\u00eddos y discutidos en el mundo, fue un joven que aprendi\u00f3 el oficio de mirar, preguntar y escribir en las redacciones.<\/p>\n<p>A fines de los a\u00f1os cincuenta comenz\u00f3 a trabajar en medios gr\u00e1ficos. Durante los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1960 fue secretario de redacci\u00f3n del semanario Marcha, una de las experiencias intelectuales y period\u00edsticas m\u00e1s decisivas del Uruguay. All\u00ed comparti\u00f3 tiempo y discusiones con una generaci\u00f3n que pensaba el pa\u00eds, la regi\u00f3n y sus conflictos sin separar cultura, pol\u00edtica y vida cotidiana.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde dirigi\u00f3 el diario \u00c9poca y, desde 1965, trabaj\u00f3 en la Universidad de la Rep\u00fablica: fue secretario de redacci\u00f3n de Gaceta Universitaria y responsable de su Departamento de Publicaciones. Esa formaci\u00f3n period\u00edstica nunca abandon\u00f3 su literatura. Galeano conserv\u00f3 siempre la necesidad de contar con claridad, de encontrar una escena concreta detr\u00e1s de los grandes procesos y de hacer que una pregunta llegara al lector sin rodeos.<\/p>\n<h5>Un libro para mirar de frente al continente<\/h5>\n<p>En 1971 public\u00f3 Las venas abiertas de Am\u00e9rica Latina. El libro fue editado inicialmente por la Universidad de la Rep\u00fablica y propon\u00eda una lectura de la historia continental desde la explotaci\u00f3n de sus riquezas, la dependencia econ\u00f3mica y las heridas abiertas por la conquista y los sucesivos poderes extranjeros.<\/p>\n<p>No fue un libro indiferente. Gener\u00f3 adhesiones, discusiones y objeciones; fue prohibido por las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile. Pero tambi\u00e9n encontr\u00f3 lectores en distintos pa\u00edses y se convirti\u00f3 en una referencia ineludible para varias generaciones que buscaban comprender de d\u00f3nde ven\u00edan muchas desigualdades de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>Su importancia no reside solamente en sus tesis. Est\u00e1 tambi\u00e9n en la forma: Galeano mezcl\u00f3 investigaci\u00f3n, ensayo, periodismo y una prosa de enorme intensidad narrativa. No escribi\u00f3 una historia distante, de fechas y pr\u00f3ceres inm\u00f3viles. Escribi\u00f3 una historia atravesada por la sangre, el trabajo, el saqueo y la resistencia.<\/p>\n<h5>El exilio y una memoria en fragmentos<\/h5>\n<p>El golpe de Estado de 1973 interrumpi\u00f3 brutalmente aquella vida intelectual uruguaya. Galeano fue detenido y debi\u00f3 salir del pa\u00eds. Se instal\u00f3 primero en Argentina, donde fund\u00f3 y dirigi\u00f3 la revista cultural Crisis. En 1976, tras el golpe encabezado por Jorge Rafael Videla, volvi\u00f3 a exiliarse, esta vez en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El exilio no lo alej\u00f3 de Am\u00e9rica Latina: lo llev\u00f3 a reconstruirla desde la distancia. En esos a\u00f1os escribi\u00f3 la trilog\u00eda Memoria del fuego: Los nacimientos, Las caras y las m\u00e1scaras y El siglo del viento. All\u00ed encontr\u00f3 una forma que ser\u00eda muy suya: relatos breves, escenas m\u00ednimas, voces olvidadas y episodios que, puestos uno junto a otro, construyen otra historia posible del continente.<\/p>\n<p>No se trataba de una nostalgia por una Am\u00e9rica ideal. Galeano escribi\u00f3 sobre sus violencias, sus frustraciones y sus derrotas. Pero tambi\u00e9n sobre quienes resistieron sin figurar en los monumentos ni en los manuales. Su escritura buscaba devolverles presencia.<\/p>\n<h5>El escritor de los fragmentos<\/h5>\n<p>En El libro de los abrazos, publicado en 1989, esa b\u00fasqueda alcanza una de sus expresiones m\u00e1s reconocibles. Los textos breves, entre la cr\u00f3nica, el poema y el relato, vuelven sobre las personas y las historias que el relato oficial suele dejar fuera de cuadro.<\/p>\n<p>Galeano escribi\u00f3 sobre los pobres, los pueblos originarios, las mujeres silenciadas, los trabajadores, los ni\u00f1os y los vencidos. No para convertirlos en figuras abstractas, sino para devolverles densidad humana: nombres, cuerpos, afectos, p\u00e9rdidas y esperanzas.<\/p>\n<p>Su literatura buscaba correr el foco. Mostrar que detr\u00e1s de los grandes discursos hay vidas concretas, y que la memoria no pertenece \u00fanicamente a quienes ocupan el centro de la historia.<\/p>\n<h5>El regreso a Uruguay<\/h5>\n<p>Galeano regres\u00f3 al pa\u00eds en 1985, con la recuperaci\u00f3n democr\u00e1tica. Ese mismo a\u00f1o particip\u00f3, junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro y otros integrantes de la tradici\u00f3n de Marcha, en la fundaci\u00f3n del semanario Brecha.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 al periodismo, pero ya era tambi\u00e9n un escritor de alcance continental. Sigui\u00f3 publicando libros que ampliaron sus temas y su estilo. En El f\u00fatbol a sol y sombra encontr\u00f3 en el deporte una puerta para hablar de pasi\u00f3n popular, negocios, identidad y poder. En Patas arriba revis\u00f3 las contradicciones de un mundo que presentaba como naturales muchas de sus injusticias. En Espejos y Los hijos de los d\u00edas volvi\u00f3 a la forma breve, a la cr\u00f3nica m\u00ednima y a la memoria como territorio de disputa.<\/p>\n<p>Galeano no escribi\u00f3 sobre un \u00fanico asunto. Escribi\u00f3 sobre Am\u00e9rica Latina, pero tambi\u00e9n sobre Montevideo; sobre el f\u00fatbol, pero tambi\u00e9n sobre las mujeres; sobre la pol\u00edtica, pero tambi\u00e9n sobre el deseo, la amistad y la muerte. Su obra no puede reducirse a una consigna porque fue, precisamente, una invitaci\u00f3n constante a desconfiar de las explicaciones f\u00e1ciles.<\/p>\n<h5>Una voz que no pide unanimidad<\/h5>\n<p>La vigencia de Galeano no exige convertirlo en una estatua ni aceptar sin discusi\u00f3n cada una de sus ideas. Sus libros fueron debatidos, cuestionados y admirados. Esa discusi\u00f3n tambi\u00e9n forma parte de su legado.<\/p>\n<p>Lo que permanece es su capacidad para incomodar una mirada acostumbrada a dejar cosas afuera. Galeano ense\u00f1\u00f3 que la historia no vive solamente en los archivos del poder: tambi\u00e9n habita en una canci\u00f3n, en un barrio, en una derrota deportiva, en una familia expulsada de su tierra o en una voz que nadie parec\u00eda dispuesto a escuchar.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 en Montevideo el 13 de abril de 2015, a los 74 a\u00f1os. Pero sus textos contin\u00faan circulando porque no se limitan a recordar un pasado. Preguntan, todav\u00eda, qu\u00e9 hacemos con \u00e9l.<\/p>\n<p>A 86 a\u00f1os de su nacimiento, Eduardo Galeano sigue siendo esa voz que oblig\u00f3 a mirar de nuevo. No para encontrar respuestas c\u00f3modas, sino para entender que una historia m\u00e1s justa empieza cuando nadie queda afuera del relato.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta columna de hoy, cuando se cumplen 86 a\u00f1os del nacimiento de Eduardo Galeano, recorremos la vida y la obra del escritor y periodista montevideano que convirti\u00f3 la memoria de Am\u00e9rica Latina en materia literaria. 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