{"id":12098,"date":"2026-07-28T12:43:24","date_gmt":"2026-07-28T15:43:24","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=12098"},"modified":"2026-07-28T12:43:24","modified_gmt":"2026-07-28T15:43:24","slug":"mercedes-aldaz-y-el-territorio-que-vuelve-a-mirarse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=12098","title":{"rendered":"Mercedes Aldaz y el territorio que vuelve a mirarse"},"content":{"rendered":"<p><strong>En esta nueva entrega de Memoria en im\u00e1genes, la columna que re\u00fane miradas fotogr\u00e1ficas de Latinoam\u00e9rica, nos acercamos a la obra de la maragata Mercedes Aldaz. Su recorrido va de los boliches rurales y los \u00e1lbumes familiares a la creaci\u00f3n de San Jos\u00e9 Foto y Casa Dominga. All\u00ed tambi\u00e9n impuls\u00f3 la recuperaci\u00f3n del archivo de Odesa Lagazeta, en una trayectoria donde fotografiar significa preservar, reunir y devolver.<\/strong><!--more--><\/p>\n<p>Hay im\u00e1genes que salen de un territorio para contar su historia y otras que, con el tiempo, encuentran el camino de regreso. En el recorrido de Mar\u00eda Mercedes Aldaz, ambas posibilidades forman parte de una misma manera de comprender la fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>En 2011, su serie <em>Boliches de campa\u00f1a<\/em> recorri\u00f3 antiguos comercios rurales del departamento de San Jos\u00e9. Entre ellos estaba La Polola, uno de esos lugares donde el mostrador, las paredes y los objetos acumulados durante d\u00e9cadas hablaban tanto como las personas que todav\u00eda lo habitaban. Catorce a\u00f1os despu\u00e9s, Aldaz regres\u00f3 all\u00ed con <em>Profundidad de campo<\/em>. Las fotograf\u00edas volvieron al lugar donde hab\u00edan nacido y se incorporaron nuevamente a su vida cotidiana.<\/p>\n<p>Ese regreso permite comprender una parte esencial de su obra. San Jos\u00e9 no funciona \u00fanicamente como escenario, sino como territorio afectivo: un espacio observado e interpretado desde la cercan\u00eda.<\/p>\n<p>Aldaz naci\u00f3 en San Jos\u00e9 de Mayo en 1975. Ingres\u00f3 a la Facultad de Bellas Artes en 1994 y comenz\u00f3 su formaci\u00f3n fotogr\u00e1fica en 2000 en la escuela Dimensi\u00f3n Visual, con Ana Casamayou. A\u00f1os despu\u00e9s sum\u00f3 estudios de gesti\u00f3n cultural en la Universidad Nacional de C\u00f3rdoba.<\/p>\n<p>Fotograf\u00eda y gesti\u00f3n no aparecen en su trayectoria como caminos separados. La primera le permiti\u00f3 construir una mirada sobre su entorno; la segunda, generar espacios para que las im\u00e1genes pudieran circular, ser discutidas y permanecer. Antes de dirigir un festival internacional o de crear un centro dedicado a la fotograf\u00eda, hubo una c\u00e1mara avanzando por caminos rurales y deteni\u00e9ndose frente a lugares que comenzaban a desaparecer.<\/p>\n<h5>Lo que el campo conserva<\/h5>\n<p>En <em>Boliches de campa\u00f1a<\/em>, Aldaz fotografi\u00f3 construcciones de barro con cerca de un siglo de antig\u00fcedad, transmitidas de una generaci\u00f3n a otra y convertidas en puntos de encuentro para quienes viv\u00edan en los alrededores. No busc\u00f3 presentar el campo como una geograf\u00eda pintoresca ni como una postal detenida en el tiempo. Su inter\u00e9s estaba en las relaciones que esos espacios sosten\u00edan: conversaciones, intercambios y formas de convivencia amenazadas por la transformaci\u00f3n del medio rural.<\/p>\n<p>Los boliches eran comercios, pero tambi\u00e9n lugares de reuni\u00f3n. Cuando uno cerraba no desaparec\u00eda solamente un establecimiento: se debilitaba una peque\u00f1a red social construida alrededor de \u00e9l. La c\u00e1mara de Aldaz se detuvo en esos espacios antes de que la ausencia terminara de ocuparlos.<\/p>\n<p>Esa atenci\u00f3n hacia la ruralidad continu\u00f3 en <em>Rastros Rostros<\/em>, un trabajo centrado en la presencia de las mujeres en el campo. La maqueta del fotolibro, desarrollada en 2016 durante un taller del Centro de Fotograf\u00eda de Montevideo, fue finalista en la Feria de Libros de Fotos de Autor de Argentina y posteriormente preseleccionada para el encuentro CMYK del CdF.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo establece una relaci\u00f3n entre aquello que permanece y quienes sostienen la vida de esos lugares. Los rastros aparecen en los caminos, las construcciones, los objetos y las marcas del trabajo; los rostros permiten reconocer a las mujeres que los habitan. Aldaz no las presenta como figuras simb\u00f3licas de un mundo idealizado, sino como personas concretas, atravesadas por una realidad que pocas veces ocupa el centro de la representaci\u00f3n fotogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Esa l\u00ednea encontr\u00f3 una nueva forma en <em>Profundidad de campo<\/em>, proyecto seleccionado en 2024 por el Fondo Regional para la Cultura. La expresi\u00f3n pertenece al lenguaje t\u00e9cnico de la fotograf\u00eda, pero aqu\u00ed adquiere otro sentido: decidir qu\u00e9 debe permanecer enfocado y hasta d\u00f3nde se extiende aquello que merece ser visto.<\/p>\n<p>El proyecto volvi\u00f3 a mirar a las mujeres rurales, sus tareas, sus espacios y las historias sencillas de la vida diaria. Durante 2025 circul\u00f3 por diferentes \u00e1mbitos de San Jos\u00e9 hasta regresar a La Polola mediante una instalaci\u00f3n compuesta por fotograf\u00edas, sonidos y objetos. Las im\u00e1genes dejaron de comportarse como piezas aisladas y comenzaron a relacionarse con las texturas y las voces del lugar.<\/p>\n<p>En estos trabajos aparece una preocupaci\u00f3n constante: registrar una forma de vida antes de que su transformaci\u00f3n la vuelva irreconocible. No se trata de declarar inm\u00f3vil al mundo rural ni de convertir cada cambio en una p\u00e9rdida. Se trata de comprender que ciertas desapariciones tambi\u00e9n borran relaciones, experiencias y conocimientos que dif\u00edcilmente encuentran lugar en los relatos oficiales.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de fotografiar los rastros del presente, Aldaz comenz\u00f3 a buscar las im\u00e1genes que San Jos\u00e9 hab\u00eda guardado de su pasado. De esa investigaci\u00f3n naci\u00f3 <em>\u00c1lbum Familiar Josefino<\/em>, apoyado en 2017 por el Fondo Regional para la Cultura. El proyecto reuni\u00f3 fotograf\u00edas provenientes de familias de San Jos\u00e9 de Mayo, del Museo Departamental, del Museo Virtual Juan Chabalgoity y de la colecci\u00f3n de la revista <em>Perfiles de San Jos\u00e9<\/em>.<\/p>\n<p>Observadas en conjunto, aquellas im\u00e1genes dejaron de contar solamente la historia privada de quienes las hab\u00edan conservado. Los rostros, las construcciones y las costumbres comenzaron a revelar la fisonom\u00eda de una comunidad. El trabajo de Aldaz consisti\u00f3 en cambiar su escala: rescatarlas del silencio dom\u00e9stico sin borrar su intimidad y permitir que lo particular dialogara con una memoria mayor.<\/p>\n<p>La historia de una ciudad no se encuentra \u00fanicamente en los acontecimientos solemnes ni en los retratos de sus figuras p\u00fablicas. Tambi\u00e9n permanece en fotograf\u00edas an\u00f3nimas, gestos cotidianos e im\u00e1genes realizadas sin sospechar que alg\u00fan d\u00eda se convertir\u00edan en documentos.<\/p>\n<p>Concebido inicialmente como un fanzine, <em>\u00c1lbum Familiar Josefino<\/em> se public\u00f3 en 2019 con edici\u00f3n de Aldaz y Cecilia Rivero y la participaci\u00f3n de la poeta Regina Ramos. En 2023, la obra fue seleccionada para la Ronda de Publicaciones del Festival Internacional de Fotograf\u00eda de Valpara\u00edso. Una memoria profundamente josefina encontraba as\u00ed resonancias m\u00e1s all\u00e1 de su lugar de origen.<\/p>\n<h5>Cuando la ciudad se vuelve imagen<\/h5>\n<p>La conciencia de que las im\u00e1genes necesitan espacios donde circular alcanz\u00f3 una de sus expresiones m\u00e1s ambiciosas en San Jos\u00e9 Foto. Creado por Aldaz y realizado con el apoyo y la financiaci\u00f3n de la Intendencia de San Jos\u00e9, el Festival Internacional de Fotograf\u00eda tuvo ediciones en 2014, 2016, 2018 y 2023. Su prop\u00f3sito fue descentralizar la actividad fotogr\u00e1fica, llevarla al interior de Uruguay y acercarla a personas que probablemente nunca entrar\u00edan en una sala de exposiciones.<\/p>\n<p>Durante el festival, las fotograf\u00edas abandonaron sus espacios habituales. Aparecieron en fachadas de edificios p\u00fablicos y privados, ocuparon la plaza principal y se incorporaron al recorrido cotidiano de la ciudad. No era el p\u00fablico el que deb\u00eda ir en busca de la obra: la obra sal\u00eda a su encuentro.<\/p>\n<p>San Jos\u00e9 dejaba entonces de ser solamente la sede del acontecimiento para convertirse en parte de su lenguaje. La arquitectura, las calles y la vida diaria interven\u00edan en la lectura de las im\u00e1genes. Las exposiciones se acompa\u00f1aban con conferencias, proyecciones, talleres, revisiones de portafolios, acciones educativas y una feria de publicaciones.<\/p>\n<p>La convocatoria internacional de 2023 recibi\u00f3 442 proyectos fotogr\u00e1ficos y multimedia procedentes de los cinco continentes. Entre los invitados estuvo el mexicano Yael Mart\u00ednez, asociado de Magnum Photos y autor de trabajos publicados por <em>National Geographic<\/em> y <em>The New York Times<\/em>. En su momento, San Jos\u00e9 Foto lleg\u00f3 a ser considerado entre los tres festivales fotogr\u00e1ficos m\u00e1s importantes de Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n<p>Pero un festival ocurre durante un per\u00edodo limitado. Termina la programaci\u00f3n, se desmontan las exposiciones y la ciudad recupera su ritmo habitual. La experiencia acumulada planteaba otra necesidad: disponer de un espacio que pudiera sostener durante todo el a\u00f1o aquello que el encuentro internacional activaba durante unos d\u00edas.<\/p>\n<p>Esa continuidad comenz\u00f3 a tomar forma en 2019 con Casa Dominga, espacio cultural dirigido y gestionado por Aldaz en San Jos\u00e9 de Mayo. Centro de fotograf\u00eda y audiovisual, lugar de formaci\u00f3n, exhibici\u00f3n y encuentro, Casa Dominga prolong\u00f3 cotidianamente la idea que hab\u00eda impulsado al festival. All\u00ed comenzaron a confluir talleres, proyectos editoriales, actividades comunitarias y trabajos de recuperaci\u00f3n patrimonial.<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda dej\u00f3 de ser entendida \u00fanicamente como una obra terminada para convertirse tambi\u00e9n en conversaci\u00f3n, aprendizaje y responsabilidad frente a las im\u00e1genes del pasado.<\/p>\n<h5>El archivo vuelve al presente<\/h5>\n<p>Mientras trabajaba en <em>\u00c1lbum Familiar Josefino<\/em>, una fotograf\u00eda hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n de Aldaz y abierto el camino hacia una historia mayor. Detr\u00e1s de aquella imagen aparec\u00eda Odesa Lagazeta, nacida en 1926 en una familia rural de Ca\u00f1ada Grande. Formada en la UTU de Montevideo, fund\u00f3 el estudio Foto Sol\u00eds y trabaj\u00f3 para la prensa escrita cuando el ejercicio profesional de la fotograf\u00eda estaba ocupado casi exclusivamente por hombres.<\/p>\n<p>Lagazeta colabor\u00f3 con el peri\u00f3dico josefino <em>Los Principios<\/em>, realiz\u00f3 trabajos para medios montevideanos y durante a\u00f1os fue la fot\u00f3grafa oficial del Teatro Macci\u00f3. Su c\u00e1mara registr\u00f3 acontecimientos p\u00fablicos, transformaciones urbanas, espect\u00e1culos, retratos y escenas de la vida cotidiana. Hoy es reconocida como la primera mujer fot\u00f3grafa de prensa del Uruguay.<\/p>\n<p>Desde 2019, Casa Dominga trabaja en la investigaci\u00f3n, recuperaci\u00f3n y preservaci\u00f3n de su archivo, integrado por m\u00e1s de diez mil piezas. La magnitud del conjunto demuestra que conservar no consiste solamente en reunir fotograf\u00edas antiguas. Cada imagen necesita ser observada, descrita, ordenada, digitalizada y situada dentro de una historia. Tambi\u00e9n es necesario reconocer personas y lugares, recuperar fechas y devolver contexto a aquello que el tiempo volvi\u00f3 incierto.<\/p>\n<p>El proceso se desarrolla con la participaci\u00f3n de la fot\u00f3grafa y gestora Giuliana Aguiar y la colaboraci\u00f3n de la familia de Lagazeta. La recuperaci\u00f3n deja as\u00ed de ser un acto individual para convertirse en una construcci\u00f3n colectiva, sostenida por la confianza de quienes entregan las im\u00e1genes y la responsabilidad de quienes asumen su cuidado.<\/p>\n<p>En 2024, Casa Dominga inaugur\u00f3 una sala de archivo fotogr\u00e1fico dedicada a Odesa, concebida como espacio de preservaci\u00f3n, encuentros pedag\u00f3gicos, visitas de estudiantes y digitalizaci\u00f3n de fotograf\u00edas familiares. El archivo no qued\u00f3 encerrado sobre s\u00ed mismo: comenz\u00f3 a funcionar como un lugar desde el cual otras personas pod\u00edan acercarse a la historia visual de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>El proceso alcanz\u00f3 una nueva dimensi\u00f3n p\u00fablica en 2026, al cumplirse cien a\u00f1os del nacimiento de la fot\u00f3grafa. La exposici\u00f3n <em>Odesa Lagazeta. Una pionera en su territorio<\/em>, investigada y curada por Aldaz y Aguiar, present\u00f3 una selecci\u00f3n del archivo en la fotogaler\u00eda a cielo abierto del Espacio Cultural Ignacio Espino. La muestra fue coorganizada por Casa Dominga, Intermedios Producciones y el Centro de Fotograf\u00eda de Montevideo, y declarada de inter\u00e9s ministerial por el Ministerio de Educaci\u00f3n y Cultura.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes se organizaron alrededor de tres ejes: la amistad como territorio de libertad, San Jos\u00e9 como ciudad en transformaci\u00f3n y la flor como refugio. La propuesta permiti\u00f3 acercarse a la sensibilidad de una mujer que se movi\u00f3 entre el trabajo de prensa, el estudio fotogr\u00e1fico y un universo \u00edntimo marcado por los afectos y su relaci\u00f3n con las plantas.<\/p>\n<p>Aldaz no tom\u00f3 las fotograf\u00edas de Odesa, pero hizo posible que volvieran a ser vistas. En ese gesto existe tambi\u00e9n una forma de autor\u00eda: no la que ocupa el lugar de otra mirada, sino la que la reconoce, la preserva y construye las condiciones para que pueda regresar al presente.<\/p>\n<p>Vista en conjunto, la trayectoria de Mercedes Aldaz no est\u00e1 formada por proyectos aislados. Los boliches de campa\u00f1a, las mujeres rurales, los \u00e1lbumes familiares, el festival, Casa Dominga y el archivo de Odesa Lagazeta pertenecen a una misma trama. En todos aparece la decisi\u00f3n de mirar aquello que podr\u00eda desaparecer y generar espacios para que esa memoria contin\u00fae circulando.<\/p>\n<p>Ser maragata no funciona en su obra \u00fanicamente como un dato biogr\u00e1fico. Es una posici\u00f3n desde la cual observa y act\u00faa. San Jos\u00e9 no aparece como una periferia que necesita acercarse a un centro para adquirir legitimidad, sino como un lugar capaz de producir sus propias im\u00e1genes, relatos e instituciones.<\/p>\n<p>Existe en ese recorrido una voluntad de devolver. Devolver las im\u00e1genes familiares a la comunidad que las origin\u00f3. Devolver a Odesa Lagazeta el lugar que su obra merece. Devolver las exposiciones a las calles de San Jos\u00e9 y una presencia construida desde la cercan\u00eda a las mujeres rurales.<\/p>\n<p>Esa idea conduce nuevamente a La Polola. En 2011, Mercedes Aldaz la fotografi\u00f3 como parte de <em>Boliches de campa\u00f1a<\/em>. Catorce a\u00f1os despu\u00e9s regres\u00f3 con <em>Profundidad de campo<\/em> y las im\u00e1genes encontraron un lugar entre los sonidos, los objetos y las personas del territorio que les hab\u00eda dado origen.<\/p>\n<p>Para Aldaz, la fotograf\u00eda no termina cuando se acciona el obturador ni cuando una imagen es exhibida. Contin\u00faa en las relaciones que genera, en las preguntas que deja abiertas y en la posibilidad de que otras personas se reconozcan dentro de ella.<\/p>\n<p>Porque una imagen preserva verdaderamente un territorio cuando, adem\u00e1s de mostrarlo, encuentra la manera de seguir perteneciendo a \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta nueva entrega de Memoria en im\u00e1genes, la columna que re\u00fane miradas fotogr\u00e1ficas de Latinoam\u00e9rica, nos acercamos a la obra de la maragata Mercedes Aldaz. 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