{"id":10436,"date":"2026-04-10T09:59:17","date_gmt":"2026-04-10T12:59:17","guid":{"rendered":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=10436"},"modified":"2026-04-10T09:59:17","modified_gmt":"2026-04-10T12:59:17","slug":"todo-en-su-vida-lo-decidio-el-destino-excepto-migrar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/paginacero.com.uy\/?p=10436","title":{"rendered":"Todo en su vida lo decidi\u00f3 el destino, excepto migrar"},"content":{"rendered":"<p><strong>Erika Karina Rojas Gir\u00f3n est\u00e1 a punto de cumplir 43 a\u00f1os. Naci\u00f3 en San Fernando, estado de Apure, en Venezuela. Es hija de Jos\u00e9 Gregorio Rojas Herrera y Maritza Josefina Gir\u00f3n de Rojas, y hermana mayor de Mar\u00eda Luisa. Su familia contin\u00faa viviendo all\u00ed, en la tierra que la vio crecer.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por Anabela Prieto Zarza<\/strong><!--more--><\/p>\n<p>Est\u00e1 casada con Iv\u00e1n Leonardo Agrinzones y es la orgullosa mam\u00e1 de Laireth, estudiante de Relaciones Internacionales en la Udelar. Los tres comparten el mismo origen venezolano y una historia marcada por decisiones dif\u00edciles, pero tambi\u00e9n por esperanza.<\/p>\n<p>En su ciudad natal curs\u00f3 la educaci\u00f3n b\u00e1sica, secundaria y el bachillerato en Ciencias. Comenz\u00f3 la universidad inclin\u00e1ndose por Relaciones Industriales, pero la vida le ten\u00eda preparado otro camino. Mientras estudiaba lejos de su casa sufri\u00f3 un dengue hemorr\u00e1gico que la oblig\u00f3 a regresar. Fue un golpe fuerte, pero tambi\u00e9n un punto de inflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Decidi\u00f3 entonces estudiar Administraci\u00f3n de Empresas. Su mam\u00e1 era Licenciada en Enfermer\u00eda, aunque Erika nunca imagin\u00f3 que esa profesi\u00f3n pudiera formar parte de su destino. Sin embargo, en ese mismo tiempo su padre tuvo un problema serio de presi\u00f3n arterial y ella se vio enfrentada a la necesidad de aprender sobre cuidados de salud.<\/p>\n<p>Cuando se inscrib\u00eda para estudiar Administraci\u00f3n, apareci\u00f3 la oportunidad de hacer un curso de enfermer\u00eda. Lo tom\u00f3 casi sin pensarlo y se entreg\u00f3 de lleno al estudio. Mientras avanzaba en la carrera, su madre comenz\u00f3 a hacerle una pregunta que con el tiempo cobrar\u00eda sentido:<br \/>\n\u201c\u00bfNo ser\u00e1 que te gusta la enfermer\u00eda?\u201d<\/p>\n<p>La respuesta lleg\u00f3 sola. La llamaron para trabajar por tres meses. Despu\u00e9s vinieron los turnos rotativos, el estudio de noche y m\u00e1s trabajo. Y sin darse cuenta, se fue enamorando de la profesi\u00f3n: del servicio, de cuidar, de acompa\u00f1ar a las personas en momentos vulnerables.<\/p>\n<p>A los 21 a\u00f1os se recibi\u00f3 de t\u00e9cnica en enfermer\u00eda y a los 23 de licenciada. M\u00e1s adelante realiz\u00f3 una especializaci\u00f3n en nefrolog\u00eda y di\u00e1lisis en el Hospital Militar de Caracas.<\/p>\n<p>Erika lo dice con una sonrisa: \u201cDe alguna manera, el destino fue definiendo muchas cosas en mi vida\u201d.<\/p>\n<p>Y no exagera. Un d\u00eda, mientras iba en el coche escuchando la radio junto a su esposo, oyeron un anuncio sobre un curso de locuci\u00f3n. Iv\u00e1n le dijo algo simple, pero decisivo:<br \/>\n\u201c\u00bfPor qu\u00e9 no te inscribes? T\u00fa hablas lindo\u201d.<\/p>\n<p>Ese comentario abri\u00f3 otra puerta. Se anot\u00f3 en el curso y m\u00e1s tarde comenz\u00f3 a estudiar Comunicaci\u00f3n. Como no pod\u00eda viajar constantemente a Caracas, termin\u00f3 la carrera de forma semipresencial. As\u00ed fue sumando otra pasi\u00f3n a su vida: la radio.<\/p>\n<p>Pero la vida en Venezuela se hac\u00eda cada vez m\u00e1s dif\u00edcil. \u201cTen\u00edamos la soga al cuello. La hab\u00edamos estirado todo lo posible. Me hab\u00eda reinventado muchas veces. Trabaj\u00e1bamos todo el d\u00eda y est\u00e1bamos casi siempre fuera de casa. La educaci\u00f3n p\u00fablica se hab\u00eda deteriorado y hac\u00edamos un esfuerzo enorme para pagar un colegio privado para nuestra hija\u201d.<\/p>\n<p>Ese esfuerzo implicaba renunciar a muchas cosas, incluso a la alimentaci\u00f3n que hubieran querido tener. Recuerda que durante meses comieron pr\u00e1cticamente lo mismo. Las arepas de la cena empezaron a desaparecer de la mesa.<\/p>\n<p>Desde su programa de radio buscaba soluciones como pod\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cConsegu\u00eda canjes con comercios para que mi ni\u00f1a no perdiera la ilusi\u00f3n de recibir regalos de Navidad. Cambiaba publicidad por zapatos, ropa o abrigo\u201d.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n empeor\u00f3 cuando se cerr\u00f3 el puente con Colombia, por donde llegaban alimentos. \u201cLloraba sola en la cocina, cuando nadie me ve\u00eda. Buscaba alternativas\u201d.<\/p>\n<p>Hasta que un d\u00eda lo dijo en voz alta: \u201cEn noviembre de 2021 le dije a mi esposo: el a\u00f1o que viene nos vamos\u201d.<\/p>\n<p>Uruguay apareci\u00f3 como una posibilidad concreta, despu\u00e9s de descartar otras opciones. Iv\u00e1n ten\u00eda una prima viviendo en Trinidad, departamento de Flores. Ella es m\u00e9dica en ASSE y su esposo m\u00e9dico internista. Sab\u00edan que all\u00ed podr\u00edan encontrar algo fundamental: estabilidad, educaci\u00f3n para su hija y oportunidades para progresar.<\/p>\n<p>Aunque primero tuvieron que hacer algo muy simple: mirar un mapa para ubicar el pa\u00eds. Investigaron todo sobre Uruguay. Todo, menos una cosa que nadie les hab\u00eda advertido. \u201cLo \u00fanico a lo que todav\u00eda no logro adaptarme, dice entre risas, es al fr\u00edo del invierno\u201d.<\/p>\n<p>Su primer destino fue Trinidad. All\u00ed Erika comenz\u00f3 a trabajar en Canal 8, en el informativo de la noche, mientras ambos avanzaban con la revalidaci\u00f3n de sus t\u00edtulos. Iv\u00e1n tambi\u00e9n es licenciado en enfermer\u00eda.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los dos empezaron a trabajar como acompa\u00f1antes de enfermos en la empresa Vida. Ese trabajo no solo les permiti\u00f3 generar ingresos, sino tambi\u00e9n conocer desde adentro c\u00f3mo funcionaba el sistema de salud en Uruguay.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s comenzaron a cuidar personas a domicilio. Y el boca a boca hizo lo suyo. \u201cHay unos venezolanos que cuidan y curan en domicilio\u201d, dec\u00edan. Las llamadas empezaron a multiplicarse.<\/p>\n<p>Erika recuerda especialmente a una abuelita que se encari\u00f1\u00f3 profundamente con Iv\u00e1n. Al principio la familia dudaba si la se\u00f1ora se adaptar\u00eda a que un hombre la cuidara, pero con el tiempo no s\u00f3lo que lo esperaba con alegr\u00eda, sino que reclamaba por \u00e9l. Incluso aprendi\u00f3 a disfrutar de la comida venezolana.<\/p>\n<p>Cuando finalmente los t\u00edtulos estuvieron revalidados, apareci\u00f3 un llamado laboral en CAMEDUR. Ten\u00eda una condici\u00f3n: deb\u00edan mudarse a Durazno.<\/p>\n<p>En la entrevista, Erika fue directa. \u201cQueremos trabajar, pero no podemos dejar lo poco que tenemos en Trinidad si esto no es seguro. Si ustedes nos aseguran el trabajo, tendr\u00e1n exclusividad y dedicaci\u00f3n total de nuestra parte\u201d.<\/p>\n<p>A las 72 horas recibieron la confirmaci\u00f3n. Desde hace cuatro a\u00f1os, ambos trabajan en CAMEDUR.<\/p>\n<p>Pero Erika no quer\u00eda perder lo que tambi\u00e9n era parte de su identidad: la radio. Necesitaba que su vida en Uruguay tuviera algo de la normalidad que hab\u00eda dejado atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Por eso empez\u00f3 a buscar espacio en medios de comunicaci\u00f3n. En una radio le ofrecieron hacer suplencias, pero prefiri\u00f3 esperar por su espacio. Ella quer\u00eda su propio programa. Y lo consigui\u00f3. Le dieron el espacio<\/p>\n<p><strong>\u201cNuestras primeras horas\u201d<\/strong>, que se emite de lunes a viernes de 7 a 9 de la ma\u00f1ana, y los domingos de 10 a 13 horas con <strong>\u201cLa peatonal de la m\u00fasica\u201d<\/strong>.<\/p>\n<p>Cuando llegaron a Uruguay, libraron una dura batalla con la adaptaci\u00f3n de su hija. Para Laivreth no fue f\u00e1cil. Al principio casi no sal\u00eda de su dormitorio. Hab\u00eda dejado amigos, costumbres, su pa\u00eds, justo en plena adolescencia. Pero una vez m\u00e1s, algo inesperado cambi\u00f3 la historia.<\/p>\n<p>La m\u00fasica. Desde peque\u00f1a hab\u00eda estudiado ballet por recomendaci\u00f3n m\u00e9dica. Primero ballet cl\u00e1sico, luego danza contempor\u00e1nea, salsa, bachata y ritmos latinos. Bailar siempre fue parte de su vida. Un d\u00eda, en Trinidad, escuch\u00f3 tambores desde la ventana de su habitaci\u00f3n y le pidi\u00f3 a su madre que la acompa\u00f1ara a ver qu\u00e9 pasaba. Era una academia de candombe que ensayaba. Se acerc\u00f3, habl\u00f3 con la profesora del cuerpo de baile y comenz\u00f3 a bailar candombe.<\/p>\n<p>Desde entonces no par\u00f3. Hoy integra la primera fila de Kimbund\u00fa, particip\u00f3 en Afroc\u00e1n, baila en La Jacinta en Montevideo y tambi\u00e9n en la Nueva Escuela.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, tras haber sido Miss Internacional en Uruguay cuando llegaron al pa\u00eds, hoy da clases de pasarela mientras contin\u00faa estudiando.<\/p>\n<p>Mirando hacia atr\u00e1s, Erika siente que el proceso de adaptaci\u00f3n fue un aprendizaje profundo para los tres. \u201cNos enfrentamos a muchos miedos. Integrarse a un pa\u00eds nuevo, con libertades para lo bueno y tambi\u00e9n para lo malo, no es sencillo. Pero criamos a nuestra hija con valores s\u00f3lidos y confianza en s\u00ed misma\u201d.<\/p>\n<p>Por eso afirma algo que resume su historia: \u201cEl venezolano es del tama\u00f1o del compromiso que se le presenta\u201d.<\/p>\n<p>Hoy Erika dice que le gusta Durazno. Le gusta saber que cuando se acuesta puede dormir tranquila. Su hija vive en Montevideo y a veces vuelve los fines de semana. Su esposo trabaja de noche. Ella aprendi\u00f3 a disfrutar de un buen vino, de ver una pel\u00edcula, de hacer deporte, algo que practica desde ni\u00f1a. Tambi\u00e9n le gusta cantar y escribe poemas.<\/p>\n<p>En abril de 2025 volvi\u00f3 a Venezuela. Fue un viaje cargado de emociones. Ver su casa, recordar todo lo que hab\u00edan vivido, que se hab\u00eda tenido que ir. \u201cLlor\u00e9 mucho\u201d, confiesa, \u201cpero mirar a los ojos a mis viejos, volverlos a ver, \u00a1me nutri\u00f3 el alma! \u00a1Fue como una recarga para continuar!\u201d.<\/p>\n<p>Pero no se arrepiente. Viven bien. Han logrado cubrir sus necesidades, tener su coche, pagar los estudios de su hija y ayudar a sus familias en Venezuela. En Durazno se siente acompa\u00f1ada, incluida y querida.<\/p>\n<p>Y cada d\u00eda hace la misma oraci\u00f3n. \u201cLe pido a Dios, con quien tengo una conexi\u00f3n muy especial que, si es su voluntad que me quede en este pa\u00eds, me permita tener un hogar propio y que alg\u00fan d\u00eda mis padres puedan venir las veces que quieran\u201d. No cree ser una persona ambiciosa. Solo quiere vivir con dignidad, salud y cierta tranquilidad.<\/p>\n<p>Tiene un sue\u00f1o propio que no le pertenece: \u201cVer a mi hija graduarse y que mis padres puedan estar aqu\u00ed para verla\u201d.<\/p>\n<p>Porque, como ella misma reflexiona, criar a los hijos con seguridad, valores e identidad es lo que les permite enfrentar la vida, tomar decisiones y aprender incluso de los errores.<\/p>\n<p>Y lo resume en una frase que parece atravesar toda su historia: \u201cLa personalidad del individuo, cuando se forma dentro de los valores del hogar, es inviolable e inquebrantable\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Erika Karina Rojas Gir\u00f3n est\u00e1 a punto de cumplir 43 a\u00f1os. Naci\u00f3 en San Fernando, estado de Apure, en Venezuela. Es hija de Jos\u00e9 Gregorio Rojas Herrera y Maritza Josefina Gir\u00f3n de Rojas, y hermana mayor de Mar\u00eda Luisa. 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