{"id":10977,"date":"2026-05-15T10:14:59","date_gmt":"2026-05-15T13:14:59","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=10977"},"modified":"2026-05-15T10:14:59","modified_gmt":"2026-05-15T13:14:59","slug":"historia-de-una-mujer-que-empezo-sin-nada-y-lo-consiguio-todo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=10977","title":{"rendered":"Historia de una mujer que empez\u00f3 sin nada y lo consigui\u00f3 todo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Mar\u00eda Esther Curbelo, Coca, nos recibe sonriendo con amabilidad y una lucidez que impresiona, haciendo referencia incluso a mi infancia. Esa memoria clara y viva se mantuvo durante toda la entrevista.<\/strong><\/p>\n<p>Por Anabela Prieto Zarza<!--more--><\/p>\n<p>Hija de Cipriano Curbelo y Manuela Figueira Laguna, nacida en 1932, esta bella mujer de 93 a\u00f1os nos cuenta su vida. Naci\u00f3 en el paraje Las Arenas y, con apenas un mes, junto a su numerosa familia, eran 11 hermanos, se trasladaron a otra zona rural: San Jos\u00e9 de R\u00edo Negro. \u201cEra una lengua entre el R\u00edo Negro y el Sarand\u00ed del R\u00edo Negro\u201d, recuerda. En aquel rancho de terr\u00f3n, con techo de paja y piso de tierra, vivi\u00f3 hasta los 12 a\u00f1os. La escolarizaci\u00f3n era dif\u00edcil: \u201c\u00cdbamos a la escuela rural cuando se pod\u00eda, de a tres en el mismo caballo\u201d.<\/p>\n<p>Con la construcci\u00f3n de la Represa de Rinc\u00f3n del Bonete, el R\u00edo Negro creci\u00f3 hasta quedar a un metro de su casa. Un 15 de julio, a las seis de la ma\u00f1ana, arriba de un cami\u00f3n prestado a su padre, partieron hacia Durazno, llegando a las nueve de la noche. Recuerda con claridad el fr\u00edo intenso: \u201cven\u00edamos muertos de fr\u00edo\u201d.<\/p>\n<p>Llegaron sin nada. Esa ni\u00f1a que en noviembre cumplir\u00eda 13 a\u00f1os, junto a su hermana Elsa, de 16, sali\u00f3 a buscar trabajo para ayudar a su madre en el sustento familiar. Fueron al Molino Caorsi. Su due\u00f1o les dijo que eran muy chicas, que no pod\u00eda emplearlas. Pero Coca, ya mostrando el car\u00e1cter que la definir\u00eda, se plant\u00f3: ten\u00edan que darles trabajo porque no ten\u00edan nada y deb\u00edan ayudar en su casa. Las contrat\u00f3 a las dos. Elsa se qued\u00f3 muchos a\u00f1os; Coca solo uno, porque tambi\u00e9n hab\u00eda solicitado trabajo en Telef\u00f3nica La Uni\u00f3n, de la familia Vilas Montero, y fue llamada. All\u00ed trabaj\u00f3 nueve a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ese car\u00e1cter firme y su af\u00e1n de superaci\u00f3n la llevaron a tomar decisiones poco comunes para la \u00e9poca, en la que la gente sol\u00eda permanecer toda la vida en un mismo empleo. Se fue a Montevideo, a la casa de una t\u00eda, a trabajar en una textil. En Durazno ganaba 14 pesos; en la capital, 40. Pod\u00eda enviar m\u00e1s dinero a su madre, que no pod\u00eda trabajar debido a que uno de sus hijos requer\u00eda atenci\u00f3n permanente por su discapacidad.<\/p>\n<p>Un \u201cse\u00f1or\u201d que Coca hab\u00eda conocido a los 14 a\u00f1os, y que hab\u00eda descartado porque sab\u00eda que ten\u00eda otra relaci\u00f3n, le envi\u00f3 una carta a Montevideo a trav\u00e9s de un empleado de ONDA. En ella le preguntaba si su ida a la capital se deb\u00eda a alg\u00fan interesado. Ella respondi\u00f3 con firmeza, en la misma carta: \u201cel que tiene una interesada eres t\u00fa, chau\u201d.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas, a las dos de la tarde, golpearon la puerta en la casa de su t\u00eda. Era \u00e9l. Hab\u00eda viajado para verla porque quer\u00eda \u201carreglarse\u201d. Coca no quer\u00eda saber nada, pero \u00e9l insisti\u00f3: su intenci\u00f3n era casarse.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como regres\u00f3, y el 30 de diciembre se casaron. Ese hombre fue su compa\u00f1ero de vida durante 54 a\u00f1os: Juan Manuel Maisonave Curbelo. \u201cCurbelo tambi\u00e9n, pero no somos nada\u201d, acota con humor.<\/p>\n<p>Tuvieron tres hijos: Diana, Adriana y Manuel Marcelo. Coca es abuela de Andreina e Ignacio, hijos de Diana; Isabel de Adriana y Camila de Marcel, y bisabuela de Candelaria, hija de Nacho.<\/p>\n<p>Junto a su esposo gestionaron su carnicer\u00eda, ubicada en Rivera y Herrera. Coca se encargaba de la caja, las cobranzas y toda la parte administrativa, pero tambi\u00e9n hac\u00eda chorizos y limpiaba el local y las herramientas. A esto se sumaban las tareas del hogar: cocinar, limpiar, criar a los hijos y llevarlos a la escuela.<\/p>\n<p>En determinado momento surgi\u00f3 la posibilidad de instalar una zapater\u00eda: \u201cMaisonave Creaciones\u201d, en 18 de Julio, casi Zorrilla. No sabe c\u00f3mo se convirti\u00f3 en empresaria ni c\u00f3mo pudo con todo: ser madre y sostener su casa. El negocio prosper\u00f3 durante diez a\u00f1os, hasta que decidi\u00f3 venderlo.<\/p>\n<p>En 1976 cerr\u00f3 la zapater\u00eda; en enero la vendi\u00f3, y en 1977 se instalaron nuevamente con la carnicer\u00eda en el local contiguo a su casa, en 19 de Abril, donde vive hasta hoy.<\/p>\n<p>Pero la familia, inquieta y audaz para la \u00e9poca, con visi\u00f3n empresarial, fue por m\u00e1s. En 18 de Julio y Penza, en el local de la ex Tienda La Palma, funcionaba una oficina dependiente del Banco Central. Se hizo un llamado a licitaci\u00f3n para su explotaci\u00f3n que se suspendi\u00f3 tres veces. En la cuarta oportunidad se presentaron tres oferentes: Zerpa, Carlitos N\u00fa\u00f1ez y Maisonave.<\/p>\n<p>Presentaron la propuesta y esperaron. Un d\u00eda, Coca recibi\u00f3 una llamada del banco: Hugo Despaux les informaba que hab\u00edan ganado. Cuenta en broma que \u201cgan\u00f3 el m\u00e1s pudiente\u201d, porque ofrecieron unos pesos m\u00e1s.<\/p>\n<p>La idea era abrir \u201cLa Palma\u201d, un lugar que marcar\u00eda una \u00e9poca para muchas generaciones. No sab\u00edan bien qu\u00e9 hacer, pero como Coca hab\u00eda vendido la zapater\u00eda, contaban con recursos para arreglar el edificio, ampliar ventanas y realizar mejoras. Dentro hab\u00eda documentaci\u00f3n bancaria que se quem\u00f3 por completo. Trabajaron con la meta de abrir el 12 de octubre, pero no llegaron.<\/p>\n<p>Finalmente, el 20 de diciembre de 1979, a las nueve de la noche, despu\u00e9s de una jornada de trabajo incluso arreglando plantas, Coca fue a su casa a ba\u00f1arse, se arregl\u00f3 el cabello con ayuda de una vecina peluquera, y a las diez ya estaba de regreso en el local. Despegaron los papeles de las ventanas y abrieron las puertas.<\/p>\n<p>No invitaron a nadie ni avisaron. Fue un \u00e9xito total: mesas llenas adentro y afuera.<\/p>\n<p>Dentro de La Palma funcionaba un kiosco atendido por Gladys Rodr\u00edguez, que muchas veces iba con su hija Silvita, de cinco a\u00f1os. Cuando Coca y Maisonave sal\u00edan a hacer mandados, la llevaban con ellos. Las vueltas de la vida: esa ni\u00f1a es hoy la pareja de Marcelo.<\/p>\n<p>En La Palma, Coca hac\u00eda de todo. \u201cEra todo casero\u201d, cuenta con orgullo. Sin formaci\u00f3n en gastronom\u00eda, pero con libros y dedicaci\u00f3n, elaboraba postres famosos: bud\u00edn de coco, flan, delicias de durazno, frutilla y anan\u00e1, gateaux de chocolate, milhojas, palmitas y rosquitas de membrillo. Tambi\u00e9n las pastas: si se terminaban los tallarines, \u00f1oquis o canelones, se hac\u00edan m\u00e1s en el momento.<\/p>\n<p>Entraba a las cinco de la ma\u00f1ana, trabajaba hasta las seis y media de la tarde, lavaba manteles, se ba\u00f1aba, descansaba si pod\u00eda, y a las siete y media volv\u00eda al local hasta la una de la ma\u00f1ana. \u201cC\u00f3mo aguant\u00e9, no s\u00e9\u201d, dice.<\/p>\n<p>Hace una menci\u00f3n especial a todos los colaboradores: mozos, pizzero, ayudantes de cocina. \u201cNo \u00e9ramos patrones y empleados, \u00e9ramos una gran familia\u201d.<\/p>\n<p>Recuerda una gran reuni\u00f3n de productores rurales en el estadio: atendieron a m\u00e1s de mil personas durante dos d\u00edas intensos. Durazno estaba colmado de gente, y no pararon de trabajar.<\/p>\n<p>Tuvieron La Palma durante diez a\u00f1os. Luego continuaron con la carnicer\u00eda hasta jubilarse.<\/p>\n<p>Hoy teje, hace crochet, se ocupa de la casa y cocina, aunque a veces no tenga ganas. Tiene una huerta, plantas, una gata llamada Nala que duerme a los pies de su cama, y dos perros que, aunque son de su nieta Camila, forman parte de su vida cotidiana.<\/p>\n<p>Se considera feliz. \u201cLuch\u00e9 para tener la casa y la compr\u00e9 cuando estaba en la zapater\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Al preguntarle si le quedan sue\u00f1os, mueve sus ojos vivaces y responde: \u201cpintar la casa, porque con la jubilaci\u00f3n no es tan f\u00e1cil\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed, con sencillez, se presenta una mujer que hizo de todo: emprendi\u00f3 con esfuerzo, sostuvo una familia, concret\u00f3 proyectos y cumpli\u00f3 sus sue\u00f1os. Relata su vida con alegr\u00eda y serenidad, como si salir adelante fuera natural. Y quiz\u00e1s lo fue, porque siempre estuvo acompa\u00f1ada de esa calma firme y esa determinaci\u00f3n silenciosa que la definen.<\/p>\n<p>Cree que hoy se escucha poco a los mayores. \u201cLa respuesta f\u00e1cil es \u2018eso es de otros tiempos\u2019\u201d, dice. Recuerda que antes se ense\u00f1aba todo: limpiar, cocinar, tejer. Ella misma hizo su ajuar, bord\u00f3 sus s\u00e1banas. \u201cHoy los padres no ense\u00f1an a sus hijos ni les dejan pasar trabajo, no los preparan para la vida\u201d. Destaca, con orgullo, que su nieta Camila, que vive con ella desde hace 15 a\u00f1os y es maestra, aprendi\u00f3 de todo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Esther Curbelo, Coca, nos recibe sonriendo con amabilidad y una lucidez que impresiona, haciendo referencia incluso a mi infancia. Esa memoria clara y viva se mantuvo durante toda la entrevista. 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